La vergüenza de haber sido

Por Pablo Rizzi.

Otra noche de desvelo, otra madrugada viendo el amanecer, otra vez la televisión encendida como puente entre un día y el otro. Otro informe meteorológico.

Al hombre del informe meteorológico lo llaman Jopo, alguna vez fue joven y tenía un gran Jopo en su cabeza, y hacia radio en la radio del momento. Todos éramos jóvenes entonces, y esperábamos el programa donde él aparecía porque se llamaba Malas Compañías, y a esa edad no hay nada más interesante que lo que se experimenta con las malas compañías. Desde el nombre había cierta rebeldía, cierta filosofía rockera de pararse en la vereda de enfrente, aunque todo fuera un producto más para un mercado que sabíamos que existía, pero nos sentíamos inmunes porque está bien, son las reglas del juego y a todos nos gusta jugar. El conductor del programa realmente había generado un quiebre generacional en la calidad y la técnica de la producción y su record de audiencia había llegado hasta los premios Guinnes.

¿Dije Filosofía Rockera? Bueno, No es en verdad una filosofía, claro. La llamada filosofía rockera de pararse en la vereda contraria desde dónde cuestionar la realidad, podría ejemplificarse fácilmente con dos canciones de Fito Paez.  Hay veces en que hay que «estar sentado al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa»; y otras en que «hay que salir a pelear, hay que salir a luchar, hay que volver a encontrar todas las cosas divinas, defender el lugar». Claro el problema es decidir en qué momento tomar una actitud u otra. Dicen que cuando eso no queda claro, te volvés trosko.

Hace una semana atrás el rebelde conductor de ese exitoso programa, ahora exitoso empresario, insultó y llamó imbéciles a los políticos que sancionaron una ley para el teletrabajo. La vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser.

En la tele Jopo dice que vienen días soleados con una gran amplitud térmica. Te levantás con tres grados de temperatura y al mediodía andás con la campera y el pullover en la mano. Jopo bromea, «falta más de un mes para la primavera y el clima invita a abrir las ventanas, ventilar las casas, poner música y bailar y cantar como Blancanieves, dejando entrar a los animales del bosque en el cuarto mientras…»

Son tiempos de pandemia y el clima invita a romper el aislamiento preventivo obligatorio, salir a correr de noche en los parques y plazas de la ciudad y el conurbano… me pregunto ¿qué haría Blancanieves?

Ahora en la tele hablan de un reconocido actor, Luis Brandoni, que convocó mediante un vídeo a romper el aislamiento preventivo y obligatorio que salva vidas el próximo feriado, como un embajador del tiempo con demasiadas primaveras encima. Brandoni actúa, y actúa mal, se emociona al final diciendo «Viva la patria eh!» cuando se identifica con un partido político que puso a la patria de rodillas, que le pidió perdón por la independencia al rey de España y entregó reservas de oro como garantía de una deuda externa nunca vista a Gran Bretaña.

Brandoni hizo campaña por, y defendió y apoyó hasta el ridículo a un presidente contrabandista, evasor fiscal de Panamá Papers, deudor incobrable, empresario parásito del estado y presunto jefe de una banda de espionaje ilegal y extorsión, que en este momento de crisis pandemia se fue a hacer de turista a Europa luego de visitar a un par contrabandista con pedido de captura de Interpol en Paraguay.

Y en medio de una pandemia, Brandoni con el mismo cinismo de su personaje en «Esperando la carroza», invita a convocarse bajo la figura del General San Martín, que se debe estar revolcando en su mausoleo. Y actúa mal, abusando de su imagen de viejito frágil, emocionado por un ideal patriótico que no puede definir (porque no tiene registro real) pero que va a salir a buscar mientras espera la carroza.

Si hubo alguna vez un Brandoni rockero parado en la vereda de enfrente, actuando con valentía desde una posición crítica en medio de una dictadura, todo eso ha quedado en el pasado, y hoy es parte de la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser. Hoy Brandoni es otra cosa.

Ah, por algo me aparecía la imagen de Blancanieves; Luis Brandoni se nos presenta como la bruja, con voz temblorosa y contenida emoción ofreciéndole al incauto la manzana envenenada de la defensa de las instituciones, las mismas instituciones que corrompió Cambiemos, mientras convoca a una reunión en donde habrá como siempre miembros de partidos nazis, gente que agrede a periodistas, pubertarios varios, antivacunas, gente que repite «demonio, demonio, demonio», y cualquiera cuyo celular tenga más conexión que sus neuronas.

Y Cambiemos no defiende nada. Cambiemos ataca y cuestiona las instituciones democráticas y republicanas. Cuestiona al gobierno nacional cuestiona al gobierno provincial, cuestiona al Ministerio de salud, cuestiona a la Organización Mundial de la Salud, cuestiona la responsabilidad institucional, sobre la cual intenta aplicar una responsabilidad individual para después echar la culpa al estado de los desastres provocados por la responsabilidad individual que ni Cambiemos ni Brandoni no pueden asegurar.

Este lunes Luis Brandoni convoca a esperar con él la carroza, y multiplicar el número de contagios y muertes como hizo Cambiemos el 9 de julio. Talvez tenga éxito, y en dos o tres semanas finalmente la carroza llegue.