Fotos disfrazadas

De Leonardo Gotlib

Recién terminé el primero de los dos libros que me prestaste.

El día se presta para leer todo el día: es un típico domingo gris de invierno, pero en vez de domingo, hoy es sábado. Errores de la Matrix o detalles menores irreparables.

Cuestión que terminé el primero, me levanto de la cama, voy a la biblioteca, agarro el segundo y vuelvo a la cama.

Lo abro y me encuentro, en la primera página en blanco, una dedicatoria, en lápiz, de alguien que alguna vez te dedicó este libro.

Me encantan estas cosas.

Y no hablo del cúmulo de pasado, de la inevitable y caprichosa vida que hoy nos cruza.

No.

Hablo de estas «fotos disfrazadas».

Me imagino el momento:

¿Te lo dió en una plaza?

¿Hicieron el amor ese día?

Quizá son amigos,

o quizá se pelearon del modo más horrendo.

Espero que no,

no te lo merecés.

Todo eso pienso mientras sonrio.

Hay algo en las fotos que no me cierra,

todas esas sonrisas,

esos peinados…

No sé.

Estás «fotos disfrazadas» me caen mejor.

Tienen una carga más etérea,

pero al mismo tiempo más fiel.

No tienen la planura de las fotos,

están mucho más cargadas.

Tienen contradicciones.

Matices, grises.

¿Cuántas diferencias habrá entre la mujer que eras en ese momento al recibir este libro, y la que sos hoy?

¿Te dolerá lo mismo?

¿Te reís más?

¿O menos?

Todo eso pienso antes de convertir el libro,

de nuevo en libro.