La moderación como modo de claudicación: El gobierno de Fernández, como si no hubieran aprendido nada del Lawfare, el FMI, o el Poder Mediático.

Por José Schulman. Presidente de la Liga Argentina por los derechos humanos.

¿Cómo analizar el gobierno encabezado por Alberto Fernández, presidente de la nación en un país donde el presidencialismo (concentración de atributos de gobierno en manos del presidente) es tal que el Dr. Zaffaroni lo ha tildado de “agotado y perverso”? 

Lo corriente, es realizar un listado de actos buenos y malos.  A partir de allí se abren dos posibilidades: poner cara de sabio y decir que a pesar de la pandemia se lograron algunos logros que sin embargo no borran aquellos temas irresueltos que quedan pendientes para la post pandemia, o algo así; o poner cara de astuto y decir que los pocos puntos buenos se hicieron para disimular los malos y por eso ni siquiera corresponde aprobar el impuesto a los mega ricos de la Argentina o el apoyo explícito al proceso democratizador llevado adelante en Bolivia.

Intentemos pensar como un todo la acción del gobierno y hacer balance desde las tareas que recibió como mandato popular (desde las luchas de resistencia al macrismo); desde el electorado que votó para que reemplace a Macri y aún desde las fuerzas políticas que gestaron y concretaron la alianza electoral que lo llevo a la Casa de Gobierno.  Tres mandatos convergentes, pero no idénticos.

Fernández verbalizo correctamente el sentido general del mandato social cuando dijo el 23 de marzo de 2020: “Muchos me decían que iba a destruir la economía con la cuarentena. Si el dilema es la economía o la vida, yo elijo la vida. Después veremos cómo ordenar la economía” 

Macri había llevado al paroxismo el deseo burgués de obtener la máxima ganancia de todo, concretando aquello de Marx de la subsunción real del trabajo en el capital o dicho en criollo: todo se vende y todo se compra; todo es mercancía, todo es negocio: el deporte, el agua, las montañas, las calles, los cuerpos. Todo es todo. 

Prometer la vida primero era esperanzador.

También captó el meollo del mecanismo de dominación política del Macrismo cuando denunció el contubernio entre jueces, espías y periodistas y llamó a terminar con las cloacas de la democracia. “Hemos visto el deterioro judicial en los últimos años. Hemos visto persecuciones indebidas y detenciones arbitrarias inducidas por los gobernantes y silenciadas por cierta complacencia mediática. Por eso hoy vengo a manifestar frente a esta Asamblea y frente a todo el Pueblo Argentino, un contundente Nunca Más (…) Nunca más a una justicia que es utilizada para saldar discusiones políticas, ni a una política que judicializa los disensos para eliminar al adversario de turno (…) Nunca más a los sótanos de la democracia».

En función de esos compromisos desplegó algunas políticas (la mayoría de ellas fueron interrumpidas, frustradas o simplemente abandonadas) como la promoción de una estrategia sanitaria de cuidados basada en una combinación de cuarentena con medidas de respaldo económico al sistema de salud y las personas; o el anuncio de la intervención a Vicentin, la Intervención a la Agencia Federal de Inteligencia, la derogación de una serie de reglamentos del Ministerio de Seguridad que potenciaban la cultura y las practicas represoras de las fuerzas federales de seguridad o protegió y respaldó la lucha del pueblo boliviano, y del propio Evo, contra la dictadura de Añez.

El enunciado es solo a título enumerativo sin pretensión de agotar el inventario de buenos propósitos o buenas políticas. Porque nos interesa a continuación formular nuestra principal idea fuerza de balance  del gobierno del Frente de Todos: las políticas aplicadas no contradijeron la línea principal trazada por el Macrismo al poner en marcha un Modelo Colonial  Cipayo de Reproducción de la vida social, económica y cultural de los argentinos (como es notorio en el poder judicial, intocado y reforzado en sus atributos) o no tuvieron la fuerza suficiente como para detener y revertir las políticas de saqueo y empobrecimiento planificado de las mayorías populares,

Según el Observatorio de la Universidad Católica Argentina la pobreza creció en un año del 31.9 al 34.1 y la indigencia del 8.9 al 10.1 lo que equivale a decir que la pobreza + indigencia pasó del 40.8 al 44.2 en relación de uno por cada cien habitante de la nación argentina.  Precisa que el 64.1 % de los niños y adolescentes viven en hogares cuyos ingresos están por debajo de la línea de la pobreza. 

El ex vice presidente en prisión domiciliaria, Amado Boudou, analizo el 10 de febrero en diálogo con Artemio López y Daniel Tognetti que para crecer económicamente se: “requiere desconectar del mercado financiero internacional, no reconectarse, porque algún día hay que terminar esta mentira de la lluvia de inversiones. Cuando estaba Macri lo decíamos con toda fuerza, pero, pareciera que ahora, en este sentido, el modelo es parecido, hay que estar conectado al mercado internacional para que haya inversiones. Ningún país en la historia salió con la inversión extranjera, salvo en los fenómenos de posguerra, el Plan Marshal, que eso es otra cosa, no tiene nada que ver, con el mercado financiero y los grupos de poder. Lo que hay que hacer es un shock distributivo, que la población, que tiene necesidad de consumir para llevar adelante su vida, reciba esos ingresos, que al mismo tiempo se esté cuidando los precios, porque si no ese esfuerzo termina en manos de muy pocos. Los servicios públicos tendrían que bajar en términos nominales, con esto.”.  

