La templanza en el ejercicio de la gestión política

Por Alessandra Minnicelli.

Mi tema de trabajo en derecho ha girado siempre sobre las políticas públicas y las acciones positivas desde el Estado, es hoy un momento de reflexión necesaria sobre ellas, desde la mirada que los informa, que son los principios generales del Derecho.  Dice de ellos Manuel Rebollo Puig

“Los principios generales del derecho son las ideas directrices de un ordenamiento jurídico, las que inspiran, orientan, relacionan y estructuran sus distintos elementos.”[1]

Manuel Rebollo

Los principios generales, máxime cuando se proyectan al derecho administrativo o se gestan en el ámbito de esta disciplina, no pueden prescindir del fundamento que preside las relaciones que se enhebran entre los ciudadanos y el Estado. En su problemática cobran trascendencia las distintas fuentes positivas de producción del sistema normativo, así como la justicia material, cuando se procede a integrar los principios generales en la solución del caso mediante un proceso de heterointegración (en el supuesto de carencia histórica de normas).

Las diversas instituciones jurídicas de derecho público de los distintos países y las diferentes circunstancias históricas, sociales, culturales, de los distintos Estados, hace que algunos Principios Generales del Derecho sean comunes, otros se nominen igual, pero que debido a los valores y fines que subyacen en cada ordenamiento jurídico, no tengan aplicación uniforme, incluso “subiendo el nivel de abstracción”. Existen específicos principios generales en Argentina, distintos en su vigencia y aplicación que, en España, por ejemplo.

Esto es tan así que Rebollo Puig expresa:

“Ni la división de poderes, ni el principio de legalidad administrativa …. pueden ser entendidos ni aplicados si no es en relación con la finalidad misma del Estado y de la administración y esto a su vez está condicionado y condiciona los valores de que se parte y a cuya realización se aspira y por una cierta, aunque difusa, jerarquía en esos valores” [2]

Rebollo Puig

Para captar inicialmente el sentido de lo que constituye un principio general puede acudirse, en una suerte de analogía, al pensamiento de ORTEGA, quien sostiene que existe una conexión entre ideas y creencias que se asemeja a la que hay entre conocimientos y certidumbres. Quien “cree” posee certidumbre -agrega- precisamente porque él no se la ha forjado. Le viene de afuera. Las ideas, en cambio, las adquiere el hombre en contacto consigo mismo y con el mundo, es decir, con la realidad.

En esta visión orteguiana, hay mucho del pensamiento griego de Sócrates y de Platón, en el sentido de que las ideas son algo que el hombre descubre dentro de sí mismo. Recordemos que la filosofía clásica, ponía el acento en el tema “ontológico” (el conocimiento del “ser”), en tanto que la filosofía contemporánea (desde Descartes hasta Popper, exceptuando a Heidegger que retoma el pensamiento clásico), enfoca el problema en lo gnoseológico (las ideas, el pensamiento, el saber).

Mientras Sócrates se basaba en la persona (el objetivo del filósofo debía ser descubrir la verdad dentro de sí mismo), Platón retoma su pensamiento proyectándolo al saber. En esa proyección al saber se perfecciona la dialéctica (el método de la argumentación y discusión para arribar a la verdad o a la solución justa).

El idealismo platónico, por una parte, afirma que las ideas existen independientemente de las cosas. Pero las cosas (el mundo sensible) sólo existen en cuanto participan de las ideas, de ahí que el idealismo sostenga que la cosa no pueda existir sin la idea (la idea constituye el modelo ejemplar de las cosas).

La reacción de Aristóteles es conocida: rechaza la comunidad entre ideas y cosas y propone el realismo que más tarde retoma Santo Tomás, adaptándolo a la filosofía cristiana. En síntesis, para el realismo lo que tiene existencia independiente no son las ideas sino las cosas. Las cosas son universales y las ideas individuales (tengamos presente también, que, para Aristóteles, el ser se presentaba como sustancia y como atributo: sustancia es lo que el ser es en sí mismo, en tanto que atributo, es la forma en que caracterizó a ese ser -alto, bajo, lindo, feo).

El pensamiento de Platón constituye, en cierto modo, un antecedente útil para encuadrar los principios generales en cuanto afirma que el conocimiento de las ideas es un conocimiento a priori (independiente de la experiencia, lo que no implica que se arribe a él al margen de la experiencia). Se trata de un conocimiento universal y necesariamente válido; algo similar a la certidumbre o creencia en Ortega (téngase presente que los principios “informan” al derecho. El derecho, como realidad normativa, estaría guiado, en la teoría, por los principios generales que son una creencia previa, surgida de una comunidad, en un ámbito dado).

