La política de la distribución

Por Julio De Vido (h).

Recta final de la contienda electoral primaria que definirá quiénes serán los candidatos a representantes por el pueblo y algunas provincias para el periodo 2021-2025.

Como bien anticipamos en esta sección, poco se habló del sector agropecuario a pesar de capitalizar este buena parte de las hostilidades hacia el gobierno y el gobierno, a su vez, concentrar el paquete de medidas “anti inflacionarias”. 

Sin embargo, lo que hasta en un momento parecía una alianza estratégica entre Desarrollo Productivo y Agricultura comenzó a desmembrarse y el canal de diálogo que unía ambos ministerios a quedarse vacío de mensajes, así es como una sector de la industria frigorífica cohesionado se hizo fuerte y comandó la vuelta a la exportación que tantas idas y vueltas tuvo en estos ocho meses transcurridos del 2021.

Las medidas anti inflacionarias, justamente antes mencionadas, giraron alrededor del abrupto cierre de exportaciones que tuvo lugar en mayo, que resumido generó una baja en la categoría vaca conserva o industria acompañado en menor medida por el resto de las categorías, claramente estas bajas en el kilo vivo no fueron de la misma magnitud de las vistas en las carnicerías y puntos de venta a lo largo y ancho de nuestro país. 

El índice general del Mercado de Liniers, que es aquel que se calcula como el promedio de todas las operaciones en pie efectuadas en un determinado día, llegó a verificar caídas máximas de un 25% desde que se anunció el cierre de exportaciones. Sin embargo esto no se vio en la misma magnitud en las góndolas y/o heladeras de los puntos de venta. 

Claro que no se iba a ver ya que los costos asociados a la venta minorista conllevan una multiplicidad de factores adicionales que no hacen solo al precio de la media res, insumo más inmediato al punto de venta antes mencionado. La dinámica inflacionaria es mucho más amplia de lo que se busca explicar desde algunos sectores, en este caso se apuntó a evitar una disparada de la proteína animal más demandada de nuestra población, objetivo parcialmente cumplido en el corto plazo.

En el marco de esta tormenta pre electoral que acecha al gobierno, la cual puede ser controlada o convertirse en un huracán después de las elecciones, comienzan a abrirse los distintos canales de diálogos internos y externos para delinear los últimos dos años de mandato de esta versión del Frente de Todos. 

Desde una perspectiva simplista, pero para nada menor, el debate gira alrededor de cuál es el modelo de país que se busca moldear con los 23.229.238.627 dólares liquidados por el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) y Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), entidades que representan el 48 % de las exportaciones argentinas. Como así también los 634.000 millones de pesos recaudados por derechos de exportación en lo que va del 2021, así es, $634.000.000.000. Monumental cifra que llamamos habitualmente retenciones pero que tanto cuesta al gobierno de turno demostrar su utilidad, vagamente defendida en lo que hace a los precios internos pero que sin mucha vuelta hace al 9.33% de los recursos tributarios del Estado Nacional.

A partir de este desarrollo, como podemos convertir al potente, poderoso y dinámico sector agroindustrial argentino en la locomotora del crecimiento y desarrollo de nuestra economía sin caer en el mote de “economía primarizada”, “política agroexportadora” o cualquier otro tipo de caracterización que profundice la dicotomía “campo”-“industria” y no, en el más abstracto de los casos, a la primera como la proveedora de los dólares necesarios para la capitalización que derive en el aumento de la productividad de la segunda. 

Es la economía, estúpido diría un ex presidente norteamericano, es la política les diría desde mi humilde contribución en este espacio que me brinda Identidad Colectiva todos los domingos.