La multilateralidad, una oportunidad para la exportación de carne porcina.

Por Julio De Vido (h)

Esta semana que pasó se generó un intenso debate alrededor de la filtración de un posible acuerdo de integración comercial entre Argentina y China para potenciar la producción porcina en nuestro país, se trataría de un acuerdo marco que canalizaría una importante suma de divisas (alrededor de 27 mil millones de dólares) en un período de 4 a 8 años que conllevaría la instalación de nuevas granjas de cerdos en nuestros territorio, aunque se trate de la mitad de esa suma significa una inversión extranjera muy necesaria para la coyuntura actual.

Por trascendidos y declaraciones de funcionarios de Cancillería y consultores en producción porcina se buscaría mediante el acuerdo marco que estas se instalen en regiones extra pampeanas cercanas a áreas de cultivo de maíz y soja que se podrían utilizar para la alimentación de los animales, tema que tratamos en el artículo Militar las carnes en Identidad Colectiva. Es decir, se trata concretamente del fomento de la demandada y necesaria “Vaca Viva” impulsada en este caso por la voluntad de un mercado, como es el chino, en diversificar su fuente de obtención de proteínas animales dada la fragilidad que ha demostrado su sistema en particular tras la aparición de la Peste Porcina Africana que motivó el sacrificio de entre un 20% y 40% del stock porcino chino, el más grande del Mundo, que hasta ese momento era de 400 millones de animales.

Gran parte de la intensidad con la que se dio el debate parecería estar dado nada más ni nada menos que por un cero. Uno de los videos que desencadenó, una vez más, una junta de firmas en el sitio de dudoso origen “change.org” fue realizado por la periodista Soledad Barutti, autora de los libros “Malcomidos” y “Malaleche”, quien aseguró que este acuerdo busca llevar el stock porcino de las aproximadamente 6 millones de cabezas actuales a 100 millones y apuntó contra la forma predominante de producción actual, la reincorporación de nutrientes a los suelos, los materiales transgénicos y otras aseveraciones de escaso contenido científico pero alto voltaje ideológico. Todo indica que al 100 millones le sobra un cero, es decir, potencialmente el éxito del acuerdo marco incrementaría un 66% la cantidad de porcinos en producción a 10 millones de animales.

Vale aclarar también que el yerro podría estar originado en un comunicado de prensa de Biogénesis Bagó del mes de enero que hablaba de la potencialidad de llevar la producción a 100 millones de porcinos, algo que desde esta sección no vemos con malos ojos solo que como toda política de producción y desarrollo debe ser comunicada, debatida y aplicada.

Desde las posiciones ambientalistas es interesante un artículo publicado por el sitio “La vuelta al mundo” titulado “Basta de falsas soluciones” ya que a pesar de la dureza del título simplemente plantea la necesidad de enmarcar el proyecto de inversión en una economía planificada y que no sea simplemente para ser el patio trasero, en este caso, de China.

Es indiscutible pensar hoy en día cualquier tipo de proyecto o plan sin que este tenga en cuenta la dimensión ambiental, la COP21 de París (Acuerdo sobre el Cambio Climático) había generado un consenso inédito en lo que refiere a la reducción de emisión de gases de efecto invernadero que sin embargo se diluyo la tras la asunción de Donald Trump y su retiro unilateral del acuerdo. Una vez más, la geopolítica tiene su peso específico. Esto de ninguna forma quiere decir que todos aquellos países comprometidos con el desarrollo sostenible y ambientalmente amigable debamos alejarnos de las premisas básicas de sostener un desarrollo y crecimiento que vaya asociado a tener un equilibro ecológico.

El marco de inversión en el sector porcino debe inexorablemente contar con pautas fuertemente ligadas a las premisas de la bioeconomía entendida como “una economía basada en el consumo y la producción de bienes y servicios derivados del uso directo y la transformación sostenibles de recursos biológicos y de los desechos biomásicos”. La producción porcina cuenta con todas las aptitudes para cumplir con estas pautas, sus desechos tiene una capacidad de reutilización muy alta al punto de poder generar biogás y/o biofertilizantes cuya necesidad es imperiosa tanto para el desarrollo energético como para la sustitución de importaciones para el sector agropecuario.

Algunos datos para tener en cuenta, la producción porcina argentina que posee un status sanitario muy bueno a nivel mundial, se encuentra muy por debajo de países de no solo menor extensión sino también de menor producción de productos agrícolas que podrían ser utilizados para la alimentación como ser: Alemania, España, Francia, Polonia, Italia, Países Bajos, Japón y Bélgica. Y por ejemplo de dimensiones similares a la producción porcina chilena, ambas cercanas a las 600 mil toneladas de producción.

La producción agropecuaria en Argentina es de las pocas actividades económicas que se encuentran en la frontera del conocimiento, a pesar de las diferencias que se pueda tener con sus actores y agentes productivos no se puede pensar en una recuperación sin el agro. No le tengamos miedo a las discusiones, críticas ni a “abrir la cancha” pero tampoco avalemos a quienes proponen técnicas de producción que se remontan a siglos pasados y formas de vida muy distintas a las predominantes en la actualidad.