Líder Lideresa Políticx

Por Víctor Hortel.

Ya en anterior oportunidad ocupe tiempo en escribir sobre “liderazgo[i]”, pero como suele ocurrirme, algunas ideas quedaron sin desarrollar, o fueron mal desarrolladas, por lo cual, regreso al tema, ahora quizás, apuntando al líder y lideresa politicx. Por tanto, la lectura del presente artículo, se propone, como complementaria de aquel.

Vivimos en una sociedad que promueve los valores democráticos, debemxs ser justxs con unx y con todoxs. La importancia de encajar en un grupo y saber cómo cooperar con lxs demás, es de suma importancia. No obstante, mucho de nuestra vida política, se encuentra caracterizada por la famosa “grieta” que atraviesa todo el conflicto y rivalidad con nuestrxs ocasionales adversarixs libertarixs neoliberales.

Superar la grieta nos exige conocimientos teóricos y prácticos sobre cómo abordar los conflictos y pugnas diarias que enfrentamxs en todos los órdenes. Estos conocimientos aluden a como ser más racionales y estratégicos en lo que refiere al conflicto.

El ideal a seguir es la del líder o lideresa, que maneja situaciones complejas y personas difíciles con maniobras hábiles e inteligentes.

Debemos recordar que la “Estrategia” es más que una ciencia; es la aplicación del conocimiento a la vida práctica, el desarrollo de pensamientos capaces de modificar la idea rectora original a la luz de situaciones siempre variables; es el arte de actuar bajo presión de las más difíciles condiciones.[ii]

Así, quienes ejerzan el liderazgo, al tener que contender con adversarixs astutxs, que también recurren a la estrategia, deben habituarse a soportar una presión ascendente; para obtener una ventaja se requiere ser más estrategicx y hábil que la otra parte.

El líder, o la lideresa, debe evitar que el/la adversarix nos debilite psicológicamente, nos manipule para que adoptemos posiciones precarias, o nos hagan sentir sentimientos de frustración o confusión.

No debemos olvidar que nuestrxs adversarixs políticxs, son agresivxs y se encuentran empeñadxs en lograr lo que quieren, sin escatimar esfuerzos y recurriendo a cualquier bajeza.

Por ello, si como militantes queremos o deseamos algo, debemxs estar dispuestxs y en condiciones de dar las discusiones y realizar las acciones para que ello que deseamos o queremos, realmente ocurra.

En consecuencia, si entendemos a la estrategia como el arte de obtener resultados o de poner en práctica buenas ideas, nuestrx líder o lideresa, deberá difundir ampliamente entre nosotrxs dicha estrategia.

El líder o lideresa, deberá observar seis ideales fundamentales[iii]:

1) Ver las cosas como realmente son, y no como sus emociones las colorean.

2) Juzgar a las personas por lo que han hecho. Ver lo que realmente lo que la persona ha hecho o logrado, los actos no mienten.

3) Depender de sus propias capacidades. Es cuestión de inteligencia y no de fuerza; en medio de una crisis su inteligencia hallará la solución correcta.

4) Resolver los conflictos estratégicamente, ser ingeniosx. Utilizar el racionalismo y el pragmatismo.

5) Elevarse sobre el conflicto. En la vida, la mayoría de nosotrxs somxs tacticxs, no estrategas. Nos enredamos tanto en nuestros conflictos que solo podemos pensar en cómo lograr lo que queremos en el momento presente. Concentrarse en los objetivos de largo plazo. Planificar.

6) Espiritualizar el conflicto. Las mayores debilidades son las propias. Luchar contra las propias emociones y la falta de resolución.

Otro gran desafío quien quiera liderar, es evitar el pensamiento grupal.

La demencia es la excepción en individuos, pero la regla en grupos

Nietzsche[iv] (1844/1900)

El liderazgo dividido es riesgoso porque lxs miembrxs del espacio suelen pensar y actuar en forma ilógica e ineficaz; esto es lo que se conoce como pensamiento grupal.

