La eterna crisis de los Museos Argentinos

Por Lic. Mlga. Marta Maldonado Nassif. Presidente de AProdeMus.

Los Museos son esos escenarios donde se despliegan múltiples discursos para preservar la memoria -tarea central de los museólogos-, espacios creados para la transformación, donde se llevan adelante investigaciones que despliegan conocimientos desde la comprensión de los objetos en relación con su entorno, son lugares que permiten el disfrute de la historia y del patrimonio natural y cultural (casi siempre desde lo local); esos museos se han convertido en un instrumento de desarrollo social y cultural al servicio de la sociedad que lo circunda.

La crisis del coronavirus golpea con fuerza al mundo entero. Como consecuencia de la pandemia muchas actividades de la cultura y el entretenimiento se ven afectadas por la cuarentena; donde los museos son una de las instituciones perjudicadas.

En Europa los grandes museos perdieron dinero y los más pequeños peligran por falta de recursos. En América, donde la crisis sanitaria llegó más tarde, permanecen cerrados desde fines de marzo. En Argentina, en el sector de la cultura se continúa con el aislamiento social, la prohibición de abrir los museos y sin fecha de reapertura.

En Argentina, tenemos una asignatura pendiente con los más de 1200 museos que celebran la cultura desde la Quiaca a Ushuaia, desde los Andes al Litoral. Nuestros museos, los que representan a las comunidades, los pequeños, los municipales y muchos provinciales se encuentran en muy mal estado comparados con otros museos de la región, donde la fuerte identidad cultural de esos países se ve reflejada en las instituciones del estado.

La compleja diversidad de nuestro país, la constante problemática social y económica, el tema de la cultura -y en especial los museos como reflejo material de ella- siempre corren detrás de otras necesidades insatisfechas; de hecho, esta crisis del covid19 lo puso de manifiesto, develando carencias y falencias. Sin legislación específica, sin personal puntualmente preparado y capacitado, sin recursos materiales ni tecnológicos muchos museos argentinos deben afrontar la realidad para adaptarse una vez más a los cambios de su entorno. En medio de esa precarizada situación están aquellos que mantienen y alientan la memoria, los intercambios, los aprendizajes, las vivencias y el disfrute de esos espacios que amamos.

Actualmente, en algunos museos se continúan las guardias presenciales de personal directivo especialmente, algún personal administrativo y por supuesto personal de seguridad, porque dentro de los museos hay objetos, material y documentación que resguardar. A pesar de que muchos “no cuentan con la tecnología” o “no tienen la conectividad necesaria” salieron a la palestra, haciendo propuestas desde la virtualidad para llevar adelante algunas actividades, brindando a los museos la posibilidad de seguir funcionando de una manera diferente, a través de videos, tutoriales o visitas guiadas por las redes.

Los museos viven del público. “En el mundo museológico es como en la educación, nunca es lo mismo el recorrido virtual que la visita presencial; no se compara estar parado frente a una obra o un objeto a ver por la pantalla, ahí, carecemos en muchos sentidos”.

Este presente invita a los profesionales de museos a reinventar y pensar nuevas estrategias para el futuro inmediato y para cuando las puertas vuelvan a abrirse. Habrá que hacer hincapié en la importancia de las personas por sobre otras «prioridades». Cuando se regrese cambiará la manera en que se visitan los museos, habrá que trabajar con extraordinarias medidas y adaptarse a la nueva realidad para volver en cuanto se pueda.

Igualmente, sería bueno que todos los ciudadanos nos planteemos cual será la política cultural próxima -y de los museos en particular-. No solo se trata de dinero, (o su falta) se trata fundamentalmente de saber qué es lo que se quiere de estas instituciones y –lo esencial– que estas estén formadas y dirigidas por profesionales para desempeñarse en los museos.

Si se centrara la gestión institucional en personas concretamente formadas para conservar el patrimonio (los museólogos); si sus esfuerzos se pudieran redirigir hacia la sociedad y por ende hacia los museos mismos, relegando otras funciones, esos serían los museos que lideren la Museología del siglo XXI.

Ser y estar, son los verbos que nos atraviesan; el futuro de nuestros museos depende -en gran parte-del interés de quienes los usufructúan y sostienen. Porque un pueblo que no cuida y preserva su cultura no tiene futuro. La historia así lo demuestra.

Queda mucho trabajo pendiente para cuando volvamos a las salas y se da por sentado que la readaptación resultará costosa en muchos aspectos, ¿las dificultades de la vida nos podrán mover a mejorar? ¿podremos avanzar retrocediendo?…