“Jony” Potter, la saga. Capítulo 3: “Hasta que” … La pregunta del millón

Por Lucía Braggio.

(Era junio de 2008)

Con todo lo que lo quiero, debo admitir que Jony era bravo cuando se enojaba.

Para quienes no hayan leído los capítulos 1 y 2 de esta humilde saga que intento hacer de él o para quienes lo hayan hecho, pero lo olvidaron, resumiré diciendo que Jony era un estudiante adolescente –circunstancialmente privado de su libertad– hermoso pero que solía reaccionar de manera desmedida ante situaciones que lo enojaban o frustraban.

Para ser más clara en esto de las situaciones-reacciones, me refiero por ejemplo a: revolearle un pupitre al operador que le dijo que no podía ir al baño (como relaté en el capítulo 1); pegarle a un compañero que le ganó en un juego; romper algún objeto cuando le negaban el acceso a un nuevo par de zapatillas; insultar al operador que le indicaba que “le tocaba” asistir a determinado taller y no al que él quería… En fin, situaciones que no se resolvían de la manera que él esperaba. Y sí, eso frustra a cualquiera; nos frustra a todes que las cosas no salgan como queremos… el (eterno) tema (o aprendizaje) es cómo reaccionamos y manifestamos nuestra incomodidad.

Las situaciones que traje como ejemplos no son similares, lo sé. Dejando de lado el riesgo físico que en algunas de estas escenas ponía a lxs otrxs, incluso podríamos debatir (no ahora) si era “justa” o no su demanda. Lo cierto es que, frente a todas ellas, Jony reaccionaba de maneras que no sólo no satisfacían su necesidad/interés inicial, sino que lo único que hacían (esas reacciones) era traerle más problemas, pues por ellas recibía alguna sanción que, la mayoría de las veces, lo dejaba sin poder hacer cosas (usar el teléfono, asistir a la escuela o talleres, salir al recreo o al patio, etc.).

Sin importar mis sentimientos (angustia, preocupación, enojo, etc.) antes sus reacciones, al (re)encontrarnos después de cada conflicto, con Jony siempre nos dábamos tiempo para una charla porque eso era lo que había que laburar con él. Y esas conversaciones eran más o menos parecidas “hasta que”.

Retomo el paradigmático caso de “el revoleo de la silla” pero la conversa aplica para los otros ejemplos haciendo pequeños cambios según las circunstancias del episodio (prueben, todos calzan):

Yo: ¿Qué pasó? (hubiera estado yo presente o no, siempre se lo preguntaba para escuchar su versión de lo acontecido)

ÉL: Me sancionaron

Yo: ¿Por qué?

Él: Porque le tiré una silla al operador… pero porque no me dejó ir al baño (se hacía cargo, pero medio que intentaba justificarse)

Yo: (Entendiendo y respetando su necesidad, interés o demanda) ¿Te parece, de verdad, que había que revolearle una silla porque te dijo que no podías ir al baño en el momento en que vos lo pediste? ¿Te parece que es una reacción acorde a la situación? (Incluso, en broma, le preguntaba si le parecía bien que las personas vayamos revoleando sillas por la vida ante cada “No” o “Ahora no”)

Él: No… Pero yo quería ir al baño (reitero, necesidad respetable)

Yo: ¿Y qué pasó después de que revoleaste la silla?

Él: Me sancionaron (generalmente, quedarse sin algo)

Yo: ¿Y Pudiste ir al baño después de revolear la silla? (para recuperar su interés/demanda inicial)

Él: No

Yo: Entonces no lograste lo que querías y encima te sumaste un problema, ¿no?

Él: Sí

Yo: Y si mañana te dicen que “NO” a algo que pedís y te enojás y revoleás una silla, ¿qué te parece que va a pasar?

Él: Y…. Me van a sancionar y me van a dejar sin teléfono o escuela o taller o patio… (o etc.)

Yo: ¿Y eso va a resolver lo que te enoje?

Él: -No

Yo: Entonces, Jony “anticipá” o “tenés que (tratar de) anticipar” o “si vos sabés lo que va a pasar X, anticipá”… (O similar)

Y Así…

Parecido…

“Hasta que” …

Un día…

Después de algunas varias largas charlas parecidas…

Me preguntó…

“¿Qué significa ANTICIPAR?”

Quizás porque quiero respetar el silencio desorientado en el que me dejó esa pregunta, esta vuelta no tengo mucho más para agregar.

Sólo decir que, si las charlas anteriores habían “fracasado” porque no habían modificado, en parte, las reacciones de Jony, la responsabilidad había sido absolutamente mía.

Y –para terminar– traer esa frase, quizás trillada, pero (al menos para mí) tan cierta que dice que lxs maestrxs aprendemos al “enseñar” (y agrego) o cuando nos damos cuenta de que creíamos estar “enseñando”.

Hace 12 años, con esa “simple” pregunta (que me dejó en silencio de palabras, pero en un murmullo de pensamientos) entendí que yo tenía un montón por aprender… y sigo.

(¿Así, de a poco, no se vuelve tan difícil entender TODO lo TODO y TANTO que es y me significa Jony, ¿no?)