Hoy ya es el mañana de ayer y la pasión es otra

Liliana Etlis.

En alguna parte hilaré recuerdos de esa normalidad tan vívida del año apretujado por pantallas, whatsApp, voces desde lo lejos e imágenes deformes tan cerca. Aplaudo internamente la llegada de las vacunas contra el Covid19, la interrupción del embarazo y que deje de ser clandestina y la movilidad jubilatoria. Des-aplaudo que sigan habiendo presxs políticxs en democracia.

Expresado estos puntos que no desarrollaré ahora ya que mis compañerxs lo harán, cuento lo siguiente que viví.

Hace poco tiempo las horas parecieron eternas, aumentadas por la dificultad que algunas veces atravesamos cuando se comienza a destapar una botella de sidra que tomaríamos segundos después. Luego de cruzar ese conflicto entre la sed, el corcho y el paso del tiempo, los sonidos se transformarían en sirenas, fuegos artificiales, conteos de uvas en algunos lugares mundanos, tal vez un grito visceral que llama seguramente a la puerta de algún enamoramiento profundo, eclipses de símbolos y sentires, lunas y soles redondos como el pan, allí mismo hoy ya es el mañana de ayer y la pasión es otra.

Desparramar los primeros sentipensares del año es desdibujarme en un ayer sombrío, un ahora renaciendo y recuperando algunas ideas confeccionadas en papiro acuático de color verde jade y de rizomas que transpiran vida, encontrando cotidianeidades con un grado de armonía terrenal. Así el tiempo metaboliza mutaciones entre fragmentos posibles, las horas viajan en segundos y los segundos se hacen tiempos de espera infinita.

En ese contexto recordé un clavel del aire que me reveló una de mis pasiones hace tiempo. Estaba la planta sin plantar ubicada en el vacío, en un libre espacio en la ventana.  Él me explicaba la rareza del mundo, ese estar-estando embelleciendo un balcón de un sexto piso que solo se podía advertir si agudizaba la mirada varias veces hacia ese rincón.

Dicen los que saben, que el clavel del aire se usa como antiespasmódico para dolencias abdominales y que en otros lugares es considerado dañino porque coloniza árboles deteriorados, impidiendo su normal crecimiento. Vive suspendido en el aire sin raíces, un vegetal en el vacío que existe desde hace más de 3000 años. Además cuentan que algunas especies de la familia (allí es cuando recordé la famosa regla nemotécnica de la biología “El Rey es un filósofo de mucha clase que ordena para su familia géneros de buena especie” para acordarse el orden de las categorías taxonómicas reino, filum, clase, orden, familia, género, especie) son indicadores biológicos de la contaminación del aire y que sirven, agregaban los que conocían el tema, para el estudio de cambios climáticos, con lo cual quedé también suspendida solidariamente con el clavel.

Si existía desde hace tanto tiempo ¿por qué se volvió a clasificar la naturaleza con la realidad enciclopedista en una Latinoamérica poblada de especies? ¿no tenían nombre antes del genocidio del siglo XV?

El clavel del aire iluminaba la Otra creación del mundo.

Nuevamente se visibilizaba a través de una trama entre miradas botánicas, taxonomías y colonialidad, el dominio del poder material y militar y una construcción ideológica donde la historia del mundo pasó a ser relatada como la historia de los logros y avances europeos, de civilización a partir de la cual se clasificarían todas las demás culturas y especies.

El clavel del aire pasaría a ser de la familia Bromeliaceae  y del género Tillandsia (Yo lo hubiese llamado entre mis adentros, íntimamente,  Helio, por su liviandad)

Así los relatos eurocéntricos presentificados a través del universalismo como modelo aplicable a toda la humanidad; se iban sumando las nociones de civilización como propia de Europa, también progreso y teorías de estadios sucesivos, además del establecimiento de la ciencia a partir de la historia natural y del discurso positivista newtoniano-cartesiano, siendo la verdad científica la única válida en todo tiempo y espacio y el racismo como organizador de la sociedad.

El proyecto planetario europeo de construcción de un universo significativo y sus políticas de clasificación que Pratt escribiera como la “descripción exacta del todo”, enlazaría con el hilo de Ariadna y su clasificación, sin la cual solo existiría el caos.

La ciencia general del orden y la descripción de lo visible construyeron un inventario donde además de las políticas de clasificación, políticas racializadas de tipificación de sujetos y grupos humanos, construyó un acto político en potencia, se organizan así, hasta la actualidad, mundos coloniales constituyendo sujetos, cuerpos y vínculos.

Pasaron los siglos. EEUU como país imperial comienza además a colonizar el Saber, el Ser, el Conocimiento. Somos producto de esa concepción del hombre, del “saberlo todo”, el saber general sobre algún saber particular. Realmente ¿eso implica todo el saber? ¿hay algo que esa razón instrumental se está salteando? ¿Dónde se considera el Saber Popular? Y la respuesta se halla en la vida cotidiana, en el caos de las sensaciones, sentimientos, angustias, verdades reveladas o encubiertas que nos interpelan todos los días y en diferentes formas de organización popular.

Nuestras subjetividades son modeladas activamente a través de los medios de comunicación y otras formas de colonialidad donde se construye la noción de una vida moral y exitosa por medio de la acumulación de riqueza, mercancías y propiedades, naturalizadas por una matriz colonial de poder, narcotizando el pensamiento.

Una de las vías posibles de atravesar caminos hacia otra normalidad es con-vivir sin reproducir modelos petrificados en el tiempo que ha descompuesto el nefasto neoliberalismo y un sistema estructural que agoniza, evidenciado en la pandemia la desigualdad, una justicia cómplice y putrefacta, la falta de libertades y soberanías y otras yerbas.

Habitar esos sentipensares que otro mundo es posible de ser vivido por el bienestar del campo popular es una urgente necesidad de las especies en territorios del mundo para garantizar el Buen Vivir.