La OTAN se siente amenazada ante la negativa de Moscú a permitir un genocidio en el Donbáss

Por Christian Lamesa.

Resulta alarmante el nivel de desinformación o desinterés que reina entre los medios de comunicación argentinos y nuestra dirigencia política, acerca del conflicto que desde hace ya siete años se está desarrollando en el Donbáss, el cual amenaza con derivar en una nueva y tal vez última guerra mundial.

En artículos anteriores he analizado ampliamente varias de las circunstancias y antecedentes históricos que precedieron y provocaron la actual situación de guerra civil en el este de Ucrania; y los lectores seguramente habrán sacado sus propias conclusiones, por lo tanto, en estas líneas intentaré expresar mi opinión, en primer lugar, sobre los posible escenarios a los que nos podríamos enfrentar, de proseguir el actual rumbo de la escalada en la región; y en segundo lugar, cual creo yo que debería ser la posición de nuestro país ante un conflicto que podría poner en peligro la paz mundial y el futuro de la humanidad.

Ya hace meses que asistimos a un alarmante nivel de hostilidad discursiva por parte del gobierno ucraniano de Volodímir Zelenski en contra de Moscú, esto respaldado por la Unión Europea, el nuevo inquilino de la Casa Blanca y la OTAN. Sin embargo, al día de hoy la situación ha escalado en el plano militar con el despliegue de tropas regulares del ejército ucraniano junto a mercenarios y grupos paramilitares terroristas, hacia las fronteras de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, amenazando con iniciar un ataque a gran escala y la ocupación de la región del Donbáss por parte de Kiev. ¿Qué sucedería si esta acción militar es ejecutada por las fuerzas ucranianas? Sin lugar a dudas, esto derivaría en un auténtico genocidio contra la población civil de las dos repúblicas rusófonas que en 2014 votaron en un referéndum para decidir la separación de estos territorios de Ucrania, llegando la opción independentista a obtener un 89.07% de los votos; por lo tanto, en este conflicto no hay dos bandos armados enfrentados, y en medio de ellos, una población civil a merced de los vaivenes del combate, sino que hay un gobierno en Kiev, el cual es hostil y agresivo hacia todo lo que sea o represente los valores culturales e históricos rusos y por el otro lado, está el pueblo del Donbáss resistiéndose, gracias a los grupos voluntarios de autodefensa, a ser sojuzgado por las fuerzas fascistas que se hicieron con el poder en Ucrania en 2014, las cuales desde ese momento han sido respaldados por Washington y Bruselas (con la excepción de los cuatro años de la administración Trump, la cual no le dio casi espacio a los guerreristas de ambas orillas del Atlántico). Pero ahora, con el aparentemente senil presidente Biden sentado en el Salón Oval, el mundo se ha vuelto un lugar bastante más peligroso, regresando este incondicional apoyo a Kiev.

Para que todos puedan entender la gravedad de los ataques que debió soportar la población civil del Donbáss, solo basta señalar que los ejércitos regulares e irregulares que responden al gobierno ucraniano, han sometido a intenso fuego de artillería y bombardeos a numerosas zonas residenciales de ciudades, las cuales carecían de cualquier interés militar, como así también haber llegado a interrumpir el suministro de agua potable y electricidad a vastas poblaciones durante semanas enteras, privando a sus habitantes de estos servicios elementales para la vida y provocando terribles crisis humanitarias. La pregunta podría ser, ¿Quiénes creen que desearían volver a formar parte de un país que los califica de terroristas tan solo por defender su cultura, lengua, tradiciones y los intenta aniquilar, sumando ya decenas de miles de muertos entre su población? 

Vladímir Putin había anunciado en 2008, cuando la Georgia de Mijeíl Saakashvili atacó e invadió a Osetia del Sur, que Rusia ya no toleraría nunca más que se ataque a la población rusa, sin importar donde suceda. Dicho esto, las acciones de Zelenski anunciando una invasión al Donbáss con el apoyo de la OTAN y ésta diciéndole a Rusia que se abstenga de intervenir en lo que sería una verdadera masacre, no es más que una provocación a Moscú y una bravuconada a esas que nos tiene acostumbrados el “gendarme” global. También resultan cínicas las acusaciones de países como Alemania al afirmar que Rusia tiene una actitud agresiva y amenazante por el hecho de desplegar a su ejército en su propio territorio y al mismo tiempo avala las incursiones de barcos de guerra norteamericanos y maniobras de la alianza atlántica en el mar Negro, a pocos kilómetros del territorio ruso.

