La inesperada ayuda de los Estados Unidos a Perón: Spruille Braden

Por Lic. Manuel Ignacio Carreras, Analista Político.

Era el año 1946 y la Argentina se encontraba inmersa en un momento de suma inestabilidad política. La denominada década infame iba quedando en el pasado y el gobierno de facto de Edelmiro Farrell ya había prometido en el mes de julio de 1945, el llamado a elecciones libres para el año siguiente.

Sumado a los sucesos del diecisiete de octubre del mismo año, Juan Domingo Perón se perfilaba como candidato a afrontar las próximas elecciones. Por ese entonces, Perón ejercía tres cargos de forma simultánea: Secretario de Trabajo y Previsión, Vicepresidente y Ministro de Guerra.

Las bases de su apoyo radicaban en las fuerzas armadas, la Iglesia Católica y los sindicatos. El Partido Laborista, el Partido Independiente y la Unión Cívica Radical Junta Renovadora conformaban el trípode partidario para los comicios electorales un 24 de Febrero de 1946. Del otro lado, la oposición conjunta de los partidos de la Unión Cívica Radical junto con partidos del ala izquierdista como el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Comunista, formaron la Unión Democrática. Dicha unión de estos cuatro partidos tuvo como candidato a José Tamborini, un ex diputado y senador por la Ciudad de Buenos Aires y ex Ministro del Interior durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear.

Si bien fue fundamental para la campaña presidencial de Perón, su acompañante de fórmula, el radical Hortensio Quijano (quien recorrió el país en busca de votos radicales), la estocada final para su impulso de campaña vino por vías externas: ni más ni menos que desde los Estados Unidos.

En esos años de posguerra la conducción de los Estados Unidos estaba a cargo del presidente demócrata Harry Truman. Llevando a cabo una política de desnazificación en el mundo, donde todo lo que tuviese vínculo o se sospechara de algún vínculo con el nazismo, debía ser erradicado.

El gobierno militar argentino de ese momento, estaba bajo la lupa del gobierno americano y designaron al embajador en Argentina, un tal Spruille Braden como Secretario Adjunto para Asuntos de las Repúblicas Americanas.

Braden era un veterano empresario y diplomático con experiencia en América Latina. Había sido delegado en la Conferencia de los Estados Americanos, embajador en Colombia y en Cuba durante la segunda guerra mundial. Fue galardonado con un título honorario por la Universidad de Buenos Aires por su conducción en la Conferencia de Paz de Chaco.

Frente a la popularidad de Perón y sus posibilidades de hacerse con la victoria en las elecciones, el rol de Braden fue cada vez mayor. Con un apoyo directo hacia la Unión Democrática y disconforme con el accionar del gobierno de Farrell, Braden realizó llamamientos para eliminar la ideología nazifascista en la Argentina. Afirmó que los Estados Unidos emplearían todos los medios a su alcance para responder al clamor del pueblo argentino por un gobierno democrático.

Además de la actitud del funcionario estadounidense, su respaldo fue mayor cuando se realizó un cambio en el gabinete de Truman: James Byrnes reemplazó a Edward Stettinius como Secretario de Estado (el encargado de las relaciones exteriores en los Estados Unidos), el cual le brindó su total apoyo a Braden posteriormente.

Dentro del país, Braden se ganó el sustento de algunos estudiantes, empresarios e incluso de dos ex ministros de relaciones exteriores de la Argentina: Saavedra Lamas y Cantilo.

La fecha de las elecciones se aproximaban y como las posibilidades de la fórmula Perón-Quijano seguían intactas, el Departamento de Estado jugó una última carta para evitar una derrota: a solamente trece días de las elecciones, se publicó un informe de 131 páginas, llamado el Libro Azul. Dicho documento, manifestaba acusaciones de tareas de espionaje del gobierno militar para el Tercer Reich, la aprobación del gobierno para el desembarco de nazis y señalaba a Perón como un respresentante del partido nazi en la República Argentina.

Los efectos del documento no fueron los esperados para el gobierno norteamericano.

En primer lugar, la mayoría de los países latinos no vieron con buenos ojos ese intento de interferencia en la política interna de otra nación. Pero, el golpe más devastador, fue lo que sucedió luego de la publicación del documento mencionado.

El Libro Azul brindó la posbilidad de crear una dicotomía frente a las elecciones, utilizar esa herramienta en su favor, ofrecer a la población un gobierno de índole más nacionalista contra otra, dominada por interese extranjeros, esa fue la estretegia del Partido Justicialista y sus aliados.

Al poco tiempo, las calles se llenaron de carteles que decían “Braden o Perón”, sin ser conscientes, le habían creado a Perón un eslogan de campaña perfecto y por ende…las elecciones presidenciales. ¿Cuál fue el resultado? La fórmula Perón-Quijano se impuso a Tamborini-Mosca con un 53% de los votos en el año 1946.

El mismo Perón durante su exilio en el extranjero años más adelante, afirmó “yo, a Braden, quizás le tendría que levantar un monumento en la Argentina. Fue el que más nos ayudó a ganar las elecciones”.