Los desafíos económicos de la pandemia

Por Delfina Rossi.

Durante los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri, la economía argentina sufrió en más de un sentido, y las MiPyMes (micro, pequeñas y medianas empresas) fueron unas de las principales perjudicadas de dicho proceso.

Las MiPyMes tuvieron que sostenerse frente a un aumento de costos y una caída de la demanda.  Las políticas de ajuste, y de secar la plaza, «vaciaron los bolsillos» de los consumidores. Los tarifazos energéticos consolidaban este ajuste, porque cuando Prat Gay decía que “el aumento de la luz eran dos pizzas», omitía decir que eso significaba la compra de dos pizzas menos por mes por cliente en todas las pizzerías de barrio. Y ese mismo tarifazo impactaba de lleno a comercios y empresas, sin contar con la apertura indiscriminada de las importaciones. Es decir: menos demanda, mayores costes, y el incremento de los costos productos de devaluaciones masivas por el descontrol en el frente externo.

En paralelo, el gobierno de Macri emprendió el ciclo de endeudamiento más rápido de la historia argentina. Luego de pagar a los fondos buitre, comenzó un festival de emisión de bonos que le permitió repartir dólares prestados y cumplir (por unos años) su promesa de levantar el control de cambios. Pero la bicicleta financiera y la apertura de capitales siempre resulta insostenible, y esto llevó a Macri a defaultear su propia deuda, algo inédito, y a recurrir nuevamente al Fondo Monetario Internacional, del que en 2005 nos habíamos liberado gracias a Néstor Kirchner.

Fue en este escenario de desastre que asumió el gobierno de Alberto Fernández. El Frente de Todos empezó a implementar un programa económico que busca poner el endeudamiento externo en una senda de sustentabilidad, y al mismo tiempo llegar a los acuerdos sociales necesarios para recomponer la producción y el trabajo nacional. Y justo antes de que se cumplieran tres meses de su asunción, el nuevo coronavirus llegó a la Argentina y los desafíos se multiplicaron.

La irrupción de la actual pandemia, la peor en más de 100 años, ha causado la mayor crisis global en más de medio siglo. Esto significa un desafío para la economía del mundo. El capitalismo se basa en la circulación de bienes y de personas, y hoy cuidarnos del coronavirus impide que se mantenga esa circulación. Esto ha tenido impacto en todo el mundo, aunque depende mucho de las políticas locales el modo en el que la población sufre ese impacto. En Estados Unidos, por ejemplo, el desempleo, ha llegado a niveles récord. En Argentina, las medidas combinadas de prohibición de los despidos, asistencia a empresas para el pago de salarios, ingreso de emergencia a los sectores más desfavorecidos, etc., están logrando mitigar, al menos parcialmente, el impacto de la crisis. Es fundamental que nuestras MiPymes sobrevivan, porque luego de la pandemia serán parte esencial del motor de la reactivación.

Está claro que una Argentina sin crisis económica, con mayor igualdad, sin deuda externa, con mayor nivel de agregación de valor en sus cadenas de valor, con mejores niveles de formalidad laboral y salarios mas elevados, estaría en una mejor situación a la hora de afrontar la pandemia. Sin embargo, lejos estamos de esa realidad. Pero también estamos frente una Argentina que sigue conservando elementos fuertes de institucionalidad, de corporativismo, de estado del bienestar, que permite poner muchos parches para salvarnos del coronavirus, muchos mas que otros países de la región, por ejemplo.

Decía más arriba que el freno general a la actividad, a nivel mundial, impide la circulación de bienes y personas que el capitalismo necesita. A pesar te todo lo malo, lo positivo es que esta situación nos permite pensar otras formas de organización. Ya no todo puede pasar por el mercado. Pensemos en el estado presente organizando la cotidianeidad, en la necesidad de decomodificar (sacar del mercado) a la salud, a la alimentación, a la educación. Pensemos en la necesidad de redistribuir efectivamente la riqueza. Es tiempo de innovar, es tiempo de crear una organización económica que sea menos vulnerable a eventos como la actual pandemia, y, sobre todo, que tenga la justicia social en su ADN.  Como dijo Alberto Fernández, debemos unirnos para hacer un mundo más justo.