Siempre desde distintas visiones y posiciones ideológicas se ha tratado y construido el debate “permanente recurrente” sobre los Principios Generales del Derecho, la dependencia ideológica lo es desde lo cultural como lo es en definitiva el derecho, “el Derecho nace y vive en un contexto histórico, geográfico político y, en definitiva, cultural.”

En consecuencia, es diverso el valor y la finalidad de las normas que conforman el derecho que rige en determinado momento en un país. Es por ello que “los principios sostienen las leyes”, le dan sentido y ayudan a conformar una unidad.

Los principios generales guardan estrecha relación con la justicia o con el derecho natural, en el que encuentran su fundamento, siendo conocimientos que se asemejan a creencias indiscutibles, forjadas desde afuera de la persona, en las que todo el mundo cree. Los principios existen por sí mismos y con carácter previo a la realidad normativa.[3]

Pero “Son principios de derecho, o sea jurídicos, no meta o extrajurídicos. Son jurídicos por la realidad a la que se refieren e inspiran y por su propio contenido. No son principios éticos “.[4]

Sin embargo, no obstante el auge que tuvieron las corrientes iusnaturalistas durante el siglo pasado para la justificación de los principios (toda vez que los mismos no se derivan de normas formales, sino de valores), en la actualidad nos encontramos con un escenario doctrinario caracterizado por una notable diversidad de corrientes que pretenden justificar el origen de los principios por afuera de los valores clásicos del derecho natural, desde concepciones positivistas hasta metapositivistas y eclécticas, o bien, transpositivistas.

Llevados al plano de los poderes, los principios constituyen el fundamento de los derechos o garantías que facultan al Estado y a los particulares a invocarlos en los procesos judiciales y obtener así la tutela jurisdiccional de las situaciones jurídicas subjetivas. Por cuanto “El ordenamiento jurídico no es una serie de mecanismos formales que funcionan al margen de sus fines, sino que están a su servicio y valen en cuanto contribuyen a cumplirlos “.[5]

Tanto es así que el Dr. Rodríguez Arana[6] sostiene que los principios generales son principios que hacen presente y operativa la idea de justicia. Y que la encarnación principal de la justicia en los principios nos permite seguir alimentando la esperanza de que el derecho administrativo siga siendo el dique de contención, por una parte, del poder incontrolado, del poder irracional, del poder que se sale de los cánones de la moderación y la templanza con los que se debe ejercer en un Estado de Derecho.

Los principios generales permiten desde una perspectiva positiva, configurar un derecho administrativo en el que las instituciones, categorías y conceptos, reflejen la racionalidad, la objetividad y el sentido de servicio al interés general que de ellos se espera.Depende, como sostiene Martin Rebollo de los “intereses en juego”  en esa sociedad, en ese momento determinado porque, como sostiene el autor, “el que usa el derecho no lo usa por razones estéticas o criterios altruistas sino en defensa de unos intereses“.

Y como los principios generales del derecho que apelan a valores sustantivos para interpretar las normas (ej.: igualdad, seguridad jurídica, derechos fundamentales), hablar de principios de derecho es hoy “hablar de principios y valores constitucionales “. Los principios y valores constitucionales los que conforman el sustrato axiológico valorativo que permite aplicar el ordenamiento jurídico para alcanzar la idea de justicia.

Desde una perspectiva positiva, se trata de configurar un derecho administrativo en el que las instituciones, categorías y conceptos, reflejen la racionalidad, la objetividad y el sentido de servicio al interés general que de ellos se espera es , es por ello que en la gestión política , es decir en la búsqueda y concreción del bienestar general de nuestra comunidad debe saltarse la barrera de la moderación y la tolerancia porque no son valores configurativas de acciones positivas desde el Estado.


[1] “Los principios generales del derecho” en Los Principios Jurídicos del Derecho Administrativo – Director Juan Alfonso SANTAMARÍA PASTOR-  La ley Grupo Wolters Kluwer –Año 2010 – pág. 1525.

[2] REBOLLO PUIG ob cit pág. 1526.  

[3] La idea cultural del derecho, como expresa el Dr. Luis Martin REBOLLO PUIG en Sobre los Principios Generales del Derecho: Una reflexión moderadamente critica en Los Principios Jurídicos del Derecho Administrativo, supone que los principios nunca son previos o anteriores al derecho, sino que “emanan de la realidad social. pág. 1511.

[4] REBOLLO PUIG ob cit. de allí el carácter estructural y vertebrador que les reconoce.

[5] REBOLLO PUIG ob cit pág. 1530.

[6] Jaime RODRÍGUEZ ARANA MUÑOZ – Los principios Generales en la Jurisprudencia Administrativa en el Derecho Administrativo Español – Ponencia VII Foro Iberoamericano de Derecho Administrativo – Valladolid y Salamanca-Septiembre 2008.