Federico Delgado: “La primera barrera que separa a la justicia de la sociedad es el lenguaje”

Entrevista al Fiscal Federico Delgado – 2° parte   

Por Hugo Gulman y Oscar Rodríguez.

En la primera parte de la entrevista con el Fiscal profundizamos cuestiones relacionadas con la remoción y la conformación de la Corte Suprema, cómo imagina un ideal de justicia y las alternativas de gestión para lograrlo, el poder económico, la influencia en las decisiones judiciales y cómo confrontar con los poderosos, las causas que desembocan en Comodoro Py y algunos enemigos que cosechó a lo largo de su trayectoria.

En la segunda, abordamos una cuestión que probablemente explique el desinterés del pueblo en los asuntos judiciales y la falta de comprensión de los problemas que los afectan: el léxico jurídico. Además, la educación, la formación universitaria, cómo producir cambios y consensos, la corrupción, la información pública, las causas resonantes, Nisman, AMIA y los servicios de imteligencia. ¿El cambio depende de la justicia, de la política o del pueblo?

IC: ¿Cuánto influye el léxico? El léxico jurídico nos aleja de la comprensión. A la gente no lee, no le interesa, Pensaba en la comprensión y lo lejano que está del pueblo. Muchas veces les pedimos a referentes de la justicia que expliquen para qué le serviría al pueblo conocer más sobre determinados asuntos. ¿Para qué le sirve la justicia?

Federico Delgado: Es clave. Yo durante muchos años enseñé el lenguaje judicial en la facultad. Sostenía que la principal barrera que hace que la justicia como concepto, se aleja de la Constitución. Básicamente porque construyó un lenguaje que es expulsivo. Es el único lugar en el que un auto no tiene cuatro ruedas, sino que una carpeta. Le decimos auto. Es el único lugar en que a las hojas no le decimos hojas, le decimos fojas. Digo, me parece que la primera barrera que separa a la justicia de la sociedad es el lenguaje. Y me parece que la gran batalla que la comunidad jurídica nunca dio, porque también de algún modo es remunerativo para toda la comunidad jurídica esa construcción del lenguaje expulsivo que necesita la mediación de un experto, el abogado, el funcionario, porque es como que la gente común no está preparada para comprender lo que la justicia dice. Pero irónicamente, la jueza la justicia se alimenta de conflictos humanos, son problemas humanos, los absorben los medios de la licuadora y los devuelve como una política pública que las sentencias. Sin embargo, es tan grande la expropiación del conflicto que hasta se construye, se trabaja de una manera tan diferente que se usa un lenguaje que prácticamente impide la comprensión del ciudadano. Y esto es fuente de poder, porque si vos no comprendes, no podés refutar. Esto es fuente de discrecionalidad, porque sólo yo soy el experto y sólo yo sé que hay que hacer. Y esto es fuente de obturar cualquier tipo de control republicano, porque no se control lo que no se puede conocer. Y entonces parece que la gran o hay una gran batalla ahí para dar a la comunidad jurídica que es la batalla del lenguaje, utilizar el lenguaje coloquial enunciados que pueden ser refutados. La justicia trabaja con enunciados que es difícil de refutar. Entonces me parece que ahí hay un laburo para hacer que tiene que ver desde la enseñanza del derecho, que es clave. Las facultades tiene que ver, pero con la propia labor de los organismos políticos judiciales, como la Procuración General. Federal y la Corte Suprema y también de los Colegios de abogados que son actores necesarios en esto y que sin embargo, cuando veo en la tele, escuchas en la radio, en el diario muchos colegas tuyos, vos ves que en una mesa viene el abogado, hay tres que es uno político, uno para mí es el espectro. No entienden un pomo, pero está el de judiciales, que es el que traduce tolerado y naturalizado. Y es una batalla. Eso es lo que piensa la justicia. Eso es verdad, democratizar más. Pero es un lado que está como siempre, queda un costado y nos enganchamos. Insisto con esto, con las grandes reformas que me parece que a veces funcionan como trampas, aunque se propongan de muy buena fe. Nos enganchamos con grandes reformas y a veces vemos que acá a la mano hay algunas cositas que se pueden mejorar rápidamente, sin plata, sin consultoras, sin grandes leyes. Pero para eso volvemos a como empezó hace un rato. Ojo, que el poder político en Argentina requiere una cuota de impunidad y esto me parece que ahí la cuestión del lenguaje también hay que entenderla como un mecanismo que hace posible esa autonomía del sector judicial que le permite hacer cosas que no están previstas en la Constitución. Por eso fracasa la reforma judicial, salvo Menem, después que la logró imponer con Arslanián, Kirchner-Beliz, fracasaron, Macri-Garavano fracasaron. Alberto Fernández-Marcela Losardo también. Cristina Fernández logró la ley, pero la Corte se la sacó. Fracasaron o implementaron pedazos, pero nunca el plan integral, porque cuando discutimos cuestión judicial estamos discutiendo cómo funciona el poder político en la Argentina. Por eso, si uno lo reduce a la cuestión judicial, es una cuestión de abogados. Y va a la corte de mil miembros, 500 miembros, diez procuradores. Está bien, puede ser que esté bien, pero no vamos. Me parece a mí al fondo. Y el fondo es cómo funciona el poder político que ha sido expropiado a las grandes mayorías y está concentrado en estas políticas económicas que obviamente no lo quieren perder. Y cuando uno empieza a discutir, reduce la cuestión simplemente a aspectos jurídicos. Me parece que lo que está haciendo es no mirando, mira la foto y no mira toda la película. 

