La incertidumbre de la realidad discontinua

Por Liliana Etlis.

Siempre amanecía en ese espacio de incertidumbre, en la mitad de camino entre sensaciones que provenían del sueño y las de esa realidad que lo mantenía en alerta cuando despertaba, donde las ideas le producían confusión entre el quedarse en la zona del soñar con los restos de caras opacas y desdibujadas o cruzar hacia la brillantez de la realidad que también era opaca, aunque no tenía la consistencia de una nebulosa sino una pequeña similitud con el aleteo de una mariposa.

Se levantó con la impresión de estar viviendo el movimiento del vuelo en el reino de los sueños. El revoloteo tenía restos de imágenes donde las alas de un bello insecto desestructurado, aparecían por momentos con símbolos complejos, círculos, líneas curvas discontinuas y rápidamente ocurría una metamorfosis.

la imagen del recuerdo era la de la oruga que cruzaba la dimensión hacia la brillantez de una mariposa libre. Así pasaba de una larva cilíndrica y blanda que se arrastraba al aleteo en libertad.

Durante el transcurso del día fueron transmutando él y los restos del sueño, agregándole al mismo adjetivo al insecto, eligiendo en qué lugar se quedaría, si privilegiaba la belleza del vuelo o arrastrarse agachando la parte superior del cuerpo. Era muy similar a la realidad que lo esperaba a pesar de las incertidumbres y las curvas aleatorias de lo viviente.

Fue anudando memoria y emociones para darle sentido a esas imágenes irreales, fantásticas del espectro soñado para separar realidades y le resultaba muy dificultoso. Fue cuando le surgió la idea de la diferencia, de la desemejanza, reflejaba en su pupila alteraciones con solo pensarlas, observaba en su interior nítidamente algunos tramos cuándo advirtió que a veces los sueños son como las cortezas de aquellos árboles robustos con tallos leñosos:  marcaban límites a diferencia de la vida real que comenzaba en ese levantarse y continuar la cotidianeidad sin advertir rupturas ni discontinuidades.

 Consiguió espabilar lo que quedaba todavía en su cuerpo, se sentó a recorrer con su mirada el pequeño lugar donde habitaba, se duchó con agua tibia y comenzó a masajear esa cadera que tanto dolor le producía con jabón espumante especial, luego salió de ese estado de ensimismamiento y secó de realidades antiguas su piel húmeda. Desayunó a las apuradas, colocó su barbijo cuidadosamente y salió al aire como mariposa aleteando ideas y verdades, decidiéndose por la libre experiencia del vivir y no por ser rastrero como la oruga. 

Felices momentos.