Lxs miembrxs del espacio, perseguirán fines políticos: por lo tanto, dirán y harán cosas que creen que contribuirán a su imagen dentro del espacio. Buscarán complacer a los demás, promoverse a sí mismxs, más que ver las cosas desapasionadamente. Mientras que un/a individux puede ser osadx y creativx, un grupo suele temer al riesgo. La necesidad de llegar a un arreglo entre los diferentes egos mata la creatividad. El grupo tiene mente propia, y esa mente es cautelosa, lenta para decidir, poco imaginativa y a veces francamente irracional.

El problema al dirigir un espacio militante es que lxs militantes tienen ineludiblemente su propia agenda. Si el líder o lideresa, resulta demasiadx autoritarix, la militancia se resentirá y rebelará en formas silenciosas. Si el líder o lideresa es demasiadx complaciente, volverá a su egoísmo natural y perderás el control. Se debe crear una cadena de mando en la que las personas no se sientan restringidas por la influencia del líder o lideresa, pero siga su guía. Debe ubicarse a la persona indicada en cada lugar: personas que lleven a la práctica el espíritu de ideas de quien lidera, sin ser autómatas. Las consignas o instrucciones deberán ser claras e inspiradoras, centrando la atención en el grupo, no en el líder o lideresa.

Debe construirse una sensación de participación, pero sin caer en el pensamiento grupal, que es la forma que adopta la irracionalidad en la toma colectiva de decisiones. El líder o lideresa, nunca renuncia a la unidad de mando.

El éxito depende de la rapidez con que la información pueda transitar en ambas direcciones por la cadena de mando -de lo estratégico a lo táctico y de lo táctico a lo estratégico-, para que tanto quien lidera, como quien milita, tengan conocimiento de que ocurre y pueda adaptarse rápidamente, siendo más eficaz que el/la adversarix. Si la cadena de mando se rompe, se pierde.

A menos que quien lidera adapte su estilo de liderazgo a las debilidades de lxs militantes, casi sin duda se terminará con una falla en la cadena de mando. La información llegará muy despacio y tarde. Una adecuada cadena de mando y su supervisión son creación de quien ejerce el liderazgo, una obra de arte que requiere constante atención y cuidado. Si se ignora, se pagarán las consecuencias.

Políticamente hablando, la realidad hoy es compleja y caótica. Así, resultará más difícil -al líder o lideresa-, operativizar la supervisión por medio de una cadena de mando. No puede fiscalizar todo. Ser vistx como un/a dictadxr lx perjudicará, pero si el líder o lideresa, se rinde a la complejidad y abandona la cadena de mando, el caos lx consumirá.

Una función clave de cualquier cadena de mando es proporcionar rápidamente la información –de la que se dispone- desde el territorio[v], para que quien lidera pueda adaptarse velozmente a las circunstancias. Entre más corta y dinámica sea la cadena de mando, mejor será el flujo de la información. Aun así, la información suele diluirse al pasar por esa cadena: reveladores detalles de gran importancia se estandarizan y desdibujan al ser filtrados por los canales formales. Integrantes de la cadena, asimismo, interpretarán la información por el/la líder/resa, filtrando lo que este/a oirá. Para tener un conocimiento más directo de las cosas, ocasionalmente podría ser necesario que el/la líder/resa visite el territorio.

La solución es maniobrar a través de operadorxs que compartan la visión del líder o lideresa. Operadorxs, que puedan por sí mismxs, actuando como lo haría el líder o lideresa en su lugar.

En lugar de perder tiempo negociando con cada persona difícil, quien lidera, debe propenderse a crear un espíritu de camaradería y eficiencia que se vigile solo. Dinamizando la organización.

Cuanta menos atención destine el líder o lideresa a los pequeños detalles, más tiempo tendrá para apreciar el panorama amplio, para afirmar su autoridad general e indirectamente. La militancia seguirá su liderazgo sin sentirse intimidada.

Un paso crítico en la creación de una eficiente cadena de mando es reunir un equipo calificado que comparta las metas y valores del Lider o Lideresa.

El equipo brindará muchas ventajas: personas entusiastas y motivadas que pueden pensar por sí mismas; una imagen como líder/resa justx y democráticx, y un ahorro de valiosa energía, que el/la líder/resa puede reorientar hacia el panorama general.

Al crear ese equipo, debe buscarse a personas que compensen las deficiencias del líder o lideresa, que tengan las habilidades que a quien lidera le faltan.

