Legalicemos el nacionalismo y las causas colectivas

Por Mariela Montiel.

Sin duda, quienes entendemos que legalizar no implica obligar, el pasado 29 de diciembre celebramos la ampliación de derechos con la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Dicho esto, y en consecuencia con el discurso que defendemos, los valores y la filosofía peronista a la cual no renunciaremos, será necesario decir que es hora jugar a la mancha con aviones.

Comienza un nuevo año, hemos atravesado un 2020 muy particular, por lo que nos merecemos profundizar el agite para que nuestros funcionarios se animen a hacer política para el pueblo. Debemos exigir la legalización del pensamiento nacional y soberano en cada proyecto de ley. Hemos vuelto a gobernar, con miles de obstáculos, con un país desbastado, con muchos aciertos y con la plena certeza de que hay que retomar las banderas de independencia económica, soberanía política y justicia social. Hay que retomar los lazos con la Patria Grande y dejar de coquetear con quienes aún colonizan nuestro territorio y nuestras mentes.

Al igual que en el artículo anterior (muy polémico) continuaremos exponiendo cómo el discurso liberal y progresista que han asumido las derechas de nuestro país (oligarquía y sus asalariados de izquierda) van imponiendo agenda política y nos alejan cada vez más de lo realmente importante. Tres cuestiones del orden filosófico/político nos aquejan y demandan acciones concretas y urgentes: la noción de libertad, el valor para defender la Patria y la militancia.

La libertad

El 20 de octubre del 2020, el presidente mandato cumplido José “Pepe” Mujica tras 26 años representando al pueblo ha presentado su renuncia ante el Congreso uruguayo, como senador del Frente Amplio. Su discurso lo refleja y caracteriza como lo que es: un militante de las causas nacionales y colectivas. Lo traigo a la memoria para que entendamos que el discurso totalizador del liberalismo es una cuestión de estado dirigida por los países centrales que oprimen a los periféricos y no sólo de nuestro país. En su discurso hizo referencia al grave problema que tienen las nuevas generaciones frente los límites de la intimidad y la libertad.  Comparto las siguientes palabras

Y este va a ser un dilema que van a tener los Estados y los sistemas políticos del futuro: ¿Hasta dónde es violable la intimidad y la dignidad humana y hasta dónde existe la libertad?

Porque hasta hace poco creíamos con pasión, una definición de la libertad y ahora la ciencia nos dice ‘si por libertad se entiende seguir los deseos e inclinaciones, la libertad existe, pero si por libertad se entiende que somos capaces nosotros de gestar esas inclinaciones y esos deseos, la libertad no existe’.

He vivido con una definición y me cambiaron toda la letra ahora: este problema lo tienen las nuevas generaciones, y la política tendrá que hacerse cargo. Porque la política es la lucha por la felicidad humana, aunque suene a quimera.

En menos de 15 minutos, el ex Tupamaro, supo reflejar como se ha ido individualizando lo colectivo a medida que la política dejó de ser herramienta de trasformación para lograr la felicidad de los pueblos y pasó convertirse en impunidad y privilegio de unos pocos. Los organismos internacionales y sus sucursales (las “ONG”) nos predican por medio de sus embajadas cuestiones de libertad individual y elecciones de vida que están sujetas a la moral de cada individuo: aborto, diversidad, sexualidad. Por otro lado, nos imponen causas cortoplacistas y sin repercusiones en ámbitos estructurales del sistema económico y financiero: feminismo, políticas de género, medio ambiente, recalentamiento global.

El Pepe fue un guerrillero, se comió 12 años presos por defender causas nacionales, por la soberanía, por sostener un modelo de desarrollado económicamente productivo, por la felicidad de los hijos y de los nietos de la patria grande. Son militantes que aùn caminan los barrios, que predican que las mercancías se pagan con tiempo de vida y no con dinero.  Estas concepciones, formas de interpretar y comprender la política hacen que sus palabras resulten una “Quimera”. Esto lo ha logrado el liberalismo globalizado, que nos quitó del vocabulario palabras claves como “pensamiento nacional”, “comunidad y organización colectiva”, “distribución de la riqueza”. El Pepe perdió a sus compañeros y fue víctima del terrorismo de estado, junto a su compañera Lucía Topolansky, jamás han dejado de militar las causas que realmente nos encaminen hacia la liberación. ¡¿Te das cuenta nos quitaron la militancia de la liberación económica por la libertad individual, fragmentada, cortoplacista?!?!

Valor para defender la Patria

El Pepe fue parte en 1971, de los 111 presos que se escaparon del Penal de Punta Carretas, Uruguay, gracias a una increíble organización y a los valores irrevocables que tenían con la liberación de la patria. Existió una generación que dio la vida por el compañero. En su exposición continua “En la política no hay sucesión, hay causas y lo único permanente es el cambio, dar oportunidad a nuevas generaciones”. Sus palabras me recuerdan a Cristina Fernández pidiendo valor para ejercer el cargo y la función histórica que el pueblo delegó en cada funcionario. Hoy se habla de “sótanos de la democracia” pero seguimos teniendo preso a compañeros que se han animado a tocarle el bolsillo a las corporaciones, a repartir riquezas y a denunciar a la embajada norteamericana. La globalización nos viene marcando él débete político, nos ha borrado las fronteras y no solo las geográficas, sino que nos difuminó las soberanías nacionales para imponer acuerdos supranacionales que nos impiden ejercer el poder en nuestro propio territorio.

El liberalismo nos ha llevado a invertir prioridades. Nos ha quitado causas nacionales y colectivas y las han transformado en problemáticas sectoriales (de género, de libertad individual, de diversidad, elecciones, formas de ingerir alimentos, etc.) que solo generan odio. El odio destruye. No se hace política, se generan grietas. No se conduce, se condiciona y se negocia.

La militancia

Desde 1943, la militancia en Argentina era un deber, una sana costumbre. La mayoría militaba en una básica, en el centro de estudiantes, en los ateneos, en el sindicato, en la parroquia, etc. El Pepe decía en otra oportunidad “La militancia es una causa, no es una profesión. No es para comprarse un auto, una casa… Es una forma de vida”. Luego del “no te metas” de los 70, de la despolitización de los 90 y la crisis neoliberal del 2001 nos sumergimos en el descreimiento hacia las instituciones (gobierno, escuela, hospitales, etc.) que se convino con la falta de esperanza, de trabajo, de lazos colectivos. La necesidad de darle un plato de comida a nuestros pibes nos llevó a la implementación de asignaciones y lo que debería haber sido una respuesta a corto plazo se transformó en política pública.  Ojalá este nuevo año lleve a sectores de decisiones nodales a compañeros y compañeras que entiendan que la militancia es sinónimo de amor, de dignidad, de trasformación y de lucha.

Militemos lo posible: Reforma judicial, fin de la ley de entidades financieras y generación de empleo genuino. Defendamos a los funcionarios que hoy están preso por capricho de aquellos que nos quitaron la posibilidad de ser una gran nación. Exijamos y logremos, como demuestran los hechos del 29 de diciembre, que podemos militar también para sacar de la pobreza a los argentinos víctima del neoliberalismo. “Somos una argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”