Hoy que sólo brota sangre de la tierra…

Y en cada una de las guerras: muertos,

muertos que beberás en tu copa de vino,

porque ¿adónde van los muertos sino a la tierra y al agua?.

 La felicidad es un racimo que en la lágrima de un hombre, una mujer y un niño

halló su fuente. ¿Eso quieres? ¿brindar al fin con esa lágrima?

¿y por quiénes brindarás, por cuáles causas con tu vino de muertos?

Míralos moverse, allí en el fondo no cantan las danzantes del dios,

porque el mismo dios está turbado, su llama tiembla,

al fin su corazón sin sangre, late;

pero los esponsales con la sed no fueron gratos:

no sabe caminar el dios que vuela

y hoy su ala no conoce fieles.

Escucha el silencio.                                                    

                           ¿Adónde fue la música?

Los coreutas abrigan al bemol decapitado, sus voces se diluyen,

caen notas que no sabemos descifrar, sólo los pájaros…

Sólo los pájaros

recordarán mañana las voces altas,

                                                   quizás tarde

conoceremos la clave

en un espejo para ciegos.

Pero hoy que sólo  brota sangre de la tierra,

 y eres la copa,

de una única cosa deberías ocuparte:

asiste a tu propio entierro y mírate llorar.             


Por Nieves Viviani.

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