Los economistas mediáticos y su aporte a la confusión

Por Juan Valerdi.

«Los países que tienen éxito son aquellos que son suficientemente flexibles para aprender de sus experiencias y que no son capturados por grupos cuyos intereses son extremadamente opuestos con aquellos del país como un todo»  Extraído del libro «Falsa Economía» de A. Beattie. (Traducción Juan Valerdi)

Cuando la economía de un país está complicada los medios masivos de comunicación llaman a los economistas y convierten a muchos de ellos en vedettes permanentes de la prensa gráfica y sobretodo de la caja boba. Como la economía argentina tiene muy breves y esporádicos períodos de tranquilidad, el selecto gremio de «econo-mediáticos» ha tenido una presencia protagónica casi permanente en todos los medios de comunicación en las últimas décadas de historia económica argentina. Pero si bien el sentido común indicaría que estos profesionales deberían ser llamados a exponer para ayudar a la población a entender mejor la realidad económica, las medidas que se toman o las alternativas que se abren a futuro, la realidad es bien distinta cuando se analiza el contenido de las declaraciones que los economistas de mayor presencia hacen en sus apariciones en TV, radio, medios gráficos o redes sociales. No voy a analizar todos los estilos e intenciones de estos personajes pero hablaré de un par de ellos.

Lo primero que se puede notar es que hay dos grupos bien diferenciados, los que tratan de informar o de compensar la (des)información que abunda y los que quieren operar, de algunos de estos últimos hablaré hoy.

Los «operadores» funcionan muchas veces en tándem con periodistas que cumplen el mismo rol pero que, en general, o tienen dificultades para hilar dos frases o ideas juntas o son perezosos o no quieren jugarse porque mañana podrían necesitar operar en sentido contrario y conocer el poder del archivo, así que se preservan. Obviamente la mayoría de los operadores están auspiciados, pero la fuente de fondos, cargos (presentes o futuros) casi nunca es pública o siquiera admitida, sorprendería ver lo ingeniosos que son algunos supuestos economistas neutrales que tienen sponsors poderosos y que encuentran formas de ser pagados por sus «servicios» de modo tan rebuscado e indirecto que costaría mucho encontrar el vínculo y sería prácticamente imposible. Este tipo de operadores muchas veces necesita aplicar ese ingenio al sponsoreo porque aspira a ser electo para cargos importantes en el poder ejecutivo por parte de políticos y alianzas que incluso pueden tener intereses muy conflictivos con los auspiciantes de su futuro funcionario. Sin ir más lejos, uno de los grandes popes de la energía argentina apoya muy generosamente a un economista que ha tenido momentos de alta exposición mediática y ahora está dedicado con agenda cargada a dar conferencias muy bien pagas en dólares, en lugares que le deben favores a ese empresario o que son auspiciados de modo directo por sus empresas. Este grupo de economistas es muy selecto, una especie de podio de mercenarios y es que más repulsión me genera porque en algún momento eligieron el camino de priorizarse a sí mismos sobre la gente y como dijo San Agustín «La historia de la humanidad es la de la lucha entre el amor a sí mismo y el amor al prójimo».

Hay otro tipo de economistas operadores que no tienen un auspicio directo o un padrino económico personal sino que forman parte de «centros de pensamiento» (think tanks) donde muchas veces lo que más escasea es justamente ese ejercicio y se limitan a estudiar manuales de recetas difundidas en las usinas de la potencia dominante (USA en general, por ahora…). Muchos de estos «ejemplares» llegan incluso a la triste situación de creerse esas recetas y tragarse las medidas que pregonan como si no fueran pre-cocidas e indigestas cual medialuna de cadena multinacional de café. Este grupo puede estar en «ONGs» o fundaciones que tienen aportes importantes de otras seudo «ONGs» internacionales y que muchas veces son cuevas para guardar funcionarios de eventuales gobiernos al servicio de terceros países, una especie de caballos de troya económicos, pero la mayoría de este grupo se contenta con migajas representadas por viajes a dar charlas a otras «ONGs» que están en el mismo circo y la aspiración a sentarse en las mesas de «debate» que armar los grandes organismos internacionales para simular que escuchan a los «representantes del pensamiento económico» de los países que seguro van a perder con las decisiones tomadas en esos selectos clubs. Este grupo me genera más pena que enojo, en general son pobres tipos que necesitan fama para compensar miserias personales y con la plata no les alcanzaría. Para estos una frase a su altura (escasa) «El que nace para pito nunca llega a corneta.» Desconozco su autor.

El tercer y último grupo de economistas mediáticos del que me ocuparé hoy podrían denominarse «operadores auto-auspiciados«, entre éstos tenemos a los que necesitan figurar en los medios para hacer publicidad de un producto a vender, «ellos mismos» o mejor dichos sus conferencias, consejos, informes, asesoramientos, etc. Estos personajes son muy estables en el tiempo ya que no suelen casarse mucho con nadie porque también le temen al archivo y porque no quieren acotar su cartera de clientes potenciales. En este caso las apariciones mediáticas por TV o escritas pueden incluso ser pagadas por los auto-auspiciados como una especie de «gasto publicitario» o en muchos casos formar parte de paneles de «opinantes» semi-permanentes sin sueldo. Si bien este conjunto es en parte mercenario, aunque mucho menos que los del podio, son personajes que causan más daño por su perseverancia mediática y su supuesto saber consolidado que por su vehemencia en defender una posición ideológica de modo oculto o explícito. Este grupo no me inspira tanto enojo ni repulsa pero sí mucho cuidado por su impacto. Para ellos la frase que mejor cabe pertenece al padrino protagonista en la famosa novela de Mario Puzo homónima: «Es solo negocio