Había una vez

Por Luis Carzoglio – Juez de garantías de Avellaneda.

En el planeta Tierra, cada 1ro. de Mayo, Día del Trabajo, se recordaba la jornada como una de luto y lucha por aquellos hombres de trabajo que, otrora, se habían inmolado en defensa de sus derechos. Sin embargo, allá, en el sur de la América Latina, cerca del fin del mundo, dícese que había un país donde los trabajadores celebraban la fecha con una extraña e inusitada alegría, cercana a la felicidad, ante la sorpresa y el descreimiento de sus pares del resto del orbe.

Así, en esa lejana tierra, cada 1ro. de Mayo, los hombres de trabajo, orgullosos y en paz, agradecidos, se reunían en un histórico lugar, bautizado como Plaza de Mayo, para festejar su día, junto a quien les había dado reconocimiento, dignidad, conquistas sociales y, por sobre todo, ese bien tan preciado que se llamaba trabajo, además de una presencia poderosa dentro de la sociedad que los cobijaba. El responsable de la historia que hoy relato, iniciador de una historia de amor entre los hombres, también les había enseñado, a los trabajadores, acerca de lo que él mismo definiera como Justicia Social, término que encerraba, sin lujos, a la familia, célula base de la sociedad, educación, movilidad social, vivienda, salud, seguridad, todo a través de la unidad entre ellos, en base a una doctrina basada en eso que se llama AMOR.

Ante ello, la reacción desde la oscuridad no se hizo esperar. Con el tiempo, los que basaban su diatriba en el rencor y enfrentamiento entre los hombres para sostener su poder, por izquierda y por derecha, comenzaron su tarea para terminar con esa “extraña” celebración del Día del Trabajo. Así, en ese remoto país, y durante décadas, que llegan a la actualidad, intentaron echar por tierra con lo justamente logrado por los trabajadores de ese lugar. Se sucedieron así, humillaciones y padecimientos, persecuciones, muertes y desapariciones, buscando infructuosamente terminar con las conquistas obtenidas y hasta, también, con el recuerdo del hombre que iniciara la epopeya.

Todo lo hecho fue en vano. Cuenta la leyenda que, hoy inclusive, entre sus padeceres y carencias, pergeñadas por los oscuros seres, los trabajadores de esa lejana tierra, cada 1ro. de Mayo, recordando a quien les ofrendara su vida sin pedirles nada, dentro de su corazón, al saludarse, lo hacen como en los buenos tiempos, con un “Feliz Día Compañero”, siempre llevando en su recuerdo aquellos encuentros de la Plaza con su mentor y guía, unidos en un mismo festejo, con la firme convicción que, en un futuro cercano, vuelvan los festejos y la celebración por haber alcanzado, a través del trabajo, eso que se llama dignidad.

Dicen los que saben que, cada vez que ello ocurre, desde el Cielo, un viejo militar con su uniforme de General, sonríe orgulloso, seguro que lo que él les inculcara desde un hoy vacío balcón, no ha caído en saco roto. Ante ello, propongo hacer todo para darle a esta historia un final feliz, trabajando y luchando para regresar a aquellos 1ro. de Mayo, llenos de luz, fiesta y esperanza.

¡Por eso, FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR! Abrazo Argentino.