Las nuevas formas de esclavitud

Por Delia Sciascia – Representante de la Casa de África en Argentina en la ciudad de Rosario

Hemos hablado de esclavitud, en distintos ámbitos. La mayoría de las veces escuchamos decir que en Argentina no hubo esclavos y si los hubo, fueron pocos, y solamente trabajaron en tareas domésticas.

Esa Invisibilización sistemática, repetida en el tiempo y en el imaginario colectivo, porque así se nos ha enseñado livianamente en las escuelas, afortunadamente hoy está teniendo un cambio.

Pero no se habla de las nuevas formas de esclavitud.  En ningún ámbito.

Desde Qatar, para citar un ejemplo, ofertan trabajos para los africanos de África del Este. Y ellos van, por supuesto, esperanzados en tener una vida mejor, en formar  un futuro más digno, en  juntar el dinero para poder hacer su propio negocio al retornar  3 o 4 años más tarde a su tierra. Sin embargo la realidad es que ese rico país les ofrece un monoambiente donde viven 10 personas amontonadas, con comida y agua, trabajando 12 horas cada dia durante todos los años que dure su contrato. En su relato cuando estuve en Kenia, pude ver las fotos del lugar donde viven: un departamento limpio, sí, con agua, sí, pero sin intimidad y compartiendo el baño entre tantas personas que deben turnarse durante todo el día para usarlo.  Y menciono el agua porque en Kenia como en otros países de África, la mayoría de las personas no tienen el privilegio de tener agua de red en sus casas.

Esas migajas que reciben de dinero,  es paupérrima y apenas les alcanzará para sobrevivir a su regreso por un corto tiempo y para ayudar a la familia. La mayoría no puede concretar ningún negocio y solo ha malvivido en Qatar.

Ese aprovechamiento de las condiciones de necesidad y desesperación de los africanos por querer crecer económicamente, es otra forma de desprecio humano. Esa humillación continua, la falta de derechos, es otra forma de esclavitud.  Esas nuevas formas de esclavitud de las que nadie habla y que incluye no poder relacionarse sentimentalmente con nadie (está prohibido mientras dure el contrato), no tener vacaciones, no tener un solo día de descanso (ni los domingos ni los feriados) y jornadas tan agotadoras que solo llegan al monoambiente a dormir, sin ganas de socializar, que además, ése debe ser el fin: que no socialicen y solo trabajen.

En Qatar y en otros países árabes, el sistema Kafala se puso en práctica hasta hace poco tiempo. Es un sistema de explotación utilizado para monitorizar trabajadores migrantes, principalmente dedicados a la industria de la construcción o tareas domésticas, casi idéntico al feudalismo  y por el cual se concede a los patrones la potestad de restringir los movimientos de sus trabajadores. Hay más de dos millones de trabajadores migrantes en Qatar. Unos 30.000 estarían trabajando en proyectos referentes a la Copa del Mundo 2022, muchos  de ellos son africanos.

El  ‘Sistema Kafala’ no sigue estando en vigor, sin embargo las condiciones de vida de los trabajadores continúan siendo miserables.  Con poco dinero y sin pasaporte, porque se los retienen en la mayoría de los casos, los migrantes cumplen con el contrato y se quedan, esperanzados en que tendrán más adelante el premio a tanto esfuerzo.  Quienes se han manifestado en contra de este sistema, y no han aceptado estas condiciones esclavistas, han puesto en riesgo su situación porque les han quitado su permiso de residencia, con la posibilidad de terminar con una multa o en la cárcel.

 Nosotros en Argentina también sabemos bien de qué se trata esta  injusta y dolorosa forma de ofrecer trabajo a nuestros hermanos de países vecinos, quienes migran a nuestro país por la misma razón:  mejorar su calidad de vida.

La esclavitud no ha desaparecido. Ha mutado.