La tristeza más profunda

Por Pablo Pérez.

Escuchá «La tristeza más profunda» acá.

Hoy les quiero contar una historia que duele y que a veces valen más que mil marchas.

Es sobre el corona virus, mientras algunos parece no importarles las muertes y el número crece día a día, la situación en los hospitales se complican y los profesionales de la salud dejan todo y un poco más, otros abren más actividades.

La historia es de Juan Carlos un compañero taxista, de los buenos, peronista, amable generoso con los pasajeros y los colegas esos de los buenos de los que ya quedan pocos.

El hijo de su pareja Walter (de 47 años) tesorero de una bicicletería, al inicio de la cuarentena la empresa no le permitió realizar su trabajo desde la casa y como nos pasa a todos los trabajadores la obligación de ir a trabajar por no ser despedido nos lleva a no poder elegir y exponernos. Al poco tiempo le diagnosticaron una neumonía y lo mandaron a la casa, Walter empeoró lo internaron por corona virus en Ituzaingó (sistema privado de salid).lo trataron con plasma y respirador pero no fue suficiente y falleció, a la madre le devolvieron una urna con las cenizas de su hijo, esto ocurrió en la semana de la marcha por la libertad (por la libertad de morir, la libertad de dejar a una familia destrozada).

La marcha en la que el ex presidente desde sus eternas vacaciones felicitaba a los que participaron de esa marcha. Claro estos canallas no tienen la necesidad de arriesgar la vida por pagar la olla.

¡Basuras! No somos números. Dejen de utilizar la pandemia políticamente, llámense a silencio y a ustedes les digo que entre ustedes y yo hay algo profundamente personal.