La victoria cultural

Por Oscar Rodríguez.

Álvaro García Linera suele decir que las derrotas políticas, electorales, están precedidas por una derrota cultural.

La tan mencionada batalla cultural, o mejor dicho el manejo de la subjetividad para crear sentido común, es una práctica que ha perpetrado la derecha de manera eficiente.

Analicemos a partir de lo dicho, el relato de la historia que venimos absorbiendo desde pequeños, no creen ustedes que ese relato, es un buen recurso de distorsión educativa y uno de los más efectivos ya que opera desde nuestra corta infancia.

Max Weber definía a la dominación como:
“Un estado de cosas por el cual una voluntad manifiesta del dominador o de los dominadores, influye sobre los actos de otros, de tal suerte que en un grado socialmente relevante estos actos tienen lugar como si los dominados hubieran adoptado por sí mismos el contenido del mandato”

Esta enajenación pretendida por la educación primaria y secundaria recibe su aporte de los medios monopólicos de comunicación. Combo perfecto!!

El acceso al conocimiento verdadero de nuestra historia fundante como Patria es una barrera a la pretensión de perpetuarnos como colonia por parte del poder económico mundial.

De esta manera, las luchas americanas por lograr la “independencia de España” fueron un verdadero fracaso, porque no consiguieron el objetivo de conformar una gran nación hispanoamericana, los diferentes países que surgieron cambiaron la dominación política de España por la dominación económica de Gran Bretaña.

Todas ingresaron a la gran economía mundial como productores de materias primas y mercados para los productos manufacturados.

A partir de la falsificación de la historia lograron una subordinación ideológica cultural, logrando de esta manera la primera victoria cultural, nos hicieron creer que nos erigimos como “naciones independientes”.
Hoy seguimos sometidos a los grupos concentrados del poder económico. Y como no podía ser de otra manera siguen manejando la generación de sentido común.

Juan Grabois en su último discurso en público planteó que Alberto Fernandez debe gestionar para que haya menos pobreza, y reclamó el salario universal.

Ahora lo curioso de esta situación es el planteo que hacen propios y extraños, ¿de dónde sale ese dinero?. El problema es el déficit fiscal, entonces no se puede generar mayoir mayor déficit. Si esta es una preocupación de los mercados, no generemos que los mercados se pongan nerviosos.

Esto tiene que estar financiado por los ganadores de siempre, a través de un impuesto a las grandes fortunas, se plantea entonces una cuestión político-ideológica de la puja distributiva.

Hay que generar una redistribución que balancee la pérdida de poder adquisitivo, los sectores especulativos que están apostando a una devaluación no liquidando la cosecha deben sentir el rigor de la ley.

Ante esta situación debe plantearse un debate político, en cuanto a la propiedad de la tierra.

Parte de la victoria cultural de estos grupos concentrados de poder es la poca resistencia que tuvieron en los repartos de tierra de la mano de Rivadavia a partir del empréstito de la Baring Brothers. Las extensas tierras fiscales se hipotecaron como garantía de pago de la primera deuda externa, como no se las podía vender al estar hipotecadas se arrendaron a terratenientes que se adueñaron de grandes extensiones sin pagar nunca por ellas y sin tener una obligación de hacerlas productivas.

El principio de la concentración de la riqueza por estos pagos, hoy la continuidad se observa en la especulación en la liquidación o no de la cosecha. Y la continuidad de las prebendas del gobierno en seguir otorgándoles beneficios económicos.

¿Qué pasaría si dejáramos de darles créditos en pesos a estos sectores? Encima esos pesos que se les da les sirve para atentar contra el peso.

Las propias políticas hacen que la concentración sea cada vez más grande.

No se desmonta la especulación, no se les sube las retenciones, no se discute la propiedad de las tierras, no se les confiscan los granos.

5500 productores concentran el 60% de la superficie cultivada, ¡vaya concentración!

¿Podemos poner en dudas que estas cuestiones son altamente debatibles?
¡Por supuesto que NO!

Entonces, ¿por qué se presenta como un hecho inevitable el ajuste eterno?. ¿Por qué no presentamos la discusión a partir de, cómo hacemos para que la distribución se dé de manera tal que los que no llegan a fin de mes puedan llegar.

Cambiar el eje de discusión,por ejemplo llevarla al punto de plantear que el estado les cobre a aquellos que ganan por culpa de una pandemia o una guerra, un impuesto para ayudar a aquellos que se caen del mapa por culpa de la misma pandemia y la misma guerra.

En cambio caemos en el debate o la discusión que para bajar el déficit fiscal hay que caer en un ajuste sobre la clase trabajadora.

El sentido común que generaron, nos lleva a pensar que el estado gasta demasiado.

El estado gasta demasiado!! Esto genera déficit, por lo tanto hay inflación. Y el eje de discusión ronda en este sentido, llevemos pues la discusión de ver cómo hacemos para terminar con los sectores especulativos, cortando el déficit y cobrándole un impuesto a los que se benefician de momentos como este.

La victoria cultural que obtuvieron nos lleva a pensar que en la economía hay que hacer cosas si o si, no queda otra que aceptar algún tipo de ajuste.

Incluso nuestros propios compañeros creen que el ajuste es inevitable, ahora lo que estamos discutiendo es quién reúne las condiciones políticas para llevar adelante el ajuste, el nombre que aparece es Massa, aquel que puede llevar adelante la continuidad del saqueo tomándolo como algo natural, algo que se tiene que dar. Es inevitable!

Planteemos una insubordinación dialéctica que nos lleve a revertir lo culturalmente impuesto. Romper el sentido común sobre donde poner el eje del debate, pongamoslo sobre la riqueza y no sobre la pobreza.

Vayamos por el planteo de una nacionalización del comercio exterior, manejar nuestros propios recursos, discutir la propiedad privada, el derecho de explotación de las tierras que fueron entregadas a aquellos terratenientes que se beneficiaron a partir de las especulaciones políticas y económicas de Rivadavia.

Presentemos una revolución cultural que nos permita de una vez por todas lograr la independencia que comenzamos a buscar desde 1810.