¿Había otro mundo antes de la Modernidad?

Por Liliana Etlis.

Estaba con mi cuarentena a cuestas preparando un trabajo sobre el tema del popular virus y recordaba mis recorridos por los laboratorios de la Facultad de Farmacia y Bioquímica en un período de mi historia allá lejos y hace tiempo. Lo que sí quedó grabado en mi fueron las bellas sensaciones de observar por el microscopio tejidos anteriormente preparados, para visualizar una célula y sus organelos. Con todas las precauciones relacionadas para que no se perdiesen las propiedades del mismo, se proporcionaban condiciones suficientes para la estabilidad de alguna muestra de tejidos protegida de la corrosión, contaminación o degradación, evitando así detalles que nos darían información falsa, tiñendo así dichas muestras, hidratarlas y un sinfín de técnicas engorrosas para mis neuronas.

Los nombres de las plantas en Botánica se identificaban con un latín casi imposible de retener, como si las mismas especies no hubiesen existido con otras denominaciones antes de la colonización del año 1492 de nuestra era. Me preguntaba en ese momento ¿cómo era antes el mundo? Esas especies ¿existían antes? ¿Por qué era renombrado todo lo existente? ¿Plantas, flores, animales, organización del cuerpo humano, tiempos, dispositivos espaciales?

Esta experiencia que siempre mantuve latente en mí, me llevó a reflexionar otros procesos vividos, cuestionando aquella mirada biologizante de la cotidianeidad que muchas veces se suponían naturales, como las denominaciones botánicas, o partes del cuerpo en Anatomía Comparada y que son muchas veces construcciones sociales con una ideología que colonizaba y colonializa intencionalmente el conocimiento y los saberes, como si por ej. El pensamiento tradicional eurocéntrico fuese la única verdad y el pensamiento crítico estuviese embebido de una valoración negativa.

Desde el fondo de la historia vamos a contornear hoy el concepto de Modernidad. ¿Por qué? Porque produjo muchas heridas que, hasta el día de hoy, en este presente tan virósico, nos acompaña hasta las formas en que interpretamos nuestra realidad en cada espacio cotidiano.

Esas afectaciones y desgarros producidos por la mirada universal de la Modernidad, invisibiliza formas de control y disciplinamiento que contribuyen al estancamiento para pensarnos en vivir con otras formas de funcionamiento y estructura social.

¿Es posible colocar en el centro de la discusión en nuestra sociedad tan compleja el interrogante en qué tipo de sociedad queremos vivir? ¿Qué es lo que hace que naturalicemos la desigualdad y que la mismo pase desapercibida al igual que la lucha por la dignidad? ¿Por qué no está en el centro del debate la lucha por una patria justa, libre y soberana en la mayoría de la población inclusive la no militante y la más afectada?

A raíz de una conferencia que escuché del Dr. portorriqueño Ramón Grosfoguel hace algún tiempo, comencé a buscar por la vía de la Descolonialidad otros conocimientos que complementarían los que traía desde la práctica en Psicología como además en Antropología Social.

Recuerdo que planteaba en su exposición, la idea de sistema mundo que se comenzó a construir políticamente, además de culturalmente junto a consecuencias hasta la actualidad, la colonización europea, dividiendo a los países entre dominados y subordinados en un comienzo. Esto marcó formas de Estar en el mundo, patrones eurocéntricos, capitalistas, neoliberales, sexistas en el funcionamiento estructural, institucional y en su accionar. Más de quinientos años….

¿Cómo era antes el mundo? La misma pregunta en otra etapa de mi vida.

Desde hace siglos, hay una civilización con formas de Poder, de Ser y Estar en el mundo que se irá organizando alrededor de una lógica occidental civilizatoria de muerte, lógicas ecologicidas, genocidas por el racismo, feminicidas por el patriarcado, esto es formas de comprender el mundo desde la universalidad negando otras formas de conocimiento, destruyendo otras experiencias de vida de pueblos que enfrentan problemas diferentes a los eurocéntricos, pensamientos binarios cartesianos y otras denominaciones.

El Poder, el Saber y el Ser desde el Pluriverso nos desplazan de hábitos y comportamientos construidos por ejes de dominación civilizatorios, hacia diferentes formas del vivir como los pueblos ancestrales latinoamericanos, norteamericanos, africanos, asiáticos, australianos, donde la memoria funciona como una alerta hacia la destrucción del planeta y un destino al buen vivir.

Para acercarnos mejor al tema de cómo nos han controlado y disciplinado por más de 500 años los cinco países que determinan nuestro pensar eurocéntrico (EEUU, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia), nos han hecho creer que los procesos migratorios siempre fueron escusa de crisis económica para favorecer el discurso del exterminio. De esta manera proclaman que el racismo es un problema de personas aisladas, que es un tema que tiene que ver con un prejuicio, pero el racismo tiene otra concepción, es un concepto organizador, es una expresión estructural, institucional, social que afecta la vida de la población y si no se manifiesta en acción, seguirán los funcionamientos de lógicas racistas que toman diversas formas: de identidad religiosa, color de piel, étnica, otras y sus consecuencias: odio hacia los vulnerables.

Franz Fanon, psiquiatra argelino, proponía que la dominación no tenía que ver con la geografía sino con una posición respecto al Poder. Agregaba que habría una línea imaginaria que separaba por un lado lo humano y por el otro lo subhumano y lo no humano. Además, agregaba que tendrían que haber políticas que afecte lo institucional para que la desigualdad no se pronuncie en lo humano como lo Superior y lo subhumano y no humano como formas de Inferioridad anulando sus saberes.

Así donde las prácticas culturales, estéticas, gustos, de rezo, sociales, etc. quedaban como únicas, válidas y universales las que pertenecían a los humanos superiores en las zonas del Ser, los demás se consideraban parte de la barbarie, sin alma, sin ADN, pertenecientes a la zona del No Ser respectivamente, anulando sus conocimientos en toda su expresión.

No hay un camino único en momentos de crisis, sería productivo poder limitar y reflexionar sobre diferentes formas del pensar la Comunidad Organizada, expresión que utiliza la Dra. mexicana Karina Ochoa, revisar aquellos procesos de cambios desde el barrio, las unidades básicas, las multisectoriales, las organizaciones sociales, las cooperativas, las asociaciones, las iglesias, la calle, que nos lleve a instancias legislativas, el papel del comunero u equipo, esto es situar en debate otra lógica, la descolonial, que se inicie con el concepto de Modernidad no desde el siglo XIX con el “pienso luego existo” sino con el siglo XV donde la premisa anterior muy bien explicada por el Dr. argentino Enrique Dussel, se visibilice: primero “ conquisto luego existo”, sin este reconocimiento no se comprenderá nunca la explotación, dominio y genocidio anterior a la noción de ciudadanía impuesta por el modernismo, ya que esta idea  no reconoce a los subhumanos ni no humanos que nombramos anteriormente. Las prácticas modernas analizando solo la segunda premisa, “pienso luego existo”, favorece la desigualdad negando los procesos populares anteriores.

De este modo se fue construyendo la matriz colonial del Poder interrelacionando el control de la economía, de la autoridad, del género y la sexualidad y por último del conocimiento y de las formas de subjetividad. Temas que serán tratados en otro encuentro escrito.

Desprendernos de este espejo civilizatorio nos posibilitará liberarnos y poder establecernos en las raíces de un buen vivir para todxs los seres humanos del planeta sin caer en clasificaciones que tienen como consecuencia la destrucción del mismo.

Así será posible una vida digna con Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social.