La Copa América de la revancha

Por Lucila Coccia.

Argentina salió campeón de la Copa América tras 28 años de sequía. Fueron múltiples las chances que tuvo la albiceleste, pero por obra de la suerte, quizás, y del trabajo, lograron consagrarse ante un mundo de adversidades.

Ese gol de Di María a los 22 del primer tiempo, ante un atónito Maracaná, quizás sea el mejor acto de revancha para una camada de jugadores de nuestra selección a la que los resultados le fueron muy injustos. Tres finales perdidas casi al hilo parecían enterrar la historia de un grupo, que ante la mirada exitista parecían no haber conseguido nada.

Más allá de la Final ante la verde amárela, cuyos puntos a resaltar son varios, es necesario enfocar en lo que el grupo logró en 45 días, con un fuerte recambio generacional y bajo una humareda de críticas. El aislamiento total de los jugadores argentinos caló hondo y llevó a que cada integrante del plantel vea en el otro a un familiar, alguien por quien podrían dar todo. El resultado se vio dentro de la cancha y la final ante Brasil fue la máxima expresión de ese compañerismo que le dio solidez al equipo.

Además, se vio un balance perfecto entre todos los jugadores, también de los que hoy ya retirados que aportaron su experiencia desde el banco de suplentes. La imagen de Lionel Messi buscando a Scaloni para abrazarlo de la manera en que lo hizo, silenció cualquier cuestionamiento al DT argentino. El “inexperto” que logró introducir nuevos jugadores, conservando a los mejores de la vieja guardia y así alcanzar el mejor equipo para Messi, que con 34 años ya demuestra que es humano.

Argentina y Messi le arrebataron la copa más importante del continente a un Brasil que nunca había perdido en su casa y que parecía predestinado al título desde el primer partido. La albiceleste, con muchas sorpresas, demostró que en las adversidades se hace gigante, que más allá de las grandes individualidades, nadie es mejor que todos unidos.

Este equipo ilusiona y avisa que está para grandes cosas.