Highlander: Los Inmortales

Por Claudio Posse.

Escuchá la Editorial de Claudio Posse “Highlander: Los Inmortales” acá.

Para aquellos que nacimos en los setenta, Highlander fue un film icónico del futuro apocalíptico, la película inglesa protagonizada por Christopher Lambert como Connor MacLeod y Sean Connery como Juan Sánchez Villalobos Ramírez. Los inmortales, en Highlander, son seres de una raza especial que sólo pueden morir decapitados entre sí. Viven desde hace siglos entre los hombres, pero ocultando su identidad. Unos defienden el Bien, otros, el Mal. Una maldición los obliga a luchar entre sí hasta que sólo quede uno de ellos.

Hago referencia a esta película pensando en la obsesión del ser humano de mantenerse con vida por siempre. Claramente para la mayoría de los seres humanos esto tiene resolución a través de la descendencia, hijos, nietos, etc. Otros y otras, avaros elles, piensan en la trascendencia desde lo material, entonces acumulan dinero y propiedades que otres heredaran. También tenemos a los intelectuales o las artistas que dejan sus libros, películas u obras artísticas, cuales fueran, para que queden como legado.

Hasta ahí, más o menos todo entra en una lógica con coherencia: si no puedo ser inmortal… dejo mi legado.

Sin embargo, existe una casta se Highlanders… de inmortales que pululan por la argentina. A diferencia de la película inglesa, no se esconden, todo por lo contrario, se exponen, se muestran y hacen gala de su opulencia. Esa “elite”, por llamarla de alguna manera, habita en uno de los poderes de la república: El Poder Judicial.

Antes de que me digan: “es odioso generalizar”, pienso que es más odioso que un Poder de la República establezca espacios de trabajo eternos. Pero el problema no es que tengan laburo hasta que se mueran, el problema es la construcción de poder despótica que genera esta situación.

Entonces, tenemos un grupo que decide sobre la vida, sobre la libertad de todes nosotres sin ninguna clase de impedimentos, por imperio de la ley o sin ella, porque al fin y al cabo las manipulaciones de las decisiones se determinan según sus necesidades e intereses, pueden ser a favor de un grupo o solo por beneficio económico, o de cualquier interés, porque su inmortalidad genera, indefectiblemente, características suprahumanas, es decir, se consideran “mejor que las personas”.

Si tenemos en cuenta esto, podemos decir que los integrantes, los que conducen el Poder Judicial se sienten Dioses, porque consideran omnipresentes (están en todas partes), omnipotentes (pueden hacer todo) y omniscientes (saben todo).

La verdad es que deberíamos reflexionar sobre la democracia, sus características y sus definiciones. Quizás sea hora de atrevernos a cuestionar las frases hechas, a modo de ejemplo: “la democracia es votar cada dos años”, ¿eso es la democracia? O podemos pensar la democracia como un instrumento de representación establecidos en todos los poderes de la república y que se transforme en la herramienta para la transformación de los sectores populares y no un arma de los sectores de poder para sus beneficios.

Es inaceptable para nuestra democracia, para nuestras instituciones, para nuestro país y para el pueblo argentino que estemos pensando que Cristina Fernández de Kirchner, actual Vicepresidenta de la Nación y dos veces Presidenta de la Argentina (elegida por el Pueblo), pueda llegar a ir presa, o que su vicepresidente Amado Boudou este preso, o que su ministro “estrella” Julio De Vido sea perseguido permanentemente.

Nuestra conducción tiene que hablar de frente, sin dilaciones y actuar con las convicciones que tiene el campo popular. Una de ellas es la convicción que en un gobierno popular no puede haber Presxs Politicxs.

La vida real no es como las películas de fantasías. Nada es eterno en este mundo, solo la lucha popular por un mundo igualitario.