Pero, ¿a qué se puede deber una actitud tan temeraria por parte de EEUU?, ya que no es lo mismo invadir y destruir a Irak, que intentar generar una confrontación militar con una potencia nuclear de primer orden como es Rusia. Una respuesta podría ser que Washington en la actualidad, siente seriamente amenazado su liderazgo en un mundo unipolar, idea que intentó imponer desde comienzos de la década del ´90, la cual estaba sustentada por su poderío militar, el cual hoy también está cuestionado, y como si esto fuera poco, la hegemonía del dólar como moneda única para el comercio mundial está en franco retroceso en varios países, en gran medida a causa del festival de sanciones unilaterales que los EEUU determina de forma arbitraria. De esta manera, las operaciones de comercio entre Rusia y China que en un 90% se hacían utilizando dólares en 2014, con posterioridad a las sanciones de Washington por la reunificación de Crimea con Rusia, Moscú y Pekín decidieron incrementar los intercambios bilaterales en las monedas nacionales, cayendo la participación de la moneda norteamericana a un 46% durante 2020. Esta iniciativa del Kremlin está siendo imitada por otros países como la India, China, Brasil, Turquía e Irán. Otro ejemplo de esto es el comercio entre la Federación Rusa y la India, que en 2019 utilizaba el rublo como herramienta de pago en menos del 35% de las transacciones y al año siguiente llegó a casi el 80% en la moneda del país euroasiático. Por supuesto que sí “el mal ejemplo ruso” se sigue propagando, esto irremediablemente será un golpe muy fuerte al arma más efectiva de EEUU, el dólar. Por último, el Banco Central de Rusia hace años que decidió deshacerse gradualmente de sus tenencias de bonos del tesoro norteamericano que formaban parte de sus reservas, las cuales eran de casi 165 000 millones de dólares antes del año 2014, y habiendo descendido a menos de 15 000 millones en bonos durante el año pasado. China y otros países han tomado una política parecida a la del Kremlin. 

Otro elemento a tomar en cuenta para esta escalada de hostilidades por parte de la Casa Blanca, es su afán por destruir el casi finalizado gasoducto ruso-alemán Nord Stream 2, el cual suministrará gas procedente de Rusia a bajo costo a Alemania, y a través de ésta al resto del continente, pero EEUU pretende obligar a sus socios y aliados europeos a comprar su producción de gas de esquisto, mucho más caro y de menor calidad.    

Más allá de las motivaciones económicas o de la tradicional ambición imperialista de Washington, lo cierto es que en esta ocasión EEUU y la OTAN están jugando con fuego y este fuego puede quemarnos a todos, sin importar lo lejos que creamos estar, ya que una nueva agresión militar que amenace la integridad del territorio ruso o a su pueblo, será respondida con todos los medios disponibles dentro del arsenal de las fuerzas armadas de la Federación de Rusia, tal como lo ha anticipado en varias ocasiones el presidente Putin.

La situación actual difícilmente podría ser peor. Por un lado tenemos a varios países europeos como Polonia, Lituania y Noruega, entre otros, que despliegan una rusofobia que llega a niveles de villano de caricatura, liderados por el presidente Joe Biden, quien tal vez como consecuencia de su aparente demencia senil, llama a su homólogo ruso “asesino”, en un gesto de agresión que no tiene precedentes ni en los momentos más calientes de la Guerra Fría, para tan solo un mes después llamarlo telefónicamente y pedirle la realización de una reunión en un tercer país, con el objetivo de mejorar las deterioradas relaciones bilaterales, mientras firmaba nuevas sanciones contra Moscú y ordenaba la expulsión de diez diplomáticos rusos del territorio norteamericano. Si no fuera que el escenario es tan peligroso, tal vez sería cómico, ya que parecen Biden y sus socios, una pandilla de dementes.

Y por el otro lado tenemos al pueblo ruso, el cual en menos de cien años ha vivido cuatro catástrofes que costaron la vida de decenas de millones de ellos, como fueron la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Rusa con la intervención de catorce países, todos ellos intentando destruir al recién nacido estado soviético; menos de veinte años después, la Segunda Guerra Mundial con un saldo de veintisiete millones de soviéticos muertos y finalmente la catástrofe geopolítica que representó la desintegración de la URSS, seguido por una década de destrucción de la economía, terrorismo y guerras internas, entre otras cosas, que el pueblo ruso nunca olvidará; y en todas las ocasiones, estos hechos fueron instigados o provocados por la injerencia de potencias extranjeras. Es debido a esto que el pueblo ruso está cansado de pagar con sangre los juegos geopolíticos y las ambiciones de las potencias extranjeras, hoy representadas por EEUU y sus socios de la OTAN. 

Hace ya tiempo que el presidente Putin y su pueblo no están dispuestos a permitir que una nueva catástrofe vuelva a suceder, por lo menos sin que los agresores, esta vez paguen su parte del costo.

