La otra pandemia global

Por Marcelo Santillán. Intendente de Gonzales Chaves.

La nueva pandemia global desatada por el coronavirus (COVID-19) se puede analizar en tres niveles. En primer término, el orden económico y los poderes a nivel mundial; segundo, lo que ocurre en la sociedad con esta problemática y, en tercer lugar, lo que acontece con la pandemia “intra hogar”.

Hoy, se está tratando a la “pandemia social”, pero se está dejando de lado el análisis de los otros dos puntos en forma masiva: sólo lo hace un pequeño grupo de intelectuales, de periodistas, que están pensando en el origen del virus, en las consecuencias económicas y el nuevo ordenamiento del poder en el mundo.

Y sobre el virus “intra hogar” existe muy poca información, ya que la sociedad se ha dedicado al tratamiento del control de la pandemia, en evitar el contagio con aislamiento y distancia física y en preparar a los sistemas de salud con respiradores (viéndolos como inevitables), impacto que disminuyó rápidamente.

La sociedad está adormecida frente a la peste. Lo único que se piensa es en controlar el contagio, pero no se plantea como tema estratégico quiénes son los ganadores y los perdedores de esta guerra de poder económico y social que se está librando. Si miramos el ordenamiento mundial, estaba basado fundamentalmente en las grandes potencias: Rusia, China y Estados Unidos, y en un estado que trasciende las fronteras hace años, el Vaticano, como “poder mediador y de equilibrio”, sobre todo.

Se había empezado a debatir sobre si el mundo debía crecer en base a la paz o a la producción armamentista. Y es una discusión que se había planteado desde la caída del Muro de Berlín cuando prácticamente desaparece el comunismo de la esfera de las ideologías, y esa división en un capitalismo financiero y uno productivo, con su pico máximo en el año 2001 donde el predominio del primero ahoga al segundo.

Sobre todo, por las velocidades en la toma de decisiones del primero, frente a un capitalismo productivo preso de la burocracia que hacía cada vez más lentas las transacciones e incentivos que únicamente le garantizaban los ingresos al sistema financiero, a través de tasas subsidiadas para la producción, y así los Estados le garantizaban la ganancia que no le pagaba el sistema productivo, que seguía produciendo a riesgo.

Ante este contexto y la disputa internacional, estos sectores se nutrían de sistemas informáticos, resultando cada vez más cautivos de ellos, es decir: ya no se pensaba en un mundo sin comunicación por redes sociales y sin desarrollo de software; ya se había empezado a hablar sobre el hecho de que la medicina modificaría la formación de profesionales, para tener un fuerte vínculo con todo lo que sea informático, con la ciencia física, y por ende, los sistemas desarrolladores de software existían para cada una de las actividades.

Así se podía ver que, desde amplios sectores, ya se convertían en imprescindibles y necesarias las redes sociales, los sistemas de comunicación de WhatsApp, de Facebook, y para todo aquel que intentaba desarrollar una actividad, cualesquiera fuese el rubro, indefectiblemente estaba vinculado al desarrollo de un sistema informático generando así un mayor control.

Estos desarrollos informáticos tienen una diferencia muy grande con el resto del sistema financiero, y más aún con el productivo. El financiero intentó establecer pautas a nivel mundial, es decir, que trascendieran las fronteras de China, de Rusia o de Estados Unidos, pero el sistema informático atravesó todas esas fronteras. Ahora, con este ordenamiento mundial, el sistema informático y sus dueños no estaban sentados a la mesa de las decisiones o por lo menos no se los vislumbraba como uno de los actores fundamentales, sino que estaban como uno de los prestadores de servicios más importantes. Lógicamente, obtenían grandes ganancias porque todos los rubros utilizaban o tenían este sistema necesario. Quizás en ese ordenamiento de los líderes mundiales faltó la visión de sentar a la mesa a los referentes de la informática, y ya no como prestadores, sino como actores fundamentales en la toma de decisiones del mundo.

No hay dudas que la pandemia afectó a todos los ámbitos menos al informático, ya que es el único que va creciendo tanto en ganancia como en importancia para combatir este flagelo, tanto desde el sistema médico como desde la comunicación entre personas.

