“Jony” Potter, la saga. Capítulo 5: “Lxs Jony”

Por Lucía Braggio.

Como he contado en el capítulo 4 de la saga de este muchachito, a poco de recuperar su libertad, Jony volvió al barrio, al que había vuelto Leo (su querido hermano mayor) y donde, en un “ajuste de cuentas”, lo habían matado. Al tiempo, Jony contó que estaba con problemas y un día llamó y entendí  que estaba de nuevo en un lugar con muchas rejas.

El pibito estaba, otra vez, privado de su libertad acusado de un delito tan o más complicado que el anterior (que se sumaba como “antecedente”). Y, nuevamente, juntxs, a la distancia que no importa, transitamos este nuevo encierro… compartimos el nacimiento (al que no le permitieron asistir) de su segunda hija y la llegada al mundo de mis sobrinxs; nos contamos cosas lindas y muchas que dolían; nos reímos y muchas veces también lloramos; intercambiamos preguntas, reflexiones, preocupaciones, miedos; pensamos mucho en “el afuera” y cómo sería (que de algún modo era “anticipar”). Nos alegramos cuando llegó su libertad pero nos inquietó bastante que estuviera condicionada a exigencias insólitamente difíciles de cumplir… Hasta que, por fin, pudimos celebrar tranquilxs que ya había cumplido todo lo que debía y era legal y oficialmente libre. Durante todo ese tiempo, más de una vez, colgué el teléfono con miedo… Y cuando pasaban algunos meses y no llamaba, pensé lo peor.

Pero bueno, ese capítulo estaba definitivamente cerrado en la vida de Jony. Y con la convicción de que nunca más, trabajó en lo que encontraba para sostener a su familia, que al tiempito se agrandó con la llegada de un tercer niño. Logró cierta estabilidad laboral en el rubro de la construcción y las charlas empezaron a girar en torno a sus hijxs, la escuela, lo caros que estaban los pañales, el aumento del precio en la leche y la carne, toda la plata que había que juntar para salir a pasear con tres niñxs en vacaciones… y todas cosas de las que suelen hablar (o quejarse) padres y madres.     

Que fue poco el tiempo que compartimos en la escuela que nos encontró pero que no importa porque los vínculos del amor no entienden de cantidades sino de intensidad, ya lo dije… Y también ya dije lo difícil que me resulta poner en palabras “todo lo tanto” que significa Jony para mí. Para no seguir esquivándole y porque hoy esta saga termina, voy a intentarlo, recuperando algo de lo que fui aprendiendo con él…

Aprendí a comprender “revoleos de sillas”, reacciones desmedidas, errores, pifies… incluso delitos. Pero no por eso, defenderlos, justificarlos o perdonarlos.

Aprendí a juntar luces y sus sombras en el mismo ser a quien querés mucho, y que/porque todxs las tenemos, por más que nos enoje, nos cueste o nos duela asumirlo y por más oscuras que sean esas sombras…

Aprendí que “es corta la bocha”: las palabras difíciles no sirven y cuánto más sencillo lo digas, se entiende mejor.

Aprendí que aunque se entienda (que “anticipar es pensar antes”, por ejemplo), a veces no se puede porque no se pudo, porque urge la desigualdad.

Aprendí que a “pensar antes” se aprende siempre que existan las condiciones para hacerlo… y que cuando te privan de esa posibilidad, “pensar antes” no es una opción sino un privilegio…

Entendí que para muchxs, lxs olvidadxs de siempre, hay un Estado Penal antes que Social… porque es más sencillo sancionar la pifiada que garantizar el acceso a derechos (antes) para intentar evitar que se la manden…

Entendí que es más fácil encerrar para castigar (por más tiempo y a edades cada vez más tempranas) aunque no se sepa, ni se piense, ni se discuta para qué ni qué hacer con aquellxs a quienes se “selecciona” castigar encerrando.

Aprendí que el afuera puede ser, a veces, aún más difícil que el adentro… y que entre la omnipotencia y el no sirvió de nada es imprescindible construir redes colectivas de sostén para anticipar, enfrentar y transitar la libertad…

Ya he dicho que de este pibe hay que hacer un libro y que yo sólo pude construir capítulos de la novela que nos encontró. Jony es Jony y al mismo tiempo la mayoría de los pibes que conocí en las escuelas de los lugares de muchas rejas. Y está bueno, también, poder contar las historias de esxs tantxs Jonys que se hacinan en las cárceles sin distanciamiento social, en este espacio que me permite Identidad Colectiva.

Gracias por todo y por tanto Jony… Valió y vale la pena, siempre.