Germinando

Por Liliana Etlis.

Aquel hombre que decían de buena conducta, hizo una pregunta que la descolocó – ¿usted qué piensa, sigue lo sagrado viviendo en nuestro inconsciente? y ella, aturdida por tan hondo interrogante, susurró con una extraña onomatopeya. 

En sus ideas era otra apertura al no saber. Le recordó al hombre de buena conducta, que son necesarias las faltas y que los cantos tienen sentido, entendimiento y razón cuando construyen identidad, pero que también están los sonidos que provienen de lugares poco claros, desdibujados.

Durante ese tiempo, desorientada, comenzó a rememorar sus vínculos más lejanos. Desconocía lo sagrado y lo profano más allá de las definiciones bibliográficas que llegaban a ser muchas, según las culturas y las políticas lugareñas. Sus espacios de pertenencia estaban libres en el mundo, carentes de fronteras fijas. Pero los internos estaban irrigados de creencias que la sorprendían.

Recordaba la necesidad del brebaje nocturno que la mujer de los cabellos blancos recomendaba injerir muy despacio hasta calmar los nervios emparentados a la incertidumbre.

Durante aquellas nueve lunas de vientre hinchado, acostumbraba preparar en un vaso esmerilado, una pequeña medida para ingerir diez sorbos de cerveza, jengibre y ralladura de medio limón, coctel que fortalecería los sentimientos para cuando sintiera el nacimiento. Además, la ayudaba a tonificar su musculatura interna humedecidas por finas estructuras blandas.

Escuchó su cuerpo que acumulaba vivencias de otras corporeidades. Parió con certezas y dudas anochecidas bajo la piel y sintió una nueva intensidad de su estado frente al origen.

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