Las Malvinas son de los trabajadores no de los torturadores

(CONSIGNA QUE SE OBSERVA ENUN CARTEL DE UNA MOVILIZACIÓN DE A ÉPOCA)

Por Liliana Etlis.

Durante el Terrorismo de Estado apelaba a un cuasi optimismo militante como también a la formación de resistencias posibles en la Facultad; las prácticas cotidianas generalmente eran mediatizadas por gestos, miradas, objetos que se desplazaban de manera original eran el arte de la creatividad en momentos tenebrosos. Así nos sorprendió a varixs la guerra. 

El bombardeo mediático de la tv y la radio era constante, la sobreinformación hacía dudar y confundir quien era el enemigo fundamental a pesar de algún borracho deslizándose en balcones hablando de Patria. 

Mis vecinos los que fueron alistados, no tuvieron instrucción.

Muchxs cumpas no nos tragábamos la narración similar a los cuentos fantásticos.

Las horas por Malvinas, maratón transmitido por ATC para recaudar fondos para los soldados, los objetos clasificados en plaza Houssey : tapados de pieles donados, joyas de valor, echarpes de lana tejidos con amorosidad de madres, novias y tantxs amigxs, y todo lo que rodeaba a la solidaridad que muchxs creían, iba a destino. 

Creíamos.

La verdad inquietante es que nunca se supo con certeza donde fueron a parar los millones que se recaudaron ni tampoco qué pasó con el Fondo Patriótico más allá de la sonrisa de Pinky y del Cacho Fontana.

En en ese momento Marita y yo nos anotamos en los listados que había confeccionado no recuerdo si el frágil centro de estudiantes o la reciente multisectorial de la Facultad para ir a Malvinas, teníamos la ilusión de ayudar en el área sanitaria, aplicar un saber en función de los combatientes que padecían dolor. Teníamos que hacer un entrenamiento que nunca alcanzamos a practicar, la guerra ya estaba en su última etapa, se hablaba de rendición entre los huequitos de los dientes mientras Clarín sacaba en primera plana el hundimiento del Belgrano. Lo perverso del discurso de la época.

Escenas patéticas como los mutilados que volvían con las gangrenas en los dedos de los pies por el frío, los enfermos, muchos que optaron por el suicidio por falta de atención en salud mental, los recuerdos insostenibles de la vivencia traumática, disputaban con el feroz desprecio de los cipayos vendepatrias a lxs chicxs prevenientes del campo popular.

Las novedades que llegaban eran feroces, sin suficiente abrigo, escaso alimento, armamento obsoleto. Mucho sufrimiento los que venían del norte de nuestra argentina, los paraguayos y bolivianos que no dudaron de ir al frente, con el desconocimiento de las muy bajas temperaturas según cartas que llegaban de mi tía y que se enteraba a través de lo que circulaba del boca en boca. 

Una felicidad abolida por la cotidianeidad opaca y la hiperinformación falsa durante el Terrorismo de Estado. Redes de palabras que íbamos armando como rompecabezas, desconfiando de las noticias no oficiales, de la alegría absurda y del miedo a la entrega. Después vinieron momentos de una angustia que estaba entretejida con el silencio, se hablaba menos. Algunxs comenzamos a hacer circular en la academia las firmas con el pedido del fin de la guerra, situación que nos llevó a más de unx sanciones disciplinarias por la Ley Universitaria que en ese momento había sido modificada por la dictadura (1980) y que suspendía toda actividad partidaria, política con severas sanciones disciplinarias como la expulsión de la UBA, además del redimensionamiento universitario.

Una exaltación perturbada de la alegría en simultaneidad con los soldados torturados aun combatiendo, se iría construyendo un relato diferente al que escuchábamos o leíamos.

El proceso de desmalvinización después del conflicto bélico, significó Silenciar la Soberanía y como los que tenemos décadas aprendimos: el Silencio No es Salud.

Además el olvido hacia los soldados, quienes pedían moneditas en los colectivos o en los trenes para poder comer, vestidos con la camisa y pantalones de fajina militar, apoyados en un palo de escoba que hacía de sostén por alguna parte del cuerpo amputada.

Sumando el caso de enfermeras que pasaron por abusos sexuales de jefes como le pasó a Candela, una compañera del laburo fallecida.

Pasaron décadas. Hace unos años, antes de la pandemia, en la Unidad Básica “Crece desde el pie ”se proyectó una filmación que hiciera Claudio Posse en “Ecos de muerte” donde visibilizaba el caso de Silvio, un vecino del barrio, comuna 3 de la Capital Federal que nombraron autónoma, donde narra la otra historia, la suya. Reflejaba con lágrimas sostenidas, el estado de sometimiento y terror al que estuvo viviendo todos esos tiempos de deshumanización.

(link de la pelihttps://www.youtube.com/watch?v=4meFyNfVRqo)

Una investigación llamada “Operación Chocolate”, documental que pasarán a la noche, la campaña de mentiras y falsedades de la guerra también se publicaron con el caso de Gustavo Vidal. 

Hoy amanecimos con muchas figuras, fotos, poesías, experiencias, vivencias sin resolver, silencios, pintadas, expresiones artísticas, pero falta el reconocimiento oficial, simbólico también, a lxs que dieron sus utopías por una Patria justa, libre y soberana.

La imagen que me acarició el alma es la de Emilio Facundo Vázquez, de 24 años. Agradezco esta originalidad. Nuevas voces. Nuevas miradas.

Recuperaremos con la lucha las Islas Malvinas y demás cuestiones pendientes.

Patria o Colonia.

Blog: https://lilianaetlis.wordpress.com/