IC: Te llevo un poquito con esto que ven que recién mencionás. En relación al lenguaje, también te lleva un poquito a esto de que lo veo yo, que soy bibliotecario también en un colegio y lo veo que hace un tiempo, hace un tiempo atrás a esta parte se ha perdido la educación de la instrucción cívica. También eso. O sea, también el manejo de la subjetividad desde el colegio. En cuanto a lo que es la justicia, también va en detrimento de tener una justicia que funcione como tal. 

Federico Delgado: Lo que hemos perdido en la educación en general, me parece a mí, es explicarle a los chicos desde que van del colegio primario hasta la universidad, lo que pueden es que hay cosas que son comunes, que son de todos, hay cosas que son de todos y que esas cosas de todos, entonces está la justicia, sirven para regular cómo tenemos que vivir y sin embargo hemos privilegiamos algunos los programas de enseñanza. Prioriza unos aspectos, pero no discutamos nunca. Le enseñamos a los chicos que es el poder político, que es la representación, cuál es el fideicomiso de la representación. Un acto de fe por el cual nosotros ciudadanos, delegamos en representantes un poder que es nuestro y que lo deberíamos poder sacar, como decía Locke, cuando ellos, los representantes no cumplen con nuestro mandato y hemos esto me lleva, esto se podremos dar hora, pero toda la tradición republicana democrática, que vos lo sabés bien, esto se cortó en las Cortes de Cádiz en 1815, cuando el liberalismo separó la libertad de la igualdad. Entonces me parece que lo que construimos son sujetos sociales cuya subjetividad reproduce el statu quo y en esa reproducción es vital. Esto no es paranoia, esto es. Esto es muy importante no explicar cómo funciona el Estado. Entonces lo presento como un edificio que te domina, que te regula y que te quita derechos. Y el Estado en realidad es la expresión del poder político de todos los ciudadanos. Así que ahí coincido con vos lo que yo me detuve en la enseñanza universitaria del derecho, porque ahí de ahí salen los juicios, los abogados, pero uno sí, si va un poquito más atrás, obviamente estoy de acuerdo con vos. 

IC: ¿Cómo generar cambios que deben provenir también de la política, que debe generar mayorías y consensos, a veces con personas muy distantes ideológicamente?

