Litio: ¿hacemos negocios o los dejamos pasar?

Por Hugo Gulman.

Cuando se habla del litio y su potencial valor agregado, en primer lugar habitualmente se mencionan las baterías. Un kilo de carbonato de litio se comercia a alrededor de diez dólares y convertido en baterías asciende su potencial a 120 dólares. Los ingresos por kilo para el país podrían crecer mucho más, según en qué sector industrial se lo aplique: si se trata de la industria farmacéutica, tal como ya se está haciendo, el kilo alcanza los 1.000 dólares; en la energía nuclear, produciendo isótopos, el valor es de diez mil dólares por kg. y cuando el litio se aplica en todo lo que encarna la carrera espacial, como instrumentales o satélites o, el valor de un kilogramo es de tres millones de dólares. ¿Con qué recursos científicos, humanos, económicos y políticos cuenta la Argentina para encarar procesos de valor agregado que impliquen mayores beneficios?

El mineral que las empresas extraen en Argentina es carbonato de litio, una sal inorgánica que es la materia prima para el proceso de industrialización, que se procesa hasta llegar al metal litio, el componente que va a tener una batería. Los principales países participan en la carrera por la movilidad eléctrica y el cambio de la matriz energética en el mundo, que se encamina a los autos y a los transportes de carga y de pasajeros eléctricos.  

Para este año se estima que se sacarán más de 20.000 toneladas aunque el objetivo de las empresas radicadas es alcanzar las 83.000 toneladas en 2025, para llegar al año 2030 a 110.000 toneladas. Para esto hay una proyección de inversiones extranjeras en Jujuy, Salta y Catamarca por aproximadamente 5 mil millones de dólares. “El objetivo de todas estas inversiones es llegar en la Argentina a 300.000 toneladas. Seríamos el principal país en producción. Bolivia tiene el principal yacimiento del mundo en el Salar de Uyuni, pero aún no está en plena producción”, explica Carlos Aramayo, economista y profesor emérito de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Jujuy. 

En su reciente visita a Berisso, el presidente Alberto Fernández junto a Roberto Salvarezza, el presidente de YPF Tecnológica,  anunciaron que concluyó la obra civil de la planta de procesamiento de carbonato de litio y se proponen llegar a fin de año con una producción pequeña de baterías para el almacenamiento de energía. También se proponen el objetivo inicial de crear hasta fin de año 50 baterías de litio para colectivos eléctricos. Argentina, según el especialista, tiene la capacidad técnica y el conocimiento para llegar a la producción de baterías y elaborar los componentes activos de la batería, que tienen como base el carbonato de litio, que se procesa hasta metalizarlo. Otro anuncio es que YPF también se va a dedicar a la extracción de carbonato de litio en los salares y concretará un acuerdo con el YPF boliviano para complementar los objetivos de la producción de carbonato y de baterías.

En la actualidad, en nuestro país que tenemos 12 proyectos que se proponen para este año duplicar la producción y llegar a más de 30.000 toneladas para fin de año. ¿Cómo aprovisionarnos para alcanzar escalas mayores que nos permitan abastecer la conversión de la producción automotriz y abastecernos en este nuevo esquema energético?

La planta de Berisso era un proyecto conjunto argentino chino con la empresa Chang Li. Es una de las fábricas de baterías y celdas de litio más importantes del mundo. A la vez está asociada a otras empresas chinas dispuestas a invertir, aunque aún no se ponen en marcha los acuerdos firmados con ese país. Al mismo tiempo, según afirmó el doctor en sociología Eduardo Vior, la ley norteamericana de combate a la inflación que sacó el presidente Biden, prevé que las empresas automotrices dispondrán de créditos fiscales para la producción de vehículos eléctricos, pero tienen la obligación de cerrar el ciclo dentro de los Estados Unidos. Por lo tanto, obliga a las empresas a empezar a producir baterías cuando hasta ahora las importaban. Es ese sentido, el nudo pareciera aportar un nuevo ingrediente a la competencia geopolítica internacional.

