Los desafíos de los trabajadores en un 1º de Mayo de pandemia

Por Gabriel Solano.

El elemento distintivo de este 1º Mayo en la Argentina y en el mundo es la propagación de la pandemia declarada por el avance del coronavirus a la inmensa mayoría de los países. Las principales economías están registrando caídas de proporciones inauditas, solo comparables a las ocurridas en la crisis del ‘30. Las tendencias recesivas, claramente instaladas previos a la propagación del virus, ahora han dado lugar a una depresión económica, que se caracteriza por la destrucción masiva de capitales, el cierre de empresas y la desocupación masiva. Muchos debates teóricos desarrollados dentro de la economía política se han resuelto por vía experimental. La cuarentena o las restricciones parciales a la producción dictadas en muchos países imposibilitaron la presencia de la clase obrera en las fábricas, dejando expresamente claro que ella es la única fuente de creación de valor. La imposibilidad de continuar con el proceso de explotación de la fuerza de trabajo produjo que la recesión previa mutara, como ya señalamos, a una depresión económica.

Contra lo que dicen muchos, la pandemia no ha creado un marco de “unidad nacional” en los países sino que ha agudizado las tensiones sociales y la lucha de clases. El norte de Italia, cuna de la burguesía industrial, fue necesario que los obreros recurran a las huelgas para imponer una parálisis de la producción ante la presión patronal por continuar sin alteraciones el funcionamiento normal de sus fábricas. En el mismo sentido ha actuado Trump en los EEUU, convirtiendo al país del norte en el que registra la mayor cantidad de contagios y de muertes. Más cerca nuestro, en Brasil, Bolsonaro también presiona para mantener las fábricas abiertas a sabiendas de que eso corre puede derivar en un salto incontrolable de la enfermedad.

Para la clase capitalista la crisis agudizada por la pandemia debe ser descargada integralmente sobre las espaldas de los trabajadores. Otra vez EEUU es la muestra más evidente de ello. En solo un par de semanas de una restricción parcial de la producción, los despidos han pegado un salto gigantesco, condenando a la desocupación a casi 20 millones de trabajadores. Los pronósticos que elaboran el FMI y el Banco Mundial no son para nada halagüeños. Prevén una caída económica generalizada y un crecimiento de la desocupación y la pobreza en todo el mundo. Los capitalistas aprovechan estas circunstancias para avanzar sobre las conquistas obreras obtenidas en siglos de lucha. La propia jornada de 8 horas, que motivó la convocatoria de la acción del 1º de Mayo en 1890, está siendo arrasada bajo la presión de las reformas laborales en distintos países. En Francia, por ejemplo, ya antes de la declaración de la pandemia, se desarrollaba un proceso de huelga general contra el intento de su presidente Macrón de imponer a los obreros franceses una reforma laboral y previsional de cuño claramente reaccionario.

Nuestro país no está al margen de esta situación general. Lo saben perfectamente los trabajadores argentinos, que acaban de ver como un acuerdo entre la Unión Industrial, la CGT y el gobierno nacional le quita el 25% del salario. Esta reducción nominal del salario se suma, claro, a la reducción más sutil pero no por eso menos dura que produce la inflación. El aval abierto del gobierno a esta medida termina de enterrar el DNU del presidente Alberto Fernández, que planteaba la defensa de la integralidad del salario y la prohibición de los despidos. En relación a este último punto es necesario aclarar que el DNU nació muerto desde el primer día. Fue motivado por los despidos anunciados por el Grupo Techint, que finalmente impuso, con el acuerdo de la UOCRA y la homologación correspondiente del Ministerio de Trabajo.

Al igual que en el resto de los países, la pandemia y la cuarentena está siendo usada por los patrones ´nacionales´ para avanzar en una reforma laboral de hecho –como la definió un columnista estrella del diario La Nación y de TN-, es decir sin requerir ya aprobación parlamentaria. El llamado a agachar la cabeza y aceptar el esfuerzo en nombre de un `bien común´ contrasta con la actividad conspirativa de los capitalista, que siguen fugando capitales, aumento los precios y especulando contra la moneda nacional para presionar por una nueva devaluación. Un anuncio reciente del gobierno en materia de deuda fue gratamente recibido por los `mercados`, porque a pesar del estado de quiebra nacional se ha formulado una propuesta de canje de bonos que reconoce el 95% del capital de una deuda por completo ilegítima y usuaria. Queda claro que las cargas de la crisis no se distribuyen equitativamente.

Este 1º de Mayo plantea un choque entre el capital y el trabajo de características aún más potentes que las que existían al momento de su convocatoria original en 1890 por la Internacional Socialista. En ese momento la economía capitalista también atravesaba una larga crisis, pero se trataba de una etapa en la cual la senilidad del sistema no había adquirido las proporciones de la actualidad. En su larga lucha por la emancipación social la clase obrera ha tenido grandes victorias, incluso con revoluciones triunfantes, y también muy duras derrotas. De lo que se trata ahora es unir ese hilo histórico para aprender de esta experiencia acumulada y transformarla en una gran organización política internacional de los trabajadores para terminar con toda forma de opresión y explotación.

Viva el 1º de Mayo

Viva la unidad internacional de los trabajadores.