Al formar el equipo, quien lidera no debe dejarse seducir solo por la experiencia y la inteligencia. El carácter, la capacidad de trabajar bajo órdenes y con el resto del equipo, el aceptar responsabilidades y pensar de manera independiente son igualmente claves. El líder o lideresa, debe prestar atención a la constitución psicológica de sus colaboradorxs.

Quien lidera debe confiar en el equipo que ha armado, pero debe cuidarse de ser su prisionerx, ni concederle indebidas influencias.

El mayor riesgo para la cadena de mando procede de lxs “animales políticxs” del grupo. No sólo ven por sí mismas, sino que además forman facciones para promover su agenda y fracturar la cohesión que el líder o lideresa ha producido. Interpretando órdenes según sus propósitos, buscando vacíos en toda ambigüedad, estxs “animales políticxs”, crearán invisibles roturas en la cadena.

Finalmente, el/la líder/resa, deberá prestar atención a los mandatos que emite: tanto su forma como su sustancia. Los mandatos vagos son inservibles. Al pasar de una persona a otra, se los altera irremediablemente, y el espacio, terminará por verlos como símbolo de incertidumbre e indecisión.

Es crucial que el/la líder/resa sea clarx sobre lo que deseas antes de emitir mandatos. Por otra parte, si los mandatos del/la líder/resa, son demasiado específicos y restringidos, inducirán al militante a comportarse como autómata y dejar de pensar por sí mismx, cuando habrá situaciones en las que deberá tomar decisiones. No equivocarse en ninguna de esas direcciones es un arte.

Una orden bellamente formulada tiene poder adicional. En vez de sentirse subordinadx, reducido a ser un/a simple ejecutxr de los deseos de un/a otro/a distante, quien recepte el mandato se convertirá en participante de una gran causa.

 Las órdenes insulsas y burocráticas se traducen en actividad apática y ejecución imprecisa. Órdenes claras, concisas e inspiradoras hacen que lxs miembrxs del equipo sientan al control y llenen a la militancia de espíritu colaborativo.

Otro aspecto que entiendo importante de resaltar es el de la comunicación.

La comunicación es un espació a trabajar. El líder/resa, debe trabajar permanentemente sobre la mente de aquellos/as en los/as que quiere influir. La meta es avanzar, y ocupar su mente. Cualquier otra cosa es comunicación ineficaz, palabrería autoindulgente.

Nuestrx líder/resa, debe, también, a aprender a inculcar las ideas en la mente de los/as adversarixs, enviando mensajes por medio de pequeños detalles e induciendo a éstos/as, a llegar a las conclusiones que nuestrx líder/resa desea; de modo tal, que los/as adversarixs piensen que llegaron a ellas por sí solxs.

Quien lidera debe evitar a toda costa un lenguaje estático, sermoneador y demasiado personal. El/La líder/resa, debe transformar sus palabras en una chispa para la acción, no para la contemplación pasiva.

La manera más superficial de tratar de influir en los demás es mediante la conversación que no tiene nada real detrás de ella. La influencia así producida siempre es insignificante[vi].

El/La líder/resa, debe comprender que puede tener brillantes ideas, de aquéllas capaces de revolucionar al mundo; pero a menos que la exprese eficazmente, no tendrán fuerza, ni podrán entrar en la mente de la gente en forma profunda y duradera.

Quien lidere, no debe concentrarse en si mismx, ni en la necesidad que siente de expresar lo que tiene que decir, sino en su público. Cuando se trata con personas que están aburridas y con una atención de corto alcance, el/la líder/resa debe entretenerlas, colando sus ideas por la puerta de atrás.

Con líderes o lideresas de otros espacios políticos, se deberá ser cautx e indirectx, quizá usando a terceros para disfrazar la fuente de las ideas que intenta difundir.

El/La líder/resa, debe comprender que No persigue la expresión personal, sino el poder y la influencia. En las contiendas políticas es imperativo que el/la líder/resa, sea capaz de comunicar sus ideas a la gente, de alterar su conducta.

