La relevancia de la economía del conocimiento ante el desafío del nuevo paradigma productivo postcovid

Por María de los Angeles Apólito. Subsecretaria de Economía del Conocimiento del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.

El COVID-19 ha obligando a los gobiernos, las empresas y las sociedades a fortalecer su capacidad para hacer frente a períodos prolongados de autoaislamiento económico y social. Este aislamiento será intermitente hasta tanto se encuentre una vacuna o tratamiento exitoso.

La pandemia ha puesto de manifiesto por un lado la alteración de los principios básicos de la manufactura mundial y, por otro lado, el imprescindible e insustituible rol del estado. La crisis del COVID evidenció que las cadenas de suministro y las redes de distribución globales son profundamente vulnerables a las interrupciones aparejando no sólo efectos económicos inmediatos sino que en el mediano plazo conducirá a cambios radicales en el modelo productivo.

La Economía del Conocimiento es el conjunto de actividades que aprovechan de manera intensiva recursos humanos calificados y tecnologías derivadas de desarrollos  científicos tales como el software, producción audiovisual, biotecnología, nanotecnología, servicios profesionales de exportación, impresión 3D, industria satelital, bioingeniería, entre otras.

En este contexto actual y futuro, los sectores que componen la Economía del Conocimiento se encuentran cumpliendo un rol fundamental en la búsqueda de soluciones que contribuyan al abordaje, contención, educación, control del aislamiento, ocio hogareño, alternativas de tratamiento y mitigación del Coronavirus COVID-19.

Argentina cuenta con un sector importante de su industria basada en las actividades de la economía del conocimiento que ha podido dar respuesta de manera contundente a la demanda de necesidades e insumos críticos para afrontar la pandemia.

Entre los ejemplos más salientes cabe destacar:

– los aportes referentes a la fabricación de equipamiento médico mediante la bioingeniería como respiradores para terapias intensivas.

– el monitoreo sanitario mediante el desarrollo de software como es el caso de la app CUIDAR.

– el análisis de grandes datos (big data) para modelizar situaciones postcuarentena

– el uso de tecnologías de impresión 3D para reemplazar piezas claves en el equipamiento médico y otros insumos

– la aplicación de software para la trazabilidad de las muestras y testeos

– el uso de biotecnología en el desarrollo de kits diagnósticos y vacunas

– la biología molecular para los tratamientos con plasma de pacientes recuperados

– las plataformas de ecommerce como nueva forma de comercialización de empresas

– la creatividad para contenidos audiovisuales que se adapten a los nuevas plataformas de difusión.

Asimismo, la Economía del Conocimiento tiene injerencia directa en ciertos campos esenciales para el manejo de la pandemia Covid-19 como es el teletrabajo y la educación a distancia que se han convertido en una de las principales soluciones para responder a las limitaciones de circulación, área donde el desarrollo de software y de distintas plataformas generan recursos para hacer más eficientes los procesos de trabajo y de aprendizaje, garantizando la continuidad laboral y educativa.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo las empresas dedicadas a estos sectores han aportado soluciones en este marco inusual al que nos enfrenta la pandemia como sociedad. La lección que se debe aprender es que se necesita reorientar recursos, reinventar áreas de I&D que generen resultados aplicables a la industria, adaptar planes de contingencia, aumentar personal calificado en todas las áreas y colocar las nuevas tecnologías al servicio de la salud y otros servicios esenciales como la educación, la atención de personas mayores, el acceso a la cultura de manera on line.

Las actividades que se promueven a partir de la Ley de Economía del Conocimiento, cuya modificación ha obtenido media sanción de la Cámara de Diputados recientemente, serán fundamentales en la etapa de reactivación y  merecen de una política y estrategias de promoción específicas para relanzarlas a la luz de los desafíos que se plantean en un nuevo contexto que reconfigura el modelo productivo global.

Los cambios propuestos en esta ley son la flexibilidad en los criterios para que ingresen las micro,  pequeñas y medianas empresas, la incorporación de  una perspectiva federal y de género; la creación de un fondo específico para promover actividades especialmente aquellas destinadas a capacitación.

En este sentido,  la modificación de la Ley de la Economía del Conocimiento contribuirá  -mediante los incentivos  que plantea – a que las empresas argentinas se sumen al cambio de paradigma productivo que nos deja el mundo postcovid. La voluntad del gobierno de apoyar al sector de la Economía del Conocimiento sigue intacta y se ha renovado a luz de esta emergencia que ha manifestado que estas actividades son claves para generar soberanía tecnológica y sanitaria; sustituir importaciones claves; reconvertir sectores industriales tradicionales, motorizar exportaciones y sostener empleo de calidad.