Federico Delgado: Lo primero es querer y hacerse cargo. Con distinto nivel de responsabilidades, Argentina ha sido una construcción colectiva, no somos todos culpables, pero hay una cuota de responsabilidad en la pobreza de nuestra vida pública. Ahora, yo creo que eso se sale solamente hablando. Se sale juntándose, se sale construyendo nuevas mediaciones institucionales, construyendo poder y cumpliendo el programa de la Constitución. Ahora es cierto y coincido con vos, que el medio hay articulaciones complicadas, digamos sectores. Es una sociedad cansada, sectores populares con privaciones materiales que les impiden tomar decisiones autónomas, con un Estado que tiene sectores de la institucionalidad colonizada por el sector privado. Hay problemas de todo tipo ahora, pero no tenemos otra alternativa. Acá no hay otra alternativa. Me parece a mí que no sea esta la de hablar, caminar, juntarse y cambiarlo. Sí, me parece que la gente que tiene ganas de hacerlo es la es la gran mayoría. Ahora, lo que también es cierto es que se hace muy difícil, pero a veces hay cosas. El coeficiente de adversidad es el que nos toca a cada uno de nosotros en nuestro tiempo cada quien es hijo de su tiempo. Nos tocó una época horrorosa. Por ahí, para pensar en fundar políticamente la libertad, que es la promesa de la Constitución. Pero no! Pero a mí no se me ocurre un remedio que no sea como las casas de abajo hacia arriba. 

IC: ¿Los corruptos son pocos, pero con mucho poder? Es la institución que está complicada? ¿Los honestos no llegan a salvar las cosas?

Federico Delgado: La vida se llena de grises. Si pudiésemos clasificar más, no, seguro sería. Yo creo que lo que hay son dos grandes ejes que pueden agrupar tu duda según mi humilde respuesta. La primera es que hay un dispositivo institucional agotado porque da por sentado el diseño que todos van a ser leales con su trabajo, con la Constitución, y no todos lo son. Eso hace que muchos sean vagos y no les importe que no vayan a trabajar, que lo hagan mal. Y no pasa nada. No hay plan B para los malos o los pícaros. Eso me parece que es un incentivo institucional muy jorobado, porque solo el que es moralmente íntegro y se toma las cosas en serio le va bien. Y el que no quiere ni robar ni ser coimero, pero que vive de laburar, se ve a fin de mes al cajero y tengo la plata y tengo buenos salarios. Eso pasa porque puede pasar, porque hay problemas de diseño. Eso sí que explica que un juicio laboral tarde diez años, que un cheque sin fondos no lo cobres nunca, que una quiebra dura 20 y pico. Entre otras cosas, hay un montón. Hay una desidia que está contemplada por el propio dispositivo. Y después, sí, claro. Ahí, como en toda organización social, hay coimeros. Hay algunos que utilizan el cargo para ser famosos, otros para ascender, lo usan para fines particulares. Y eso también ocurre porque no hay ningún tipo de previsión concreta y específica que controle esos comportamientos. Y ahora es peor, porque antes nominalmente estaba el Consejo de la Magistratura, que por ahí no hacía su trabajo bien, pero no hay ni siquiera consejo. Hay un remiendo que deriva de una ley que no está vigente y eso ya tiene ocho meses de antigüedad. Y contra eso, por más que le echemos la culpa a los fondos de inversión, a la política, a lo que querramos, hay problemas que están ahí y que tienen que ver con la propia ineficacia de nuestro Estado, que grita mucho, por un lado; nuestras élites hablan mucho élites políticas y económicas en general, pero cuando uno empieza a ver qué es lo que concretamente podrían hacer y qué hicieron ahí hay unos espacios enormes de cosas para hacer y que nosotros como ciudadanos por ahí, agobiados, cansados o lo que fuere, tampoco exigimos. Y después vamos y votamos grandes programas, pero programas que nos prometen el cielo, la tierra para la antigüedad en la que nosotros la creo. Pero me parece que es una antigüedad que es muy plausible como horizonte normativo. Y sin embargo, no por ahí no premiamos o no prestamos la atención a lo que es más la obra arte, a lo que se puede hacer aquí y ahora, claro. 

IC: Como contraparte por el lado positivo, tu nombre es uno de los que aparecen siempre como confiables. Alejo Ramos Padilla, Eduardo Freiler, Cristina Camaño, Félix Crous, son otros. Pero imagino que hay miles.