Si un/a líder/resa, dice o escribe algo que considera revolucionario y espera con eso cambiar el mundo y mejorar a la humanidad, pero eso difícilmente afecta a alguien de modo real, aquello, aquello haya dicho o escrito, no será ni revolucionario ni progresista en absoluto.

La comunicación que no promueve una causa ni produce el resultado deseado es sólo cháchara autoindulgente que no refleja sino el amor de la gente por su voz y por su papel de cruzado moral.

La verdad efectiva de lo que ha escrito o dicho es que nada cambió.

Nuestrx líder o lideresa, debe tener la capacidad para llegar a la gente y alterar sus opiniones es un asunto serio y estratégico. El fracaso en la comunicación no es culpa del público, sino de lx poco estrategicx del /la comunicadxr.

El/La líder/resa, deberá, además, desarrollar la capacidad inversa de decodificar los subtextos, mensajes ocultos y señales inconscientes en lo que dicen los demás.

Cuando la gente habla con vagas generalidades, por ejemplo, y usa muchos términos abstractos como “justicia”, “moral”, “libertad”, etc., sin explicar nunca los detalles de lo que dice, casi siempre esconde algo. Cuando se esté frente a ese tipo de discurso, debe desconfiarse.

Entre tanto, la gente que usa un lenguaje gracioso y coloquial, repleto de clichés, quizás trata de distraernos de la fragilidad de sus ideas, o de conquistarnos, no mediante la solidez de sus argumentos, sino haciéndonxs sentir sociables y animadxs.

La gente que usa un lenguaje pretensioso y florido, lleno de astutas metáforas, a menudo está más interesada en el sonido de su voz que en llegar al público con un pensamiento genuino. En general, el/la líder/resa debe prestar atención a las formas en que la gente se expresa; nunca debe tomarse el contenido al pie de la letra.

En este punto, cambio el eje en torno al liderazgo y ahora me centro sobre la evidente necesidad de vinculación operativa entre el/la líder/resa del Ejecutivo y la Administración.

Maquiavelo sostenía: “que no se puede emprender nada más difícil, de éxito más incierto y más peligroso en su gestión que el querer ser líder”[vii].

El líder o lideresa democráticx es, un/a líder/resa, con responsabilidades de gobierno o bien un/a líder/resa políticx comprometidx en alcanzar una posición en el gobierno.

Es importante conservar la diferencia entre líder/resa y liderazgo, entendiendo por líder/resa, a la persona particular investida de un poder de decisión, y por liderazgo, la naturaleza de la acción decisional realizada por esa persona. El/la líder/resa es un/a actor/a, en tanto el liderazgo es una relación, que se activa para solucionar un determinado problema.

Luego quien ejerza como líder o lideresa, deberá ser versátil, de modo tal que sus cualidades de mando, puedan cambiar si cambian los contextos y las situaciones dentro de los cuales se desenvuelve.

Así, el líder o la lideresa, son una respuesta a la acción colectiva, en tanto producen un bien colectivo ante una pluralidad de diferentes prioridades individuales.

Las prioridades, múltiples y diferentes no pueden conciliarse, ni agregarse, si no existe alguien que active esa conciliación-agregación.

El/la líder/resa, crea unidad a partir de la división, tiene la capacidad de generar un bien colectivo que puede conciliar la multiplicidad de las prioridades individuales.

El/la líder/resa, además de generar acciones, debe ser un/a permanente generador/a de símbolos. Provee a lxs ciudadanxs de un sentimiento de pertenencia y también de una orientación para las políticas públicas.

Las acciones colectivas se activan con dificultad, no solo a causa de las diferentes prioridades en relación con un problema colectivo concreto, sino también a causa de las diferentes prioridades en relación con un determinado sentimiento colectivo. Los símbolos también pueden producir efectos sobre las políticas públicas.

Los/Las líderes/resa, son necesarixs, en tanto sean útiles; así, encontramos liderazgo en todos partes, dado que los/as lideres/resas, son necesarixs en todas partes. Ello, dado que responden a una necesidad existencial: encontrar soluciones para los problemas colectivos de determinado grupo de manera que el grupo pueda sobrevivir y reproducirse como tal. De este modo, en las sociedades modernas, la política se ha convertido en el lugar donde encontrar la respuesta al problema colectivo e individual. Luego, la difusión de la política potencia la necesidad de líderes/resas.