Pero nada de eso está en marcha, más bien todo lo contrario.   ¿Podría haber más pobres? Claro, siempre se puede estar peor, pero al momento de celebrar las diferencias entre el resultado de este gobierno y el que hubiera tenido otro ciclo de Macri, conviene recordar que aquí se luchó para echar a Macri.   Y para terminar con la pobreza, no para administrarla.

Igual argumento se utiliza al momento de evaluar la gestión de la pandemia: se dice que si no hubiera estado Ginés y Fernández serían mucho más de los casi cincuenta mil a mitad de febrero…  Ese modo de argumentar está totalmente descalificado en las ciencias sociales, se llama “historia contra fáctica” y es tan absurdo como aquella frase de que. “si mi abuela no hubiera tenido hijos” ….

No sé cuántos muertos hubiera ocasionado la gestión Macri, pero si sabemos que cincuenta mil muertos llevan a la Argentina a un lugar entre los países más afectados del mundo por la pandemia, ya sea por el número total de muertos o por la relación entre los muertos y la población. 

¿Por qué está catástrofe humanitaria? Porque el aislamiento social duró unas pocas semanas, porque rápidamente se cedió al chantaje de las derechas de aflojar la cuarentena y poco a poco se fue instalando otro paradigma que el anunciado: Ya no era la vida primero, sino la actividad económica primero; ya no era la acción colectiva respaldada por el Estado sino la responsabilidad individual casi sin acción propagandística del Estado que en los últimos días se limita a anunciar la bonanza que traerán las vacunas, cuando lleguen.

Hasta aquí, el gobierno del Frente de Todos no desmontó el núcleo duro del modelo de dominación macrista: el Poder Judicial en alianza con el Poder Mediático y asistido por grupos de tareas de inteligencia que ahora no sabemos ni donde operan; la continuidad de ese modelo de dominación les ha servido para resistir con éxito las pocas iniciativas bien intencionadas del gobierno, la mayoría de las cuales no fueron completas o culminadas.

¿Se puede esperar la autocorrección del Poder Judicial como planteó Fernández y reforzó Cafiero en estos días como camino para resolver el law fare y los sótanos de la democracia?  De ninguna manera, solo una enérgica acción política podrá desmontar el mecanismo perverso y cruel que encarnan los miembros de la Corte o el Fiscal Stornelli. Toda referencia a la autodepuración es claudicación ética y complicidad.

Pero, y esta es la pregunta más difícil de formular, ¿se puede esperar auto corrección del gobierno de Fernández, que ha hecho del culto a la institucionalidad y el consenso con los Poderes Reales y las derechas políticas y judiciales su paradigma oficial y obligatorio?

No lo creo, lo más doloroso es el silencio de aquellos que juraban ser otra cosa.  El verticalismo, la obsecuencia, la ausencia de una conducción política que no se ajuste a la “razón de estado” que justifica todo, hasta la desaparición forzada de Facundo Castro o la entrega de la soberanía marítima es hoy por hoy la mayor debilidad del movimiento popular.

Si todo sigue así, así no hay justicia, ni redistribución de la riqueza, ni política internacional de integración de mutuo beneficio.  Todo lo contrario, así nos vamos al precipicio de un golpe blando, duro, constitucional, judicial o auto golpe por predominio de las derechas del FDT como las que dominan Cancillería o la presidencia del Congreso de la Nación (Solá y Massa para ser rigurosos) 

La confusión teórica radica en pensar la política separada de la economía; la policía bonaerense separada de las políticas de memoria y la democracia liberal como el único horizonte posible.  Reemplazada la política por la gestión, construido un sistema de gobierno vertical y brutalmente disciplinado, los que fueron militantes contra el macrismo son hoy en su inmensa mayoría meros administradores de la pobreza la impunidad y la crisis. 

Disuelta la política como espacio de autonomía, disciplinados los ministros secretarios de estado funcionarios y hasta los punteros barriales, el proyecto de Alberto Fernández se impone con facilidad a los tibios gestos de resistencia interna.

Los presos políticos siguen presos, la deuda externa no se revisa, la pandemia arrasa con la humanidad de los argentinos y es difícil encontrar espacio de la vida social donde no se manifiesta el continuismo de un proyecto colonial heredero de la dictadura militar pero actualizado por Macri y su banda de mafiosos.

La gran dificultad de la hora es entender que la solución está por fuera de los manuales el dogma y los dichos de los comunicadores oficialistas, es la hora de una rebelión ciudadana contra el continuismo, es la hora de actuar como si el pueblo fuera soberano y como si la democracia se construyera en las calles.

Hay un debate pendiente sobre el modelo de país necesario, Imprescindible una nueva constitución que establezca las bases de una democracia verdadera donde el pueblo tenga más poder que los bancos y donde el derecho a la vida tenga más valor que el derecho a la propiedad privada

¿Y entonces?  Entonces es la hora de crear una nueva fuerza política que interpele a las fuerzas del Frente de Todos, pero no solo a ellas, sino a todas las que quieren terminar con el modelo macrista de dominación y reproducción capitalista.

Del laberinto se sale por arriba, de la hegemonía burgués claudicante de AF y Massa se sale por fuera de la rosca cupular.  No es bueno tropezar mil veces con la misma piedra.

La vieja política no tiene mucho más para entregar al pueblo, una nueva fuerza, antimperialista, patriota, democrática, popular, combativa, no liberal en sus concepciones institucionales y decidida a conquistar los derechos con sus propias manos, hace falta una fuerza qué haga de lo humano primero su programa de gobierno y de lucha popular su bandera es posible e imprescindible.

Mejor dicho, por fin ha madurado el tiempo de su nacimiento.  No desaprovechemos la oportunidad. Ahora es cuando.