Las miserias de siempre

Por Maximiliano Rusconi y Gabriel Palmeiro.

Si nuestros servicios públicos de transporte en los últimos 100 años hubieran sido administrados a la perfección serian mejores. No cabe duda.

Tampoco cabe ninguna duda que, incluso en países en donde el transporte público ha sido una prioridad, suceden accidentes.

Es indiscutible, asimismo, que en países donde la justicia no es demagógica, oportunista, influenciable, no se encarcelan funcionarios y empresarios a mansalva por tragedias que suceden solo por un error o decisión del conductor del medio de transporte.

En esos países que gozan de una justicia valiente, seria, independiente, fundada, los fallos judiciales cumplen la labor social de decirle la verdad a la comunidad y, sobre todo, a los familiares de las víctimas.

En países donde la clase política no es mezquina no se busca obtener votos del dolor. No cabe duda que eso no sucede.

En esos países, normalmente, el periodismo tiene un compromiso con la verdad. Eso no se negocia.

A nadie se le ocurriría mentir sobre cómo se ha aplicado la ley.

Debemos referirnos, en esta ocasión, a Juan Pablo Schiavi que injustamente cumple una condena por una sentencia de las más escandalosas de los últimos años en nuestro país. 

Juan Pablo Schiavi, cumple una pena por la llamada Causa deOnce”.

Los medios periodísticos de nuestro país o no han dicho nada o han criticado con violencia verbal e ironía inéditas una decisión judicial que incorpora al estímulo educativo dentro del régimen de la condena que cumple Schiavi. Han querido instalar la idea de que ello era un privilegio inaceptable. 

En un país con periodismo serio, valiente y responsable, se hubiera informado que, en relación con Schiavi, la justicia sólo dispuso hacer lugar al pedido de su defensa de reconocer el estímulo educativo. Algo que la ley reconoce como un derecho en el artículo 140 de la Ley de Ejecución Penal -24.660-.

En un país donde el periodismo se compromete con la verdad se hubiera afirmado que la resolución mencionada no hace otra cosa que reconocer un derecho dispuesto expresamente en la normativa que rige la vida de los que se encuentran privados de su libertad.  En los medios de comunicación de esos países se hubiera subrayado que esos derechos implican que el condenado desarrolle procesos de formación educativa para poder llegar al fin de la pena constitucionalmente reconocido, que es la reinserción social.

Ningún periodista que ejerza con orgullo su profesión hubiera podido negar que el propio Servicio Penitenciario Federal ofrece cursos de formación profesional para que los condenados avancen en el régimen de progresividad de la pena para poder retornar al medio libre.

En esos reinos de la responsable libertad de prensa se hubiera informado al lector que, al fin y al cabo, más allá de la solicitud de la defensa, fueron solo aquellos cursos brindados por el Estado en el penal los que el juez de la causa tuvo en cuenta para reconocer el estímulo educativo de Schiavi, solo sumado a determinados cursos brindados por Universidades Nacionales y aprobados también por el propio Servicio Penitenciario Federal.

Con objetividad, estos periodistas honestos, hubieran informado que, más allá que Schiavi sea ingeniero, y ya cuente con determinada formación, el propio sistema no otorga otra opción para recibir educación que no sea efectuar los cursos concretos que ofrece el SPF o determinadas Universidades aprobadas por el SPF (quien analiza el cumplimiento de los protocolos y estándares educativo).

En esos países donde el periodismo es una columna del sistema democrático, se habría informado a la sociedad que los cursos que ofrece el SPF son: Forestador, Montador Electricista, Electricista Instalador, Práctico en Injertos, Instalador de Redes, Reparador de Refrigeradores Domésticos, y Montador de Instalaciones de Gas Domiciliario. Allí, además, se habría chequeado que esas actividades educativas, le insumieron a Schiavi, 1564 horas cátedra.

Asimismo, no se hubiera soslayado que los cursos externos que se le reconocieron fueron: “Diplomatura Universitaria en Gestión de Proyectos y Financiamiento Externo” de la Universidad de Tres de Febrero; “Diplomatura en Escritura Creativa”, “Introducción a la Antropología Cristiana”, “Introducción a las Sagradas Escrituras” y “Liderazgo Trascendente: Ampliar la perspectiva del éxito”, dictadas por UFASTA; y Debates en la política Exterior Argentina” y “Diplomado en Gobierno Abierto y Gobierno Electrónico” cursados en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN); y dos cursos brindados por el Ministerio de Educación de la Nación a través del programa “Educ.ar”.

Los títulos, en los multimedios de esos países, hubieran escrito en letras de molde que, en definitiva, la resolución no hizo más que reconocer de manera restrictiva un derecho otorgado por la ley y garantizado constitucionalmente a Schiavi. Pero estamos en este país y los multimedios no son los que pueden constituirse genuinamente en una de las columnas del Estado de derecho y el sistema democrático. Una lástima.