La bala que no salió

Por Oscar Rodríguez.

Y todo sigue igual…. Igual de mal…

La dirigencia política desaprovechó una gran oportunidad de poner en debate lo que está sucediendo con la política en Argentina, la distancia que tomó de la gente.

No estuvieron a la altura. Un hecho que nos tendría que llevar a la reflexión, fundamentalmente del discurso radicalizado de la derecha en contrapartida con la moderación del otro lado.

Moderación que nos arrastra a tomar decisiones económicas que no le cambian la realidad al pueblo.

Estamos montados sobre un discurso ideológico con gran preponderancia en la agresión tomado de los principios Goebelianos, en la aniquilación del enemigo, esto nos lleva a tener en nuestra sociedad individuos que pretenden llevar adelante un magnicidio y peor aún, nos lleva a tener una oposición que no repudia este hecho gravísimo, que de haberse concretado nos hubiese puesto en la puerta de una guerra civil con consecuencias tremendas para toda la sociedad.

La dirigencia política no fue sólo la que no estuvo a la altura, la justicia y los medios tampoco.

Cómo se explica que no puedan mantener en custodia un teléfono celular sin que se les resetee, cómo puede ser que los medios pongan en duda si fue un atentado o no.

Así como se reseteó el teléfono de este homicida de la misma manera tendríamos que resetear a parte de la justicia y a los medios hegemónicos de incomunicación.

Cómo hacemos para ponerle un límite a estos pseudos periodistas, que sin ponerse colorados, dicen que CFK es una fábrica de odio, cuando fue ella la destinataria de la bala que no salió.

Se atentó contra la democracia, se atentó contra todos nosotros.

Ni siquiera este episodio gravísimo nos llevó a una reflexión de que nos está pasando como país, como sociedad.

La duda instalada desde los medios pone a la post verdad en el centro del debate, ¿sucedió o no sucedió?

Esto nos saca de eje de la verdadera discusión que hay que plantear.

Pongamos en debate a la justicia, pongamos en debate a cierta clase de dirigentes que constantemente está azuzando la tan mentada grieta.

Bullrich, como jefa del partido de la oposición, no salió a repudiar el atentado, Mauricio Macri, ex presidente con aspiraciones a volver, declaró que: “El atentado está siendo utilizado por el Kirchnerismo para iniciar una cacería de enemigos simbólicos”, da vuelta el hecho de manera muy agresiva, llevando adelante otro de los principios Goebelianos, el enemigo único.

Milei, dejando de lado si está loco o no, no solo aprovecha estas situaciones sino que también las genera, tanto las genera al punto que el agresor seguía en las redes a grupos filo fachos donde figuran partidarios propios de la libertad avanza.

Parte de la contaminación del debate público es por pura responsabilidad de este personaje nefasto.

Nada ha cambiado.

Milei es la emergente de la NO RESPUESTA a las necesidades básicas de la población. Las condiciones de vida en este capitalismo, nos hacen tener bronca y eso lo aprovechan direccionando esa bronca hacia el lugar opuesto de donde tendría que estar direccionada. No se tiene que direccionar esa bronca hacia una vicepresidenta que es la que está señalando el origen de tanta desigualdad.

Se entiende la bronca de no llegar a fin de mes, ahora… ¿hacia dónde la tendríamos que direccionar?

Tenemos que reflexionar, juntos, porque pasa esto que pasa.

¿Cuál es la “casta” privilegiada que nos quita derechos a los ciudadanos?

¿Quiénes son los dirigentes políticos que defienden a los super mega millonarios y apuntan a hacer cada vez más negocios a costa del hambre del pueblo?.

¿De dónde proviene este discurso radicalizado y con qué objetivos?.

Tengamos presente que a ese discurso tan pero tan radicalizado y tan pero tan corrido a la derecha se le antepone la moderación. Y esta moderación hace que todo se corra hacia la derecha.

Hay que bajar tanta agresividad a partir de poner en debate que es lo que genera tantas insatisfacciones en nuestra sociedad.

Este corrimiento hacia la derecha tal vez sea la clave para entender tanta bronca.

Paremos la mano, ¡no hagamos que la bala en algún momento salga!