Territorios en disputa

  • Los países que tienen una reserva importantísima son Bolivia, Argentina y Chile y existe una disputa de empresas multinacionales imperialistas, las principales de Jujuy, Salta y Catamarca. Estos son lo que está en la disputa por el carbonato de litio a nivel:
  • En Jujuy está Sales de Jujuy que en el año 2018 llegó a exportar 12.000 toneladas de carbonato de litio, de propiedad de un grupo que se llama Oro Cobre de Australia, junto con la Toyota y el Estado Provincial de Jujuy tiene un 8,5% del paquete accionario.
  • Ahora se ha instalado y está a punto de empezar la producción con el objetivo de llegar a 40.000 toneladas de carbonato de litio, una de las empresas más importantes, Exar, de origen chino,  en la que Ganfeng Lithium tiene el 51%  y es probablemente la más importante de las empresas chinas en el negocio del carbonato de litio y en la producción de baterías. Esta es una empresa que está en los cinco continentes. Tiene intereses en China, Australia, Irlanda, México, Malí y Argentina.
  • En Salta también está Ganfeng Lithium, que anuncia una inversión de 600 millones de dólares para producir 20.000 toneladas en Llullaillaco, donde van a empezar a producir a fin de año.
  • Otra empresa es  Río Tinto, una anglo australiana que se propone invertir 825 millones de dólares en el Salar del Rincón y producir para el mundo.
  • En Catamarca está la City Mining Xian que proyecta una inversión de 380 millones de dólares y van a empezar a producir próximamente carbonato de litio para exportar, por supuesto, a China.
  • Otra a empresa radicada en Catamarca es la surcoreana Posco, que se propone invertir 830 millones de dólares para producir 20.000 toneladas de carbonato de litio.
  • En el Salar del Hombre Muerto también están los canadienses, a través de Galan Lithium y los norteamericano tienen su filial que se llama en la Argentina Minera El Altiplano, Sociedad Anónima.
  • Finalmente, están los norteamericanos, que son los que empezaron a producir carbonato de litio en el Salar del Hombre Muerto en el año 1997, amparados y beneficiados por la Ley Minera promulgada durante la presidencia de Carlos Menem.

Vender a 1 y comprar a 5… mal negocio

En los dos últimos años el precio de la tonelada sextuplicó su valor y estas empresas se proponen extraer y procesar el litio. En ese aspecto, el analista político Larry Levy manifiesta que “ahí está el verdadero desafío que tenemos como nación: la privatización creciente de nuestros recursos. ¿Seguimos actuando del mismo modo que con los agronegocios, exportando la producción primaria sin procesar ni tener acceso a una alta renta de nuestros recursos?”, se pregunta. 

Es tal sentido, para Aramayo estamos como en la época de los ingleses, en que exportábamos cuero e importábamos carteras y zapatos. Las mil baterías que fabricará YPF Tec hasta fin de año podrán aplicarse para almacenamiento de energía y ser utilizadas en domicilios de lugares remotos, por ejemplo.El problema es qué hará el Estado argentino para proveerse del carbonato de litio suficiente y llegar a producir la cantidad de baterías necesarias en función de la industria automotriz interna. “Si el país puede producir entre 800.000 y 1 millón de unidades, tanto automóviles, camiones o camionetas, ¿por qué no tener la posibilidad de industrializar el carbonato de litio y manufacturar las baterías para la movilidad eléctrica en gran escala? El problema es que todos los salares, son propiedad de las provincias y están concesionados”, expuso.

El mayor inconveniente es que el negocio de litio es casi la replicación de la gestión de la exportación agropecuaria y  aunque la propiedad sea de las provincias, el Estado nacional puede arrogarse la potestad de la comercialización externa y mantener un control de cuánto queda dentro del mercado interno. Hay un proyecto ingresado en Diputados que propone crear Yacimientos Litíferos Fiscales y producir desde la empresa lo necesario en materia de movilidad eléctrica. “El problema es que al haber acordado las provincias con las multinacionales que ya están exportando el carbonato de litio, la única salida es que el Estado argentino, a través de una ley conjunta con la creación de YLF, ordene que no se exporte el carbonato de litio que se produzca en estas empresas, que seguirán haciendo su negocio”, detalló el economista.