Federico Delgado: Sí, en la justicia la mayoría de la gente es buena. Lo que pasa es que también hay que crear las condiciones también para que la gente pueda trabajar en paz. Y eso también es un laburo de política con instituciones fuertes. Pero me parece que el sector de la Justicia, que hace cosas que no están previstas en la Constitución no es mayoritario. Lo que pasa es que tiene una visera y un peso enorme, enorme e incide en la vida pública de manera tremenda y sus acciones son muy profundas. Ahora todo eso ha sido, como mínimo, naturalizado por la vida pública argentina. Esto es así y esto son cosas sociales. Y las cosas sociales, digamos, no son, son artefactos que se construyen con las acciones de los hombres, son acciones los hombres que las hacen y son acciones que las deshacen. La naturalización de eso es una zona de confort, porque yo digo tengo que dejar de fumar porque me hago mal a mí mismo, pero sigue fumando. Entonces yo digo es una zona de confort para mí y no debo fumar más, pero voy, me compro tres paquetes y los mando fumando y fumando. Dejar de fumar es una decisión dura, sacrificada, cuesta muchísimo y hay que renovarla todos los días. Y con esto pasa un poco eso.

IC: ¿Pensás que hay una zona de confort en la vida pública con ventajas para algunos?

Federico Delgado: A mí me parece que hay también una gran zona de confort en nuestra vida pública. Funciona como funciona mal para grandes mayorías, pero funciona de modo muy remunerativo para pequeñas minorías. Hay, como mínimo, una doble mirada. Una mirada que impugna una vida pública que por otro lado se disfruta y en algún punto es remunerativo. Aparte está la gran mayoría de argentinos que sufre y que cuando tiene un problema, por ejemplo, no sabe dónde ir, cuando de un derecho violado no sabe dónde ir para que se lo recomponga inmediatamente. Y esa es la clave de todo esto. Te echan del trabajo, no sabés dónde ir, te clavan. Con un cheque. No sé dónde ir. Te amenaza al guapo de la esquina. No sé adónde ir. Te pega tú, tu marido. No sé dónde ir. Te chocan el auto, no sabes qué hacer. Y esa es la justicia que debería llegar a cada uno de nosotros. Pero nos hemos acostumbrado que eso no funciona. Y de algún modo, esa tolerancia también es funcional a que todo esto se perpetúe. Nos hemos acostumbrado a vivir mal y una de las peores cosas que nos puede pasar como ciudadanos es tolerar vivir mal porque se vive sólo una vez. Es aquí y es ahora. Pero nos hemos acostumbrado a vivir mala, que las cosas no funcionen y eso es un gran trabajo que ha hecho también todo este dispositivo, todo este formato del poder. 

IC: Con respecto a esto quería ahondar un poquito. Tengo la obsesión de romper el sentido común que se viene generando desde hace muchísimo tiempo en nuestro país: ‘Argentina, este país de m…’,  ‘hay que irse’, ‘los pibes tienen que rajarse’. Con respecto a esto que vos planteás y a lo que planteaba también Hugo muy bien. ¿No pensás que nos va a llevar mucho tiempo en romper también esto? No decir bueno, acá no funciona. Me chocaron el auto ¿cuándo lo cobro? Sí lo cobro. Me pasó esto. ¿Romper ese sentido común en el que nos han metido no requiere mucho tiempo? Puede llevar años. 

Federico Delgado: Yo creo que va a llevar el tiempo que nosotros queramos que lleve. Básicamente va a llevar el tiempo que nosotros queramos que llegue. Eso es una cuestión ahí, es una cuestión de los ciudadanos. Hay que ver cuánto estaremos dispuestos a hacer, los sacrificios que haya que hacer y a sostenerlos en el tiempo para transformar ese sentido común. Pero parece que va a llevar el tiempo que querramos nosotros que lleve.

IC: Por eso me preguntaba ¿cuánto depende de qué pueden hacer los ciudadanos desde abajo para que cambie en la justicia?

