«La única verdad de la Cultura Argentina: la calle, el cordón y la vereda»

Por Luciana Hidalgo.

Había una vez una fiesta del pueblo trabajador, que se festejaba el 1ro de mayo. El tiempo pasó y, predicho por el Papa que se hizo llamar Francisco, comenzó la tercera guerra mundial en cuotas por los puestos de trabajo. Así fue cómo, aquellos que debía cuidar el trabajo del Pueblo, en unidad con los medios monopólicos de desinformación, armaron un nuevo corso. Bajo la consigna de «La batalla cultural» dedicaron sus días a hablar de los presos, sus condiciones de hacinamiento, de su liberación, de los cacerolazos de la gente, etc.

Entonces, un martes lluvioso de cuarentena obligatoria, salís a las 20hs a comprar por tu barrio y te encontras con un hombre que revuelve la basura buscando comida, caminas otras dos cuadras y te encontras con otro hombre que está durmiendo en una vereda, fue así como quedó en evidencia que la ineficiente y deficitaria irrealidad de la virtualidad no puede definir las políticas ni los debates públicos de una Nación.

Las calles, los cordones y las veredas de la Argentina, nos viven enseñando que no es posible vivir en una batalla cultural permanente, las luchas por todo constantemente han destruido el ser nacional. El ser nacional que cuando mira a otro compatriota lo quiere ayudar, en vez de gritarle que se ponga un barbijo porque nos va a contagiar a todos.

Nos encontramos ante un momento bisagra en nuestra historia, veníamos teniendo vidas desenfrenadas, sin tiempo para los más queridos, sin paciencia para los vínculos más importantes en nuestras vidas, llevándonos puestos entre nosotros mientras caminábamos por once, sin hacernos chequeos médicos, sin tener paz. Cuando llegó esta cuarentena teníamos la oportunidad de reflexionar en todo ello, mirar qué mal que vivíamos y qué podía ser mejor al reanudarse el poder salir y volver a las rutinas. Luego de más de 40 días de pandemia volvemos a tener innumerables consignas de enfrentamientos. Es necesario frenar. Me acuerdo que un día, luego de un accidente vial que tuve que me obligó a estar 75 días en silla de ruedas en mi depto. de primer piso sin poder salir al exterior, una compañera me dijo: «No siempre avanza el que camina, moverse no siempre tiene que ver con apoyar los pies en el suelo». Les traigo esta reflexión porque a raíz de la misma, pude poner en marcha mi microemprendimiento, hacer comunidad y aprender mucho de mí y de los demás.

Vamos a sobrevivir a esto, se va a volver a la rutina, y lo que se viene va a depender de lo que estemos dispuestos a reflexionar. Reflexionar no es algo que se hace en un minuto, como los videos que se permiten publicar en Instagram, el hecho que te importe algo no es hacer un clic, como ahora habilita las reacciones de Facebook. La realidad siempre supera la ficción. Quienes transitamos el camino de la política sabemos perfectamente que aquellos que sólo anteponen sus intereses individuales van a hacer hasta lo imposible para que nos distraigamos, con los presos, con La Batalla Cultural, con negar la importancia que tiene la dignidad humana. La realidad es que estamos encerrados en nuestras casas, y no sé cuántos de nosotros habremos reflexionado sobre si tenemos una casa habitable o no. Los comunicados que describen la realidad en los barrios lo reflexionaron «acá es peor el hacinamiento que el aislamiento, con casas que no tienen agua potable, el dengue viene siendo mortal».

La Cultura es esa red que conecta lo social, lo político y lo económico, sin duda que aquellos que tienen la profesión de sanitaristas son los que más comprenden que ninguna condición de vida es poco importante cuando se habla de la salud. Así sucede también en la economía, si no tenemos para comer, no podemos permanecer encerrados. Este es un tema que venimos hablando desde el primer día de pandemia, y sigue sin resolverse. Las faltas de decisiones políticas van a marcar el accionar de lo que se viene, porque aquellos que entendimos que esto depende de cuánto nos involucremos, no vamos a estar dispuestos a mirar para otro lado. Las ansias de trascender que nos caracteriza como peronistas, nos hace pensar en qué mundo le vamos a dejar a las generaciones de nuestros hijos y futuros nietos. Cuando ellos indaguen en qué fue lo que hicimos, queremos que sientan orgullo. No vamos a Batallar, vamos a construir, construir un pueblo con poder transformador, como decía Néstor, y lo vamos a hacer con el bastón de mariscal del que nos habla Perón en todo lo que nos dejó, no vamos por menos.