La informática será “un socio mayoritario” e ineludible a la hora de elaborar o tomar decisiones.

Una huelga general, mundial, nunca vista contra el sistema productivo, que pone en jaque al capitalismo, con sistemas que pierden, con la (casi) desaparición del Fondo Monetario Internacional; se puede pensar que este virus por acción o por omisión pudo ser una acción deliberada de aquellos que se consideraban fuera del poder, y visibilizar y poner a los sistemas informáticos ya no como un servicio, sino como un actor en la toma de decisiones.

Este último, solo puede compararse con el Vaticano, que es el único Estado que trasciende fronteras y posee el mismo nivel de poder. Evidentemente, esta pandemia convierte a los dueños de los sistemas informáticos en los principales actores en las decisiones mundiales y que pueden pensarse como aliados estratégicos de los productores de vacunas, más aún si se tiene en cuenta cómo funcionó siempre este sistema, organizado a nivel mundial donde los países las reciben según cómo cumplan -o no- con esos programas de vacunación proyectados para obtener grandes ganancias hasta desde los envases.

No hay dudas que esta pandemia puede continuar hasta que el sistema capitalista (sectores productivo y financiero) quede totalmente en jaque y rendido ante el nuevo poder mundial: los dueños de los sistemas informáticos y de comunicaciones virtuales.

Si bien es importante pensar que este nuevo paradigma es una cuestión con la que ampliamente los sectores populares y nacionales estamos de acuerdo, ya que se establece un nuevo orden, debemos tener muy presente que no podemos ser víctima de un sistema informático que aniquile las libertades individuales.  Creemos que el mundo va a tener que formular un convenio sobre cómo estos van a operar, y que tengan límites, donde tendrá que establecerse un acuerdo mundial entre los países para analizar el rol de la informática, y cómo estos se resguardarán ante esta tremenda centralización y unitarismo que producen los sistemas, con controles en cada instancia de la vida de las personas.

Este debate es importante e imperioso porque no se sabe a ciencia cierta si este esquema pueda ir lanzando nuevos virus y puedan prorrogar las pandemias en el tiempo.

Lo que si demuestra es una debilidad enorme de los sistemas de control: no existen sistemas de seguridad informática ni de seguridad biológica, ni protección de los países ante esta pandemia. Estos se quedaron con la Guerra Fría y la carrera armamentista. Y está claro que el nuevo ordenamiento mundial dejó en riesgo al sistema financiero; los países del mundo pueden emitir moneda sin respaldo y, como decíamos en 2001, empezó a demostrar la vulnerabilidad del capitalismo con el atentado a las torres gemelas, donde el dólar se desplomó frente al euro (hasta hoy, tras 20 años de actividad financiera, el dólar moneda nunca pudo recuperarse y sigue debajo del euro).

Estos sistemas informáticos pueden establecer variables que la economía no tenía. Por ejemplo, nuevos parámetros de respaldo de las monedas que se emiten, así como en un momento fue el oro el respaldo del dólar, después se dio ese respaldo en base a la carrera armamentista llevada a cabo por Estados Unidos durante la Guerra Fría, y que le daba la seguridad de convertir al dólar en una moneda fuerte (aunque luego se vio vulnerado con el atentado a las torres gemelas).

Quizás este nuevo tiempo implique que las reservas de las emisiones monetarias perfectamente medibles por los programas informáticos empiecen a ser los recursos naturales del presente en los países.  Y también queda comprobado, que las guerras biológicas o de microbios serán las que predominen en el mundo actual.

El auge de la informática ha pulverizado a la economía: las ciencias que la estudiaban no debatieron la función del dinero, su rol social y su nueva transformación, que, previamente, servía para las transacciones como un bien fungible.

Los nuevos sistemas transformaron al dinero en un bien no fungible debido a la aparición de las criptomonedas, el home banking y el cruce de datos. Esto hizo que hoy la trazabilidad del mismo sea perfectamente viable, estando en capacidad de eliminar la corrupción y los sistemas de fuga de capitales: basta con pensar que pueden ponerle plazo de vencimiento a la moneda que sirva para transacciones y obligaría al mundo a tener que sí o sí declarar sus recursos.