Federico Delgado: En la justicia por hacer algo maravilloso, por ejemplo, preguntar, preguntar por qué. La pregunta obvia, que es la que más cuesta responder ¿por qué? ¿Por qué a través de las redes sociales? ¿Por qué atraen los sitios web? ¿Por qué los correos electrónicos? ¿Por qué a través del teléfono que ni siquiera hace falta moverse ni un abogado, ni un escrito, sino preguntar por qué soy fulano de tal. Soy ciudadano, por favor, quiero saber. Y sin embargo, no lo es. Es lo que no ocurre. Eso es lo que no que no pasa. Pero no sé, creo que es parte también de esta naturalización. Podrían preguntar, y te puedo asegurar que no hay cosa que nos preocupe más de los judiciales, que nos moleste más que la pregunta, que la pregunta obvia. ¿Por qué si traje tres testigos, usted me dice que no se probó el delito? ¿Por qué si yo traje el documento, usted me dice que el tipo es inocente? Por qué? Y esa pregunta muchas veces, de repente imposible. No, porque es absurdo, pero a veces es porque hacemos las cosas mal o nos equivocamos con cualquiera y que te pregunten te ayuda. Digamos, esta es la pregunta del ciudadano de verdad es una ayuda. Porque te hace espabilar, estar atento y eso no pasa, pero no sé por qué no pasa y eso puede ser mucho. 

IC: Les falta información también a los ciudadanos. 

Federico Delgado: Vos fijate que la justicia no habla. Tiene la ficción de que habla a través de la sentencia, y eso es una mentira como mínimo piadosa, forma parte de la historia del lenguaje que hablábamos antes, es probable. Pero por ahí esa pregunta hace 30 años era más difícil de responder o de sortear. Hoy en día cualquiera tiene acceso a una página web, a un correo electrónico y puede mandar 20 correos hasta que se los contestan. 

IC: Vuelvo a la educación secundaria, tengo algunos talleres que doy en el colegio y hablo un poco del derecho y el acceso a la información. Entonces los pibes se quedan como diciendo ah, mira, es cierto, existe. Hay que inculcarlo

Federico Delgado: Básico.  Es cierto. Cuando los chicos quieren saber algo saben todo, porque con los motores de búsqueda acceden a un montón de cosas. Me parece que justamente la construcción de lejanía que ha hecho la justicia es el gran éxito dentro de este dispositivo y que la gente lo percibe como ajeno, cuando en realidad es propiedad, entre comillas de los ciudadanos. 

IC: ¿Qué opinión te merece el sobreseimiento que tuvo Macri hace muy poquito en relación a la causa de espionaje a los familiares del ARA San Juan? 

Federico Delgado: Voy a opinar irresponsablemente, porque una causa que no leí, pero obviamente que cumplir Solano me hace muchísimo ruido. Los fundamentos, digamos, los fundamentos que seguramente serán revisados y habrá algún producto judicial diferente. En cuanto a la elaboración, me parece que es llamativa. Es muy llamativo el argumento, la construcción de que vos podes espiar, pero que los jueces pueden determinar para qué es el espionaje y para que no va a ser muy llamativa y. Y espero, como todos los ciudadanos, que eso tenga una revisión y que para un lado o para el otro, que lo confirmen y lo revoquen. Pero que haya una construcción argumentativa que nos convenza a los ciudadanos de lo que en realidad pasó. 

IC: ¿Tenés opinión formada sobre la información que publicó el New York Times, desvinculando a Irán del atentado contra la sede de la AMIA y negando que hubiera una conexión local?

