Hemos dicho Basta

Por Liliana Etlis.

                                                                                           Ya son demasiados que la pasan mal

                                                                                          Hemos dicho basta y echado a andar

                                                                                          Nadie en el mundo nos puede parar

                                                                                          Empezó la lucha y vamos a triunfar

                                                                                         Por fin la justicia llegará a reinar

                                                                                         Hemos dicho basta…

                                                                                         Y echado a andar.

                                                                                                             -Quilapayún-

Observé a una joven tirando de un carro en la esquina del edificio, llevaba muchos objetos destartalados y otros en estado casi pasable. Uno de ellos era una puerta resquebrajada en láminas de madera muy fina, descolorida y tendida empujada por una adolescente de unos 18 años, tez morena y mirada atenta. Sus ojos iban a la búsqueda de cualquier objeto residual para ensacar. Sobresalía desde la puerta tendida en el saco, una palabra pintada de color ladrillo que decía Basta.

Las esquinas polvorientas junto a la acumulación de residuos urbanos hacían un paisaje frío, pero no por la temperatura del afuera, era una helada sensación de rememorar sensaciones dolorosas. La puerta con la palabra y un lugar simbólico, iban con otros objetos detrás del cuerpo de Juana.

 Basta estaba más ligada a un fin social que desconocíamos. No siempre fue individualismo, veníamos de historias donde la ilusión era el comienzo de lo común y queríamos dar fin a ideas que nos atrasaban otras ideas. En tiempos setentistas, escuchábamos esa estrofa del comienzo y nos apapachábamos. Basta surgía de las luchas colectivas, de las canciones de los Quilapayún en épocas donde el cielo era de un intenso azul iluminado de utopías. ¿Qué había detrás de la canción de los Quila, el conjunto chileno y de Latinoamérica?  Había pasión, deseo de cambios profundos, liberación compartida, no pertenecer ni ser colonia, una trama inmersa entre equidad, solidaridad y soberanías.

En ese momento de recuerdo incontrolado, se juntaban en los pensamientos superpuestos dimensiones imaginarias, simbólicas, reales, los ensueños nos acariciaban el cuerpo y cantábamos abrazados en medio de la incertidumbre porque intuíamos que el golpe en Chile, era el comienzo de una de las tragedias más importante de nuestra Patria Grande.

Esa fue la primera asociación que hice cuando las sombras de la historia se hacían cada vez más húmedas, Basta tenía una representación en la militancia que iba más allá de la definición googleana, era la rebeldía hacia el pueblo hermano sufriendo las últimas palabras de Allende y los bombardeos en la casa de la Moneda por parte de los aviones asesinos del brigadier Leigh.

¿Por qué hice una correlación que tenía que ver con el pasado tan lejano? Una palabra leída y pintada en una puerta dormida por la desidia, vaya a saber por quién y por qué, era además encontrar en la memoria un sentido de identidad con las libertades colectivas, sea social, cultural, histórica.

La mirada desde el Poder prejuzgando a sectores subalternos, lxs que padecen constantemente violencia vicaria, moral, psíquica, física, institucional, otros maltratos y abuso de poder, encuentro por, es el desencuentro de una parte de la sociedad indiferente ante las injusticias y la desigualdad.

Pareciera ser, que la puerta desgastada con las letras donde llevaba la inscripción, hacía que imaginara un sueño diciéndole que se apropie de la idea, de poner fin a ese estado naturalizado de la vida cotidiana. De decir Basta. Una especie de transición desde el Yo hacia el Nosotrxs.

Señalar interrogantes que a veces no registramos socialmente refiere a las muchas Juanas que por comida están en la calle tratando de juntar fragmentos de objetos sin vida, venderlos o cambiarlo para poder sobrevivir.

Sin embargo, tenía sus esperanzas, el objeto en cuestión con Basta en su carro iniciaba un mundo a comprender diferente, desde sus vivencias hasta sus dichos.

Me dijo Doña: ¿sabe que vamos a cambiar después de las vacunas? Me sorprendió su pregunta, se me vinieron los procesos populares a la cabeza, la epistemología, la descolonialidad, los nuevos tratamientos psicológicos para la pospandemia, las nuevas formas de comunicarse y Juana descubriendo con su voz, sonidos entretejidos con el deseo.

Muchas veces siento que el poder de las sabidurías territoriales aporta una forma de ver la vida menos complicada y tal vez más cierta.

Tenemos esa cultura de colocar palabras en la boca sedienta de sectores que no solo no las expresan, sino que lo hacen desde su sencillez, es más interesante que los discursos petrificados por el tiempo. Sería bueno escuchar esas voces para construir un mundo mejor.

                                                                                         Hemos dicho basta…
Y echado a andar.