La vida está en este lugar naciente

Por Liliana Etlis.

Había una vez un mundo en otra parte del tiempo, donde algunxs consideraban que apapacharse, eran modos en que se comunicaban las miradas amorosas. Así el afecto y las emociones convivían bajo la forma de ritmos en palabras, en respiraciones, en símbolos, en lugares sonoros.

Con esa imagen me levanté hoy ensoñándome en esos amaneceres tranquilos que alguna vez comenté y antes de mover alguna parte de mi cuerpo y desarmar el aire templado, se me vino la idea de andar por los caminos del recuerdo durante este año tan onomatopéyico.¡”#$%&/(=)?!…

El efecto en la inmediatez fue misterioso. Tomando la estatura de los molinos de viento quijotescos, atravesaban los adentros de mi realidad interna con rostros encerrados en cárceles de la memoria, máscaras de oxígeno que se colocaban en la guerra de Irak las personas ante el terror a un ataque norteamericano aéreo, recorrí los pasos de mi abuelo escuchando Radio Moscú para enterarse qué ocurría del otro lado del pluriverso, enterándose más tarde que los nazis habían bombardeado su pueblito y que toda la familia quedó fragmentada en trozos de carne y huesos expandidos por los aires, la imagen de mis tíos durmiendo los 5 en 2 camitas chicas, las manos de mi abuela amasando la harina para estómagos vacíos, mi madre con el optimismo de que el mundo iría hacia otro sistema si cambiaban las estructuras, mi padre con el mameluco azul de Grafa al lado del torno que manejaba horas con el saturnismo circulando en la fábrica, mis amigxs desaparecidos y asesinados durante el terrorismo de estado. La Pandemia y su manipulación a través de los medios de in-comunicación.

Se juntaban todas estas imágenes en una sola, como si fuese el origen de alguna existencia desconocida, como si fuesen tejidos oníricos que fueron enlazándose en un profundo sueño que almacenaba momentos. Sentía un extraño malestar.

A medida que el reloj, muy similar a la pintura que Dalí expusiera al iris del planeta derretido encima de una mesa amarronada con otros, en distintos espacios donde la imaginación iba del lado de las transgresiones vividas, continué con mis sentipensares hacia la realidad más externa, mis plantas y las ideas ya saliendo de la ensoñación, esto es un pasaje desde el interior de mis vísceras hacia el exterior de mis percepciones mundanas. Ambas me ayudan generalmente a incorporarme a esta realidad diferente que experimenté este año, y así el contacto con esos pequeños proyectos desarmados y vueltos a acariciar, los que estaban dentro de esa botella liberada al agua tibia, con un mensaje escrito elaborado con letra de imprenta a mano, en tinta china casi negruzca, “libertad, justicia, soberanía, equidad”, botella liberada en un mar azul, muy azul, bellamente azul, infinito, donde la ternura continuaba viviente.

Conocí este casi año pandémico posibilidades de andar-andando por plenarios, reuniones, debates, conferencias y congresos, testimonios de profunda amistad y relatos consagrados, clases de yoga, performance, descolonialidad y por supuesto colonialidad del Conocimiento, del Saber, del Ser. Joyas que me pusieron en alerta de cuanto significó recorrer formas desconocidas.

La falta de abrazos y pieles me llevo de la mano hacia otras expresiones artísticas e ideológicas sumadas a las ya conocidas, las necesariamente Políticas. Ahora, en pleno comienzo del fin de este año tan diferente, sin embargo INSISTE la idea de desear un mundo mejor y que es posible si nos amuchamos en esos lugares placenteros de la batalla cultural.

Escribía Felisberto Hermandez:

La alegría existe porque sí, a veces existe cuando con menos motivos nos creemos para tenerla; a veces parece que ella solo busca su motivo y besamos al niño más mugriento de la calle y nos parece el más hermoso”.

Felisberto Hermandez

Momentos caleidoscópicos tal vez.

Ya desplacé en algunos silencios, esos cuadraditos que me significaban la geometrización del alma para poder volver a re-encontrarme con las oscuridades de las iluminaciones, construidas para mantener mis poros en una alerta ante no solo soluciones concretas sino ubicarme en un presente diferente, desahogado de algunas angustias, disfrazado tal vez de suaves arpegios. Enfrentando lo inverosímil.

Hoy los puentes son diversos, las redes, las comunicaciones por el celular con cámara, el zoom cuando ya nos acostumbramos a una entrecortada conversación de imágenes inmovilizadas. También están los otros de entendimiento y comunicación mutua y solidaria. Puentes firmes.

Los párpados fueron sutilmente re-significando espacios y tiempos. En las afueras donde los barbijos y las distancias son parte del paisaje en cotidianos traslados, he atravesado parte del miedo y estoy feliz de volver a escribir en este espacio. Construiremos más Justicia. Más Libertades. Más soberanías. Más equidades.

Buen comienzo del 2021.