Federico Delgado: Había un juez muy controvertido que se jubiló, que era Canicoba Corral, que yo recuerdo que una vez, en un juicio oral, justo le había tocado hace muchos años la causa de la AMIA como para instruirla, y en un aparte le pregunté por la causa. Me dijo una cosa que tiene que ver con lo que venimos conversando. ‘Mira, es una causa que tiene muy poca prueba y mucho servicio de inteligencia, está llena de interpretaciones, de hechos que hacen servicio de inteligencia. Ahora prueba ninguna y esto hace todo muy difícil porque empezás a leer el expediente y ves cómo van cambiando el rumbo. La investigación de acuerdo a la interpretación que tuvieron los distintos servicios de inteligencia que intervinieron y la lógica del Estado nación en la lógica de las pruebas’. Los hechos en el juicio se reconstruyen con pruebas y no con opinión al servicio de inteligencia. Cuando uno cuando el Estado permite que los expedientes descansen en la acción o servicio inteligencia, las cosas terminan siempre mal. O hay culpables donde había inocentes o inocentes falsos donde había culpables, o existen este tipo de cosas amañadas, que a tantos años de atentado no sabemos qué pasó, lo cual debería avergonzarnos como ciudadanos. Digamos que nuestro Estado no ha logrado darnos una explicación convincente, primero sobre qué pasó. Después agarrar los autores y enjuiciarlos. Pero la verdad, lo que está en tela de juicio aún es el mecanismo de producción de un hecho catastrófico. En esa pequeña reflexión de Canicoba, que fue controvertido y con el que yo tuve 35.000 problemas en lo funcional, a mí me convenció. Es una casa que está habitada por sus inteligencias y no por pruebas. Y esto va a traer problemas. 

IC: en una entrevista me dijo que le pedía a Nisman le decía no le llevara más informes de servicios de inteligencia, le decía ‘tráeme las pruebas, mostrame cómo coinciden estos informes con alguna prueba que pueda avalar la veracidad de ese informe? Pero no llegaban. Muchas personas que han seguido la causa muy de cerca aseguran que no hay pruebas de la existencia de la Traffic.

Federico Delgado: A mí me parece que es una de las grandes deudas que tiene la justicia argentina. Y hace unos años  Laura Ginzberg y su agrupación nos convocó a mí y a Juan Gabriel Tokatlián a un evento que hacían para hablar sobre la AMIA. No me acuerdo por qué. Tokatlián, que es un tipo mucho más inteligente y formado que yo. En un momento se abrió el debate después de la conversación y una persona que era una víctima le hizo una pregunta difícil y Juan le respondió como como los grandes docentes: ’Miren, la causa AMIA no se va a resolver hasta que no haya una apropiación social del caso’. Sugirió que tomaran sus palabras como una especie de consejo, aunque dijo otra palabra, pero como para tener en cuenta de crisis institucional tan grande como la nuestra, no le podemos pedir a un Fiat 600 que vaya a 200 kilómetros por hora. Tiene que haber una apropiación social del caso porque hay que ayudar a las instituciones a que empiecen a recuperar un poco de autoridad. Y él explicó que la causa AMIA debe ser una causa de toda la sociedad y hasta que no sea de toda la sociedad y no se problematizara, era difícil porque había un entramado de intereses alimentado tan grande, tanto tiempo, que iba a ser difícil destrabada. Y veo que no se equivocó porque hace dos o tres días o una semana nos sorprendió el New York Times con una nota en la que un servicio inteligencia israelí dice una cosa diametralmente opuesta a la que acá, a la nuestra, entre comillas, verdad, oficial. Y es verdad, como decía, que Canicoba Corral, que no deja de ser también otro servicio de inteligencia que suministra otra interpretación; habría que leer el informe. Quizás tiene pruebas y estoy hablando de gusto, pero en principio sigue intacto el diagnóstico de Canicoba.

IC: Pensaba en los intereses geopolíticos de algunos países involucrados, como Israel, el poder que ostentan y la ascendencia para hacer trascender informaciones, inventar culpables o inocentes. O EEUU, que en estos tiempos precisa petróleo e Irán podría ser un buen proveedor.

Federico Delgado: Si, y en definitiva, más allá de las del tamaño, la locura y el dolor que eso causó, la causa AMIA sufrió algo que sufren muchos existentes en la Argentina, que es el uso particular, y muchas personas utilizaron el expediente como un mecanismo no solamente a través del que el Estado aplicara y para hacer justicia, sino para fines particulares. Y eso pasa desde el empresario que hace una denuncia falsa contra otro, por ahí para que sacarlo de un proceso de licitación y queda él, hasta el vecino que le molesta el del cuarto piso porque hace ruido y lo denuncia porque vende droga. Cosas que nos pasan en tribunales y solamente son denuncias falsas, hasta el problema de las causas armadas con las que a veces se fabrican inocentes donde hay culpables o culpables donde hay inocentes. Son todas patologías de nuestra vida pública que tienen que ver, insisto, con recomponer la autoridad de las instituciones y sanarlas más allá de las personas, a través de las mediaciones institucionales. Yo no creo que siempre no solamente hay personas, si tenemos 12 rabinos, 12 sacerdotes, 12 pastores y los ponemos a todos en la Corte Suprema y tenemos el problema de no sé, 30 miembros, no creo que cambie nada, porque lo que hay que arreglar es un dispositivo más allá de las personas. 

