La irreverencia de intelectualizar la barbarie

Por Mariela Montiel (Morocha peronista)[1]

“Si el otro llega cuando lo espero, ya no es un otro (..)Pero el otro no tiene que ver conmigo, porque es otro, irrumpe y molesta, genera en mí una perturbación y voy a hacer todo lo posible para que no moleste. Lo voy a disolver, lo voy a constituir en lo que yo necesite para estar tranquilo, lo voy a minimizar, lo voy a «aggiornar»; pero igualmente, aunque haga todo lo que quiera, pretenda y suponga que va a funcionar, hay un otro y, en el momento menos esperado, el otro irrumpe, está ahí.”

Darío Sztajnszrajber

Todos los que estuvimos la dicha de tener nuestro derecho a la educación garantizado, compartimos las aulas de alguna escuela media y escuchamos reiteradas veces a docentes hablando de la “Otredad”. Durante mi trayectoria por esa institución (disciplinaria), sonó  ese concepto por primera vez en las aulas de la escuela N° 6 de Temperley “José Manuel Estrada “ (hubiera preferido que se llame Raúl Scalabrini Ortiz, pero no era académicamente correcto para la élite terrateniente y rentística) Sin embargo, recién unos cuantos lustros después, pude encajar ese “otro” en las relaciones de poder, en los paradigmas epistemológicos, económicos, filosóficos y religiosos. ¿Qué quiero decir con esto? Qué producción de saber, metodologías de conocimiento, teorías racionalmente planteadas y discursos legitimadores hubo siempre. Los académicos, intelectuales y los círculos de producción de conocimiento existen desde la Academia de Platón y cada reforma planteada desde Europa moderniza los conceptos, los embellece, pero nunca los hace jugar con las verdaderas relaciones de poder que permitan ir a la raíz del problema. Se habla de libertad, pero siempre desde una concepción liberal. Se habla de revolución, pero no te explican contra quién hay que rebelarse. Se menciona el concepto de soberanía, pero no se reivindica a quienes la defendieron, como tampoco trascienden quienes intentan recuperarla.

Siempre es necesario mantener el conflicto. La existencia de una otredad les permite invadir territorios en nombre de Dios, silenciar caudillos que defendieron la soberanía de los pueblos, los denominaron bárbaros, marxistas, comunistas y terroristas. También crearon la UNESCO, tercerizando los intereses y así declaran “Patrimonio de la Humanidad” a los recursos naturales de los pueblos; o la OEA que calla ante asesinatos de dirigentes y avala guerras civiles en nombre de la paz y la democracia; adornar al Poder judicial y los medios para encarcelar a líderes políticos en nombre de una supuesta defensa a los postulados republicanos. Excepto terrorista, los nuestros, fueron castigados con este catálogo a la carta.

Este espacio, queridos lectores, nos convoca a intelectualizar la barbarie. A pensar lo que el poder llama “otredad”, aquí a partir del conflicto social y político hacemos filosofía con Leopoldo Zea, Martín Heidegger, pero también con la poesía de Pablito Lescano o el Indio Solari. Los postulados de objetividad y de universalidad impuestos por Europa dejó vacante la posibilidad que esa otredad se emancipe. Entonces como sostuvo Jauretche, el problema no es la historiografía (únicamente) el problema es político. ¿Saben por qué? En términos marxistas la existencia de una estructura y una superestructura nos obliga a darle voz a la periferia europea y plantear que el centro ahora (y desde el surgimiento de FORJA) es Latinoamérica y que como centro de poder tenemos nuestras propias y auténticas matrices teóricas y políticas. El entrerriano Fermín Chávez decía que nuestras crisis eran principalmente ontológicas, es decir, del Ser. En la escuela (integrante de la superestructura) la historia mitrista y la epistemología iluminista (claramente logran imaginar quienes son los iluminados y quienes los oscuros) nos inculcó una identidad funcional al sistema liberal, por lo tanto, si queríamos encontrarnos con nuestra verdadera identidad había que revisar el relato histórico y nuevamente construir , pero ahora sin omitir la lucha de los caudillos, bandidos y las mujeres que se pararon de uñas frente a aquellos que disputaban la soberanía. Quien escribe nació, vivió y aprendió a honrar la vida en las calles típicas de barrio, esas que se interrumpen por las profundas zanjas repletas de renacuajos, crecí con la mirada de Evita que parecía seguirme desde un poster gastado en la casa de los nonos. Tuve la dicha de  llegar a la Universidad Nacional de Lanús ( gratuita, legado del General) donde “otros” argentinos comprometidos con la comunidad que los vio crecer y entendiéndose finitos como individuos, pero trascendentales dentro del movimiento, me enseñaron que los nacionalismos son varios, pero el nuestro es el Nacionalismo Popular, que la historia se debe comprender a partir de una epistemología para la periferia, con categorías de análisis propias que den cuenta del Ser nacional que encuentra sus orígenes en Patria Grande de San Martín y Bolívar, en la argentinidad de quienes lucharon por la Liberación Nacional y piensan desde el barrio, escriben para su gente y renuncian a la gloria cipaya de los círculos académicos.