Por todos los motivos abordados, podemos concluir que después de esta pandemia ya se vislumbra fuertemente el hecho de que los dueños de estos sistemas adquirirán un poder que no llegaron a tener las grandes potencias mundiales.

En el nivel medio de la sociedad no se plantea este problema. Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales intentan contener el contagio. Se trata, fundamentalmente, de preservar la vida y la salud de las personas y, por este motivo, se ve la imposibilidad de poner en funcionamiento el sistema productivo generando una problemática a nivel mundial que pone a los gobiernos en una dicotomía entre economía y salud.

Claramente, se ve que esta situación puso distancia física en las personas, generando cambios a los que no estábamos acostumbrados. El no poder compartir objetos, viajes, espacios de recreación, y la ausencia de clases presenciales en las instituciones educativas muestran la realidad desigual de la sociedad, dejando al descubierto un sinnúmero de problemáticas: desde la asistencia en la alimentación, hasta la falta de recursos áulicos y tecnológicos en los hogares, con lo cual la creencia de una sociedad igualitaria es totalmente refutada.

La sociedad empieza a ver aquello que muchos sosteníamos: que no bastaba con el bienestar individual, reflejado en materia de seguridad, donde la gente se protegía contra un enemigo inexistente, producido por la acumulación innecesaria de bienes por un sector en desmedro del sector que los atacaba.

Es decir, todo el sistema de seguridad estaba basado en proteger la propiedad privada –cámaras, rejas, etc.- y no se preocupaba del enemigo actual, el biológico (basta pensar en los sistemas de agua, que contaminados, serian letales para la población ya que es un sistema totalmente vulnerable).

La sociedad, y cada uno de los individuos, tendrán que cumplir un rol específico, pensando siempre en el bien común, ya que las acciones propias tienen indefectiblemente consecuencias positivas o negativas sobre los otros individuos y la población. Es decir: cada vez más esta pandemia hace sentar aquel concepto filosófico que comparaba a las sociedades con un cuerpo humano, en el que cada uno tiene su rol que podrá parecer más o menos importante, pero es sumamente trascendente para la sociedad, no solo física sino también espiritualmente.

Sobre el coronavirus intra hogar hay un gran desconocimiento. Se preparan sistemas de salud con elementos de protección para el profesional médico que producen gastos enormes, pero, en su mayoría, la población puede superar al virus quedándose en su domicilio: se controla con responsabilidad, no con pánico.

No se le da a la población un mensaje sobre su conducta ante los síntomas. No se le advierte que no debe salir corriendo a los sistemas de salud. Que debe quedarse tranquilo, ya que no es algo que se desarrolla como un infarto en términos de segundos, sino que da el tiempo para hacer el llamado correspondiente, para tomar las precauciones intra hogar, e ir con los recaudos necesarios al sistema de salud o que el sistema de salud venga al domicilio. Y detectado el virus intra hogar que el paciente sepa cómo deben ser las condiciones de la vivienda para su proceso de curación; qué condiciones mínimas deben cumplirse dentro de la vivienda, tanto el paciente como su respectivo grupo familiar.

¿El sistema informático se convirtió en dueño del mundo? Tiene participación en las tres etapas, está sentado en la cabecera de la mesa del poder mundial, ya no como un prestador de servicio sino como un actor de toma de decisiones, y tiene el papel protagónico en este nuevo panorama mundial: delivery, pagos electrónicos, teleconferencias, enseñanza de educación en modalidad virtual y fundamentalmente la comunicación entre las personas, familia, compañeros de trabajo, amigos, el entretenimiento, siendo un “reemplazo” de las relaciones sociales e interacciones humanas en este tiempo en el que estar aislados es la forma de mantenernos sanos.

¿Habrá un antes y un después del coronavirus? De lo malo siempre surgen aprendizajes, y por ende se espera una evolución de los individuos y las sociedades.

La principal problemática a la que nos enfrentamos hoy es que el ser humano se aparte de sus pares, generando una dependencia tecnológica que lo mantuvo a salvo. A pesar de las situaciones que la humanidad a lo largo de la historia ha vivido, a pesar de la lucha e incertidumbre contra el avance de la tecnología que generaba desocupación y desigualdad, hoy el hombre sigue siendo insustituible.