Larreta, nuestros candidatos y el cuento de la criada

Por Claudio Posse.

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Vamos a hablar de las candidaturas para este año electoral, pero como siempre, vamos a tratar de darle una vuelta al análisis, tratando de salir de la “rosca” que nos proponen las empresas de medios y los diferentes grupos políticos en juego.

Estoy viendo una serie de la Paramount que se llama el cuento de la criada (The Handmaid’s Tale), basada en la novela de 1985 El cuento de la criada, de Margaret Atwood. La trama, extremadamente reducida seria la siguiente: En un futuro distópico, no muy lejano en el tiempo, la tasa de natalidad del mundo se desploma como resultado de las infecciones de transmisión sexual y de la contaminación ambiental. En ese caos, el gobierno teocrático, totalitario y fundamentalista religioso de la «República de Gilead» crea nuevas reglas para un nuevo Estados Unidos tras un golpe de estado. La sociedad está organizada con un jerárquico fanatismo religioso y nuevas castas. En ella, las mujeres son subyugadas; por ley no tienen derecho a trabajar, a leer, a escribir o a controlar dinero o propiedades. La infertilidad mundial ha llevado al reclutamiento de las pocas mujeres fértiles que quedan en Gilead, las llamadas criadas de acuerdo con una «interpretación extremista» de un versículo de la Biblia. Cada criada es entrenada, corregida y educada para luego asignarla a los hogares de los líderes políticos, donde pierden su nombre adoptando uno nuevo formado por el nombre del comandante asignado con el prefijo «De», forzándolas a una violación ritualizada por sus amos para quedar embarazadas y darles hijos a las élites familiares. Junto a las criadas vestidas de rojo, gran parte de la sociedad está ahora agrupada en clases que determinan lo que se puede y lo que se debe hacer. La categoría social a la que pertenecen las mujeres está representada por el color de su vestido: las criadas visten de rojo, las Marthas de gris y las esposas de azul aguamarina y así el resto de los personajes.

Ustedes se preguntarán ¿qué tiene que ver esta maravillosa serie con las elecciones de medio término?. Como explicaba en el párrafo anterior, un golpe de estado genera que en una parte de EEUU se establezca una especie de fascismo – capitalista – religioso. La serie tiene muchos componentes para analizar, pero lo que más me impacto fue la transición entre el golpe de estado y la toma de poder. Los diferentes personajes que pululan por la serie, antes del golpe de estado, tienen dos características: 1) no participan de ninguna actividad colectiva, en términos políticos, 2) no creen que los extremistas (fascistas) apliquen semejantes medidas.

Es la misma sensación que tengo cuando empiezan a salir personajes despreciables invadiendo la televisión despotricando contra el adversario de manera virulenta. A modo de ejemplo, escuché a un personaje, fascista – liberal expresando, en el programa de Viviana Canosa, que los peronistas somos “zurdos apestosos”, antes había expresado epítetos similares expresando sus ideas sobre las compañeras feministas y sobre todo aquel que no cree en sus delirios místicos liberales. Ese personaje, por demás patético, se llama Miley. Pero se podría llamarse Espert, Rosales, Baby Etchecopar o Susana Giménez. Todos cortados por la tijera de la intolerancia y la violencia.

La pregunta a responder es si la culpa es de ellos o nuestra. Como en toda tensión política, los resultados de la resolución de esa tensión son compartidos. Es obvio que esa construcción ideológica, propuesta por este sector, necesita visibilidad. Para eso tienen los medios hegemónicos. Pero, por defecto, logran otro espacio de visibilización: la naturalización y el poco repudio de los sectores populares. “no le des bola, es un loquito”, dicen los compañeros que tienen la función de “conducir” el espacio nacional y popular. Bueno, pienso en Videla, Agosti y Galtieri, todos loquitos… ya sabemos cómo termino eso.

Otros compañeros te dicen: “no pasa nada, son del PRO, así que están dentro del juego democrático”. Y ahí se me viene todo encima. ¿De dónde sale la idea que el PRO es una experiencia democrática de derecha? Me acuerdo que el director de “El Dipló” argentino, José Natanson, en el gobierno de Mauricio, decía que el ex presidente era la “derecha democrática”, mientras ese gobierno encarcelaba a Milagro Sala, Julio De Vido y Amado Boudou (y decenas más de compañeras y compañeros). Esas expresiones del “progresismo argentino” como José Natanson, están en el límite de la ingenuidad, pensar que la derecha puede ser democrática, y la cobardía, (la crítica al gobierno de Macri era tan suave que parecía un apoyo).

Entonces, hablando de progresismos, me dicen los posibles candidatos en la ciudad de Buenos Aires para estas próximas elecciones de medio termino y ahí comienzan a surgir nombres como el de Leandro Santoro, que claramente no es de derecha, pero, claramente, tampoco es popular. No es una crítica ni una desvaloración, es solo una descripción. Los militantes y dirigentes populares no pululan por los programas de Canal 13 diciendo que se van a “cagar a trompadas” con los compañeros de la misma fila; menos que menos andan jugando a la cocina con Diego Santilli, parte del gobierno que encarcelo a las compañeros y compañeras, parte del mismo gobierno que nos endeudo hasta los huesos.

Los y las candidatas representan a un sector político. Obviamente que entiendo que los Frentes electorales son amplios, Perón tenía dirigentes que viraban a la izquierda y/o a la derecha. Pero conducía Perón.

El problema que tenemos acá es que no tenemos una conducción unívoca, con lo cual es muy probable que la conducción sea caótica. Si la conducción es caótica entonces tenemos dos problemas. El primero es que no se distingue la conducción y, en segundo término, surgen pequeñas “conducciones” pseudo inorgánicas. Con lo cual en la base se genera un desconcierto permanente que determina una especie de acefalía en nuestro movimiento.

Mientras Larreta, Macri and company definen sus internas, nosotros esperamos y observamos como espectadores la quietud de nuestros dirigentes.

Estas elecciones son muy importantes en su resultado, pero más importante aun es el proceso de militancia que tenemos que realizar para salir de esta quietud insoportable. Porque la derecha avanza y cuando no le resulta lo planeado no retrocede, profundiza y gana terreno, inclusive terreno nuestro. La atracción de los y las jóvenes hacia personajes extremistas como Miley son entendidas por la inversión de los conceptos pre establecidos. Cuando Miley, o cuales quiera de estos personajes, hablan del PODER DE LA POLÍTICA, cuando dicen que todos los POLITICOS SON CHORROS, y etcéteras por doquier, invierten la ubicación del poder, para ellos: los dirigentes y militantes políticos son el poder y los empresarios ricos son carmelitas descalzas. Lo que logran es ponerse en una posición de lucha con los poderes, con lo cual es muy atractivo. Bueno, hablen con Santoro que piensa que el problema ético de nuestro país esta dentro de las filas del campo popular.

Para terminar, las elecciones son muy importantes, pero la verdad creería que no está bueno juntar votos poniendo candidatos alejados de nuestra concepción ideológica. Porque después se van, se corren, justifican con retóricos discursos sus “panquequeadas”.

Estoy convencido que se pueden ganar elecciones contándole al pueblo, de donde venimos, en donde estamos parados y para donde vamos. Seguramente recuperemos los bríos revolucionarios, porque cuando decimos lo que pensamos y actuamos como pensamos, siempre estamos disputando con el Poder Real, ese camino que nos marcaron Néstor y Cristina.