Luego, el líder/resa del “Ejecutivo”, está dotado de poder decisional, dado que es el medio a través del cual es posible poner en marcha las soluciones colectivas vinculadas a los problemas de pertenencia –seguridad, libertad, justicia por citar algunos ejemplos-. De tal modo, el/la líder/resa que no toma decisiones, está destinado a la intrascendencia.

Los regímenes políticos que no tienen capacidad decisional están destinado a la decadencia.

Las democracias estables, son aquellas que demuestran contar con una manifiesta capacidad decisional.

Como representante de lxs ciudadanxs, el/la líder/resa del Ejecutivo debe gozar de una cierta autonomía con respecto a este/a ultimx. Se le garantiza tal autonomía, por concesión de la ciudadanía del poder decisional, poder necesario para que el/la líder/resa resuelva los problemas de modo que la ciudadanía pueda permanecer en esa condición, es decir, conserva su estado de conjunto de ciudadanxs democracticxs.

En la democracia, los sistemas institucionales sirven para organizar la soberanía popular, Si las instituciones electorales y partidarias encauzan la soberanía popular en el Estado las instituciones de gobierno permiten transformar esa soberanía popular en representación y decisión.

Luego todo sistema de gobierno democrático necesita un/a líder/resa para poder funcionar. Lo que determina la funcionalidad del/la líder/resa, es el condicionamiento impuesto por el contexto institucional o las características de la competencia política.

Hamilton[viii], en “el Federalista”[ix] sostenía que la “energía del Ejecutivo es una característica fundamental de un buen gobierno”, dado que el presidente puede representar al pueblo en su conjunto.

El presidente, justamente por la naturaleza personal de su elección, se caracteriza por ser el portavoz de los outsiders, o sea, el único líder capaz de integrar en la política nacional a los individuos y a los grupos sociales excluidos de las políticas públicas; lo que pone de relieve el principio de responsabilidad de quien está a la cabeza del Ejecutivo. Como rezaba la placa sobre la mesa del presidente Harry Truman[x] (1045-1952). “The buck stops here”: “La responsabilidad es mía”.

El grado en que el/la líder/resa del Ejecutivo pueda convertirse en un instrumento que les presta voz a las exigencias de cambio, depende de las condiciones institucionales o políticas en las que se encuentre. El/La líder/resa logra la legitimación de su cargo por medio del consenso personal que le otorgan lxs electorxs.

Enseñaba Maquiavelo: “Quien se transforma en príncipe con la ayuda de los nobles conserva su poder con mayores dificultades que quien lo logra con la ayuda del pueblo. Se trata de un príncipe rodeado de muchos que se consideran sus pares, así que no logrará ni gobernar ni administrar las cosas a su manera”.

Una vez elegidx, el/la líder/resa, debe gobernar, y gobernar significa también, poner en práctica un conjunto de políticas públicas, coordinándolas entre sí, además de implementarlas administrativamente. Y esto requiere un actor colectivo, un equipo de gobierno cohesionado en tormo a un programa compartido, en cuanto expresión de un partido o de una coalición de partidos que le ha permitido ganar las elecciones.

Es obligación de todxs, continuar en la militancia, sin ceder un solo centímetro, de modo tal, de contribuir generosamente a consolidar, de modo definitivo, el gobierno que supimos conseguir y el concepto de “Estado” que nos sintetiza.


[i] https://identidadcolectiva.com.ar/de-liderazgo-lideres-y-lideresas/

[ii] Helmut Von Moltke. https://es.wikipedia.org/wiki/Helmuth_von_Moltke

[iii] Greene, Robert. “Las 33 estrategias de la guerra”. Ed. Océano. México 2007

[iv] https://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Nietzsche

[v] Territorio, en el sentido más amplio. Barrio, sindicato, universidad, etc.

[vi] I Ching, China, Circa Siglo VIII a.C.

[vii] Maquiavelo. “El Príncipe”. 1531

[viii] https://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Hamilton

[ix] https://es.wikipedia.org/wiki/The_Federalist_Papers

[x] https://es.wikipedia.org/wiki/Harry_S._Truman