Fuente Ovejuna

Por Liliana Etlis.

Escuchá «Fuente Ovejuna» acá.

Estaba por comenzar la reunión por zoom, plataforma que no es la de un centro deportivo construida con material de hormigón sino la digital, un lugar en el espacio donde nos juntamos ayer muchxs de la comuna para tratar de visibilizar y dar solución a las injusticias propias de CABA. Mientras entraban a la cuadrícula que tampoco es parecida a las hojas que usaba en la escuela primaria para resolver los problemas geométricos, decía, mientras estaba suspendida mis sentires en la entrada a esas formas nuevas, que ya son cotidianeidades de vinculación y costumbres en la piel y la mirada, sentipensaba. No es que unx piensa por un lado sobre las injusticias y siente desde otro pluriverso. No. Siento y pienso al mismo tiempo y tampoco en forma lineal, siempre las imágenes recorren una simultaneidad de situaciones.

Aquello era lo más parecido a la que había leído hacía tiempo en Fuente Ovejuna, una obra de teatro que Lope de Vega escribiera allá por el siglo XVII. Fuente Ovejuna era un pueblo dominado por el Comendador que utilizaba el abuso de poder y donde la crueldad circulaba en las raíces del vivir, similar al que vivimos en CABA, donde se entremezclan el amor por lo justo y la igualdad, la solidaridad, la sobrevivencia, las múltiples costumbres y en otra proporción, la banalidad del mal y pensamientos semejantes al medioevo.

Lo que recuerdo era un tema que hace tiempo me da vueltas en el cuerpo y es el pedido de justicia. Como la trama principal en Fuente Ovejuna era el levantamiento del pueblo contra el abuso de poder del Comendador, se planteaba el conflicto entre el señor feudal y los vasallos representados por el pueblo.

A través de la unidad de todos se ejerce la derrota del mal por parte del poder colectivo, entra en juego temas como el honor y la dignidad. No entro a detallar la monarquía de la época donde transcurre la obra de teatro porque quise poner el acento en la pregunta que recorre las páginas “¿quién mató al Comendador? Preguntaba un juez, Fuente Ovejuna lo hizo”, respondía cualquier habitante.

Los versos que me llamaban desde la biblioteca en un sonido áspero y continuo eran “…la sobrada tiranía y el insufrible rigor, mil insultos hacía…autor de tanto daño, la hacienda nos robaba y las doncellas forzaba siendo de piedad extraño” ese era el Comendador.

La condición humana de sentipensar el buen amor asociada al pedido de justicia, atraviesa las sociedades independientemente de los momentos históricos y las culturas, con diferentes modos, formas, mecanismos, pero es necesidad indispensable para las utopías.

Seguí sentipensando cuando me volvió el cansancio de la espera en la cuadrícula de la reunión del Consultivo. Era mi primera vez y casi no comprendía las modalidades de funcionamiento, estaba sola en ese cuadrado donde observaba como se condensaba las pequeñeces de mis pesares por esta vida en CABA. Comencé entonces a escribir un listado de las cosas que diría mientras muteaba el micrófono de la pantalla.

Así la lista fue creciendo haciéndose más voluminosa, las palabras comenzaban a salir de las hojas blancas que estaban al costado de la computadora, las demandas salieron por la puerta de madera color marrón oscuro y entraban por el ascensor, automáticamente cruzaron el pasillo que daba hacia la calle Pichincha.

Ocuparon además transparencia los reclamos al Comendador, que ya se le había caído el cabello por el paso de los siglos. Se juntaban así con otras palabras que provenían de otras geometrías participantes armando otra Fuente Ovejuna del siglo XXI, que también reclamaba dignidad, justicia, verdad, memoria y mejor calidad de vida.

Comenzaron a tomar un color fosforescente algunos conceptos que estaban por detrás de los mensajes, las desigualdades, el racismo, la falta de limpieza, la necesidad de los espacios verdes, familias que viven en la calle con los muebles incluidos, la discriminación, la seguridad, el aumento del ABL, la rendición de cuentas de quienes nos representan, la democracia participativa, en qué se gasta la guita, la falta de control ante el aislamiento, el aumento de casos de dengue entre tantas cosas.

Entonces hice una lista de jerarquización en mi diálogo interno con mis ideas desde adentro y resultó ser la siguiente: Covid19, dengue, racismo, represión y luego todo lo demás. Y las frases fueron adhiriéndose a los troncos de los árboles para que sean leídas y tomadas en cuenta, en las paredes del barrio, escuelas, hospitales, paradas de colectivos, calles, veredas. También cobraron espesor para que sean leídas a través del tacto. Y con el tiempo adquirieron un sabor que llenaba los huecos de cada letra en cada reclamo. Era más fácil digerirlos según algunxs fuentes. Siempre el afecto y las emociones entramaban el texto.

El vértice de la letra V, siendo el Covid la vanguardia temática de la reunión, comenzó a tener mucha fuerza su vértice, ya tenía memoria colectiva de participar en otras palabras como VOLVEREMOS, VICTORIA, VUELVE, VENCEREMOS con lo cual su vértice sureño se hizo más pesado expresando un sonido armónico y frecuente.

Entretejimos instantes de unidad en esa reunión entre cuadrículas, conceptos, palabras, mensajes y reclamos. Miradas. El recuerdo de ese encuentro coincidía con las utopías que venían desde muy lejos, intentábamos reinventar soluciones posibles ante tantas injusticias para fundar un mundo mejor.