La pequeña (y triste) historia del Ministerio Público de la República Argentina.

Por Maximiliano Rusconi.

Hace años (muchos) aprendí a no creer en las denominadas agendas políticas. En la medida de lo posible he intentado, en el mejor de los casos, modificar alguna y, en el peor de los supuestos, no seguir aquellas que contuvieran propuestas de mezquindad coyuntural.

También, hace muchos años, pude comprobar la importancia social e institucional que tiene el Ministerio Público Fiscal (también el Ministerio Público de la Defensa, pero ese andarivel será recorrido en otra nota).

El Procurador General de la Nación y el enorme cuerpo de fiscales y funcionarios que integran esa institución pueden influir en la confianza que tengan los ciudadanos en el respeto a las reglas de conducta, en el resguardo de las garantías constitucionales en todo el país y en el control contemporáneo a los eventuales excesos de la institución policial. Pero, además, ese ministerio tiene el deber de ofrecer a la comunidad una reconstrucción histórica de los hechos más conmovedores, más dañinos, más lesivos. Me refiero a una reconstrucción que sea verdadera, fidedigna, confiable, que logre que cada uno de los argentinos crea en ella.

Del Ministerio Público depende que la víctima de un delito sexual, de violencia intra-familiar, de violencia de género, tenga la debida contención y la adecuada asistencia interdisciplinaria frente a casos de tanta complejidad.
Del organismo que conduce el Procurador General de la Nación depende que la sociedad civil organizada, las ONGs preocupadas por distintas temáticas (derechos humanos, niñez, seguridad vial, drogadicción, etc., etc.) puedan hacer llegar algunas preocupaciones puntuales comunitarias que colaboren en mejorar a través de esa instancia de control ciudadano la política de persecución penal.
De los modelos organizacionales que desciendan de la conducción del Ministerio Público Fiscal surgirán las posibilidades de que los fiscales se acerquen a la comunidad, a los barrios, a las personas de carne, huesos y alma y que con ello se evite la anomia institucional.

Del Procurador General de la Nación depende que se desarrollen modelos de capacitación sobre todo destinados a que los fiscales mejoren sus destrezas para ser exitosos en sus investigaciones.

Basado en el adecuado, serio y profundo diagnóstico institucional el procurador nos puede informar a los argentinos cuáles son las razones que explican los actuales niveles de éxito o fracaso en el desarrollo de los casos sometidos a proceso en el sistema de enjuiciamiento. Para ello se debe contar con sistemas de estadística y medición de gestión que permitan objetivar y fundar las meras opiniones.
De ese tipo de estudios podemos extraer conclusiones sobre el nivel jurídico, coherencia interna, coherencia externa e implicancias procesales de los dictámenes de los fiscales.

Los diputados y senadores, los distintos presidentes de la nación, los diversos ministros de justicia y los distintos procuradores deberían (como dicen los jóvenes) haber “manejado” una ansiedad difícil de dominar hasta que llegara el momento de informar y ser informado luego de cada gestión anual de la política criminal del país.

¿Qué piensa hacer el señor procurador frente a los delitos informáticos? ¿Qué sugiere su institución para desarrollar una política criminal referida al aumento de muertes producto de las diferentes composiciones anti-nutricionales de las cadenas multinacionales? ¿Qué deberíamos hacer para aumentar los niveles de daños sociales en épocas de pandemia? ¿Señor procurador, de usted depende una fiscalía especializada en evasión tributaria y lavado de activos, cuáles son los niveles de éxito de sus denuncias, cuánto dinero de evasión tributaria pudo recuperarse? ¿Cómo se puede calificar la gestión de los casos de violencia de género? ¿Señor procurador, cómo calificaría a su organización? ¿Es eficaz? ¿Logra sus objetivos? ¿Cómo se mide ese logro de objetivos? ¿Qué opina el procurador de la actividad virtual en pandemia? ¿Los fiscales pueden hacer bien su trabajo en juicios orales a través de herramientas virtuales? ¿Hay alguna sugerencia -que no sea que los fiscales atiendan y subroguen otras fiscalías adicionales desde South Beach? -perdón la ironía-.

¿Los argentinos no sentimos la necesidad de trabajar en serio por un Ministerio Público del cual estemos orgullosos? Esto es lo más importante, lo demás…es lo de menos.