Así como Aramayo, desde muchos sectores se oyen voces que le piden al Estado que intervenga y a través de una ley priorice al propio Estado como comprador del carbonato de litio, a fin de abastecer la producción y potenciar el valor agregado. Al comenzar la pandemia se pagaban 17.000 dólares la tonelada y hace pocos meses China llegó a pagar 84.000.-. El mayor negocio lo están haciendo las empresas que proveen al mercado chino, que produce para su mercado interno y para exportar desde China. “Las baterías de litio nos las venderán ellos a nosotros. Porque el objetivo de autos eléctricos, que incluye a China, Europa, EEUU, Japón y Corea, es que de 10 millones de unidades automotrices producidas en el 2020, pasen a 66 millones en 2025 y aspiran a lograr 137 millones de autos eléctricos en 2030. Y para este propósito Argentina es un lugar muy importante. 

En este momento Argentina es el principal productor de carbonato de litio, mientras que Bolivia todavía no está produciendo tanto en la región. Australia, el principal abastecedor, tiene un 52% del total de la oferta mundial. Allí lo extraen de la piedra y es un proceso muchísimo más caro. Chile, que tiene las mismas características de la Argentina, tiene un 22% del mercado. China, que también saca una parte de la piedra, tiene el 12%. Argentina llegó en el 2021 al 8% aproximadamente.

La planta de Ensenada recientemente inaugurada representa un caso piloto que debiera abrir un debate serio de las fuerzas políticas, que aborde necesariamente la soberanía y los procesos económicos, sociales, laborales y ambientales en relación al litio y su valor agregado. “Tenemos que tener un objetivo mucho mayor, de grandeza y soberanía nacional. Con una ley que de un marco a YLF y privilegie la compra del carbonato de litio que se produce en la Argentina por parte del Estado nacional. Por ahora, sólo vemos pasar los camiones que salen de Jujuy, Salta y Catamarca rumbo a Rosario y otros puertos del Paraná, y una pequeña parte que salió por el Pacífico a través de Antofagasta”, expuso el economista de la Universidad de Jujuy.

Asociativismo regional y soberanía

Chile, Bolivia y nuestro país conformaron una asociación de países productores de litio, lo que abre la alternativa de discutir y negociar conjuntamente con las multinacionales. Con gobiernos afines en la región, como Colombia, Venezuela y Brasil y el potencial intercambio pueden crecer las expectativas. Para avanzar, Aramayo sugirió tomar el ejemplo de la ley minera boliviana, implementada desde que asumió Evo Morales en 2004, que ordena que ningún proyecto de extracción de recursos naturales puede tener mayoría extranjera. Así ocurre con YPF Bolivia y con el litio, que tienen el 51%. Ese es el punto de partida. Luego, que venga la inversión extranjera con su tecnología para hacer el negocio desarrolle sus objetivos de movilidad eléctrica. “Si cambiamos la ley minera del menemismo, con los recursos naturales en poder de las provincias que les ceden la explotación y los beneficios a los monopolios y seguimos el ejemplo de Evo Morales, creo que podemos tener una salida conjunta”, apunta Aramayo. Por estas razones, el docente insiste con que en la medida en que haya leyes en la Argentina que recuperen soberanía sobre el recurso litio y frenen el saqueo que están haciendo, habrá posibilidades de crecer.

Es una riqueza agotable, disponemos carbonato de litio para unos 40 o 50 años. Luego, como plantea el docente, vendrán otras energías y materias primas o componentes para la movilidad eléctrica. “Algunos hablan del hidrógeno, pero mientras tengamos este en esta etapa de carbonato o batería de litio, tenemos poco tiempo y no contamos con la legislación ni la decisión política para que sea en favor de la soberanía y los intereses nacionales”, concluyó Carlos Aramayo.