¿Qué implicancia tiene la ley de entidades financieras  y la concentración de las tierras  en la falta de soberanía alimentaria que arrojan  estadísticas de pobreza espantosas en el interior de las villa? preguntarse por el “otro” en términos existenciales ¿Cómo lograr que un pibe que sufre violencia física, psíquica e institucional durante su infancia encuentre su Ser Nacional  y luche por un proyecto nacional en su adolescencia?¿Qué reformas estructurales en el comercio exterior será necesario hacer para que un proyecto de país integre al desocupado, analfabeto y corto de luces del barrio Santa Marta? Esto es lo que intentamos hacer en este espacio.

Con vocabulario sencillo y cercano aplicamos la “rigurosidad” científica en la vida de los suburbios. Quienes encontramos nuestro compromiso ético, intelectual y político en los hombres y mujeres trabajadoras, asumimos la misión más importante, la de ser la conciencia crítica de nuestro tiempo. Somos una cepa nacional, pensadores irreverentes, egresados de la universidad pública que va por la “Tercera independencia” de nuestros pueblos: la cultural. El papel del académico, en cambio, es respetar celosamente las fronteras disciplinarias, publicar en las revistas especializadas de la profesión y reproducir el primado del paradigma teórico-metodológico convencional.

Para finalizar, lo que hacemos en este espacio es no solamente pensar al “otro” con las categorías permitidas por el poder hegemónico del saber y los medios, sino, hacer un meta-análisis y develar cómo es posible que cada vez que Juanito Laguna logra tener una infancia feliz, nos bombardean La Plaza.

Existe conflicto, nos imponen agendas, nos engatusan con palabras resignificadas, deconstruídas y nosotros aquí las pensamos, pero también descubrimos el poder real que hay detrás de ese pensamiento estratégico y transformamos el conflicto en posibilidad de acción. Aquí hacemos la liberación intelectual, combatimos a la tilinguería elitista.

¿Saben por qué nos llaman “otredad”? porque fuimos y somos el pueblo sublevado que no se conforma con ser resistencia, porque tenemos la capacidad de doblegar las categorías que nos imponen para general grietas, en crecimiento intelectual y propuestas concretas.

La posmodernidad nos hizo creer que los grandes relatos habían terminado, que las consignas políticas habían quedado obsoletas y que había llegado el fin de la historia. Pues disculpen, aquí preferimos volver a pensarnos y sostener la necesidad de emanciparnos de los paradigmas extranjeros y aferrarnos al Justicialismo, al Aprismo y forjar una nueva Patria Grande, porque para el pueblo la lucha es colectiva y la patria es el Otro.

 

 

 

 

 

 

[1] Docente del seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano de la Universidad Nacional de Lanús. Prontamente licenciada y pa’ la barriada, simplemente “la Morocha peronista”