Así pues, al día de hoy se encuentran unas cuarenta mil tropas ucranianas en cercanía del Donbáss, apoyadas por la OTAN, presencia ésta ilegitima ya que Kiev no es parte de la alianza atlántica; y del otro lado de la frontera, en territorio ruso hay unas cincuenta mil tropas listas para intervenir en defensa de los pueblos de Lugansk y Donetsk y con la legitimidad del derecho internacional para poder actuar, ya que entre quinientos mil y un millón de ciudadanos del Donbáss poseen pasaportes rusos y Moscú estaría protegiendo a sus connacionales de un genocidio. El Kremlin también desplegó a la zona, entre otros equipos militares, los morteros autopropulsados 2S4 Tyulpan, los cuales tienen capacidad para disparar proyectiles tanto convencionales como nucleares, como para que no queden dudas de que el Kremlin no va a permitir bajo ningún aspecto que Washington y Bruselas se salgan con la suya usando a Kiev como títere de sus planes.         

Evidentemente la situación es muy compleja y riesgosa, y si bien el Kremlin no va a ser el primero en dar un paso hacia una confrontación armada, salvo que se encuentre ante una amenaza que por sus proporciones sea imposible de ignorar, solo hace falta que alguno de los demás actores de este conflicto, los cuales se están comportando como verdaderos dementes, de un paso en falso para que todo estalle. 

En este contexto es que creo que nuestro país, la Argentina, puede y debe tomar una posición clara al respecto en el marco de la diplomacia y en busca de racionalidad ante esta escalada, ya que si se desata una guerra y teniendo en cuenta quienes serían los involucrados, difícilmente pueda haber una neutralidad que nos proteja de las consecuencias, sin mencionar que no creo en la neutralidad ante la amenaza de genocidio de un pueblo, por el hecho de pretender ejercer el derecho a la autodeterminación, como sucede en el Donbáss. Por otro lado, esto es una obligación moral, dado el prestigio bien ganado que tiene nuestro país en la defensa de los derechos humanos y resultaría inmoral permanecer un minuto más callados ante esta situación y más aun teniendo en cuenta aquello en lo que puede derivar y lo único peor que fracasar en el intento de preservar la paz, sería ni siquiera intentarlo.

Por último, pero no menos importante es el hecho de que sería realmente vergonzoso no posicionarnos del lado donde debemos estar, ya que en este momento también hay una confrontación de valores y aquellos que logren prevalecer, tal vez sean los que determinen el futuro de la humanidad. Rusia ha demostrado su vocación de cooperación mundial ante la actual pandemia del Covid-19, mientras que EEUU y Europa se debaten en un descarnado “sálvese quien pueda”; y en nuestro caso en particular, Rusia ha dado numerosas muestras de una autentica y desinteresada amistad con el pueblo argentino a lo largo del tiempo, y solo por señalar algunos acontecimientos difíciles de nuestras historia; esos momentos duros, cuando son los verdaderos amigos los que están presentes, como cuando durante la guerra de las Malvinas, la Unión Soviética le ofreció a nuestro país ayuda incondicional para la defensa de nuestra soberanía sobre las islas, siendo rechazada esta colaboración por la dictadura que tenía la ingenua ilusión de que EEUU honraría el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y respaldaría la posición argentina. Más acá en el tiempo, Rusia sigue respaldando el reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas. 

El presidente Putin también fue el primero en enviar ayuda para la búsqueda del submarino ARA San Juan y los equipos de rescate rusos fueron los últimos en abandonar la búsqueda, todo esto solventado económicamente por el estado ruso. En la actualidad, si no fuera por la ciencia rusa y la buena voluntad de Moscú para brindarnos la vacuna Sputnik V, al mismo tiempo que ellos mismos la están suministrando a su pueblo, nuestra realidad epidemiológica, sin duda sería mucho más complicada de lo que es, e inclusive resulta difícil imaginar cual podría haber sido la evolución de la salud de nuestro presidente ante el contagio de Covid, de no haber estado inoculado. De este modo un país demuestra su amistad y trabajo por el bien de la humanidad y en el otro extremo de los valores de la civilización, Estados Unidos muestra su verdadera cara “secuestrando” unas doce millones de dosis de la vacuna de Oxford/AstraZeneca fabricadas en Argentina, siendo que éstas no están aprobadas para su uso en EEUU y en ese país tienen un altísimo porcentaje de vacunados, incluyendo ya a sectores adolescentes de la población norteamericana.   

Como votante del Frente de Todos y considerando al gobierno de Alberto Fernández, como mi gobierno, me habría gustado mucho ver un repudio oficial a la calificación de asesino, al presidente de un país amigo de la Argentina como lo es Rusia, con la misma celeridad con que repudiaron nuestro canciller y el presidente Fernández los acontecimientos del día 6 de enero en el Capitolio en Washington.           

Dicho esto, tal vez ya sea hora de que el gobierno argentino empiece a dar muestras de amistad al pueblo ruso, al mismo nivel de las que Rusia le brinda desde hace mucho tiempo al pueblo argentino.