“La verdad es la verdad”

Por Jorge Pardés.

La gélida noche de principio de junio en Buenos Aires no impide que un grupo de entusiastas fumadores nos amuchemos en la entrada del bar a ejercer esa práctica que nos define.

La camaradería y la algarabía son el correlato del festejo de la premiación recibida por el noticiero y la radio en la que me desempeño, que otorgaron los trabajadores de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a distintos medios de comunicación populares.

Esos medios que protagonizan este tiempo histórico de resistencia al avance desmesurado de los medios hegemónicos y monopólicos que amparan y acompañan activamente el saqueo que vive nuestra Nación.

Adentro el resto de los trabajadores del pequeño multimedio popular, los amigos y familiares del director,  no parecen sentir el frío, ayudados por las cervezas artesanales y las papas rústicas que trae la moza sin cesar

Observo atentamente a ese juez de la nación, corpulento y locuaz que orgullosamente ostenta la paternidad del fundador y director de los medios premiados, motivo del festejo.

Sorpresivamente se dirige a mí: – Hermosa jornada, se te veía muy contento-  me dice y busco en mi cabeza el modo de no desperdiciar la oportunidad de preguntarle todo lo que me gustaría saber

Es el juez que  declaró la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, y restituyó a los primeros menores apropiados durante la dictadura a sus familias. Fue abogado de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

Las imágenes se suceden a velocidad de la luz por mi cabeza, el registro de estar junto a quienes protagonizaron la historia y acceder a su relato.

Balbuceo una respuesta formal, no alcanzo a sugerir el tema de mi interés.

Alguien le pregunta acerca de la restitución de los nietos.

Dentro del bar siguen las charlas. La música caribeña, las cervezas. Afuera el frío y las copas ya vacías, los cigarrillos fumados y mi temor de perder la oportunidad de saber, a ciencia cierta, la historia contada por quien protagonizó aquellos primeros pasos, de lo que luego se convertiría en una de mis luchas más tenaces,  la recuperación de la vigencia de los derechos humanos fundamentales.

El juez hace un silencio sugestivo, cambia su semblante y parece encontrarse en su terreno.

Posa su codo en una de las mesas altas que a cada lado de la puerta de entrada  del bar esperan vacías la llegada de noches más habitables a la intemperie. “Creo que como juez es lo más grande que hice, y fueron las únicas veces que creí en la Justicia y que creí que la Justicia podía hacer algo” comenta  ensimismado en el recuerdo.

Es ahí que surge la magia, el silencio expectante se instala entre los presentes. Y pasa un ángel, se hace leyenda y se convierte en amor, canta el autor cubano, y pasó un ángel

Él se preguntaba qué era lo más justo para los niños. Se planteaba el terrible sufrimiento que significaría para ellos saber que quienes habían creído durante toda su vida que eran sus padres, no lo eran.

Más coloquialmente, menos ensimismado, cuenta que en el living de su casa, con la presencia de las históricas abuelas,  con Chicha Mariani, consultaban con psicólogos y psiquiatras pero sus respuestas no lo convencían. Sus niños jugaban y correteaban por esos lugares, el más chico comía caramelos, entonces, le planteó su dilema a su hijo de doce años, quien le respondió: “Mirá papá: la verdad es la verdad”.

Concluyó su reflexión, permitiendo que los interlocutores nos hiciéramos una imagen de la profundidad del relato reconociendo que con el tiempo llegó a valorar la importancia y la trascendencia de esa respuesta de su hijo mayor, “lo importante que es para un chico saber que no le mienten”; cuanto más, para chicos que han estado desaparecidos y que esa verdad es nada menos que su propia identidad. “Es imposible imaginar lo inmenso que uno devuelve al restituir a un niño su identidad y su verdadero origen” afirmó

El juez pegó media vuelta y dio por terminada la charla, con amabilidad y tino nos condujo hacia adentro del bar a seguir celebrando entre compañeros y familia un día especial.

El sabor de lo profundo quedó en mi memoria junto a cada palabra. Aquel niño de 12 años, hoy también juez de la Nación, celebró nuestro regreso a la mesa y lucha como su padre por una Justicia legítima. El más pequeño, dirige una radio y un noticiero por WhatsApp que lucha cada día por la memoria, por la verdad, por la justicia y la libertad.

Pavada de familia.