IC: ¿Cómo se puede romper el dispositivo entre la justicia, los medios de comunicación, una herramienta que han utilizado mucho en Argentina en Latinoamérica?

Federico Delgado: Si yo tengo algunas ideas, las escribí en República de la impunidad, y les voy a decir una y otro día podemos hablar largo y tendido. En los tribunales y a favor mío van a ver por qué, tengo un indicador que me favorece está la ficción de los jueces, que los jueces y fiscales hablan por su trabajo, dictamen, sentencia y nadie más habla. Sin embargo, cuando antes de la pandemia vos Hugo lo recordarás, los Tribunales estaban llenos. Había más periodistas que abogados, a veces circulando. ¿Por qué? Porque se había hecho una industria del off de récord malversando los derechos. Está pensado para situaciones de asimetría en que precisa. Tiene que proteger la fuente porque corre riesgo. Pero en grande pasó una cosa muy loca. Información pública que está en los expedientes era administrada por un juez, un fiscal. De manera arbitraria, parcial, contradictoria. Y se generaban pequeños off que era. Era la piedra inicial para el direccionamiento de las causas judiciales. Un tuit a las 03:00. Uno a las diez. Otro tuit a la una y a las ocho. Noche. Allanamiento con todas las luces y automáticamente fulano de tal culpable

IC: En el horario del informativo

Federico Delgado 1: Exactamente la hora de los informativos. Entonces, lo que había, una de las grandes novedades, grandes problemas, también de regulación. Yo proponía, ya que las información es pública prohibir el off récord, no por los periodistas, nosotros. Los funcionarios no podemos hablar en off. ¿Y el que quiere hablar? Prende la cámara. El que quiere hablar prende el grabador y la corte para los off. O el mismo público que tenga una oficina, que tenga diálogo con los periodistas, que hablen las veces que haga falta, pero que corte los las pequeñas sociedades que se armaban entre algunos funcionarios y algunos periodistas para, a través de información parcial, fragmentaria y a veces contradictoria, sentar las bases para que después los procesos judiciales se direccionan por un andamiaje que es distinto al andamiaje de las pruebas. Al juez que sí buscaba eso lo llamaba rockstar, que es el que está buscando algún tipo de fama, no solamente dinero, pero que se sirve de los juicios mediáticos que se llevan ante por los medios de comunicación y no en el expediente, y que no trabajan con pena de prisión, sino con penas que son muy angustiantes como es la deshonra o la destrucción de la subjetividad de las personas. A todo eso, cuando vos te ponés a rascar, a rascar, rascar, siempre eran dispositivos que se incrementaban, se generaban a través de la mala. Me el uso por parte de la planta judicial de los hace récord, con la complicidad de algunos colegas de ustedes, digamos esto, esto es así. Y fíjense que después de la pandemia que cambió la forma de trabajo, la justicia pasó de papel al electrónico y eso hace que haya mucho menos circulación de gente, mucho menos abogados. Fíjense que las famosas noticias judiciales impactantes se han reducido muchísimo. Y no porque no haya casos. Hay muchos menos tuits, hay mucho menos off the record, hay mucho menos trascendidos, hay mucho menos tapa que dice el Juez fulano haría tal cosa. ¿Por qué? Porque al haber cambiado la forma de trabajo de facto, el off the record sufrió un golpe muy fuerte. No se puede tener esa conversación mano a mano, en el que la información se puede editar y que también es un problema de regulación y de qué hacer. Pensar qué hacer con la información que está en los expedientes, que es pública.