Federico Delgado: “El poder político en Argentina requiere una cuota de impunidad”

Entrevista al Fiscal Federico Delgado – 1° parte.

Por Hugo Gulman y Oscar Rodríguez.

En una prolongada y distendida entrevista realizada por Hugo Gulman y Oscar Rodríguez en el programa Algo para decir, que se transmite por CSV Radio, y por Identidad Colectiva, el fiscal Federico Delgado recorrió los temas más importantes que atañen a la órbita judicial.

El lawfare, el vínculo con los servicios de inteligencia y con la política, el Consejo de la magistratura, el poder económico, el mediático y, entre otros,  la ampliación de la Corte Suprema, tema que dio inicio a la charla.

Identidad Colectiva: ¿Qué límites tiene hoy el Poder Ejecutivo para disponer medidas como las que decidió al asumir Néstor Kirchner con la corte ‘automática’ menemista?

Federico Delgado: No tengo el manual con la posta, obviamente, pero hay algunas cosas que son interesante comparar. Si pensamos aquel momento en el que Néstor diera un discurso por televisión, si mal no recuerdo, los diputados oficialistas y algunos incluso de la oposición de entonces se encolumnaron e iniciaron los trámites de juicio político contra aquella Corte Suprema, que tenía problemas muy parecidos a lo que tenemos ahora en la justicia. Básicamente podemos definir como una palabra sospechada. La palabra de la Corte está sospechada y hoy en día, aunque hay buenos jueces y buenos fiscales, la justicia está sospechada. La primera diferencia que se me ocurre son las prácticas de las élites políticas. En aquel momento, el ex presidente Kirchner retomó algo que había dejado a medio hacer Eduardo Duhalde, que fue el juicio político a la Corte Suprema y más allá de anunciarlo por televisión, instó a la fuerza política que él representaba a seguir el camino de la Constitución, que era el juicio político. En el 2022 y podemos decir en el 2021 y 2020, la agenda del Gobierno tuvo un proyecto de reforma judicial que naufragó en el Parlamento y en estos últimos tiempos hay una serie de críticas de los referentes más importantes del Estado, porque es el presidente, la vicepresidenta, la vicepresidenta primero tras una serie de videos, el presidente ratificando esa posición por algunos posteos en Twitter. Sin embargo, no le hicieron el camino de la Constitución, que es el juicio político, sino que eligieron la impugnación y la manifestación pública de su disconformidad. La Corte Suprema tiene un cargo vacante y el actual gobierno no ha intentado, no ha nominado a nadie.  

IC: Y hay otros importantes cargos vacantes.

Federico Delgado: También tiene vacante el Procurador General, otro cargo político judicial que es igual de importante. El presidente de la Nación nominó a Rafecas en el 2019 y sin embargo, su postulación todavía no fue tratada por el Parlamento. Así que yo ahí veo una gran diferencia con aquellos tiempos de Néstor Kirchner 2003 2004, en que los actores políticos han limitado su acción, han intervenido a través de los medios de comunicación masiva y de alguna manera han resignado la política en el sentido más puro del término: conversar, construir mayorías y elegir el camino de la Constitución.  Para algunas reformas, más que leyes se necesita buena voluntad  y algunas debiera hacerlas el Parlamento. Estamos ante una oportunidad magnífica porque la Corte a fines del año 2021 rompió, para decirlo en lenguaje coloquial y que la gente entienda, lo que era el Consejo de la Magistratura y ordenó que en un plazo se haga una nueva ley. Y si no se hacía esa ley volvía a regir una anterior y eso trajo problemas. El Consejo de la Magistratura es la ‘sala de máquinas’ del Poder Judicial, es tocar el corazón del Poder Judicial y ahora el Parlamento tiene una oportunidad de diseñarlo de nuevo.

IC: Es definir cómo tiene que ser la justicia de ahora en adelante.

Federico Delgado: Sin embargo, seguimos enganchados en el fallo de la Corte y en un montón de cosas y nuestras élites políticas de hasta ahora, aunque la agenda económica quizá se impone por las urgencias, no hemos avanzado. El Consejo de la Magistratura nos puede permitir, por ejemplo, que los nuevos jueces no sean acomodados, evitar los concursos amañados y un montón de prácticas que se pueden solucionar justo aquí, ahora, y en este momento. Te diría que no sé por qué, pero nuestras élites políticas han elegido la intervención pública a través de redes sociales, de medios de comunicación masiva más tradicionales, la impugnación al Poder Judicial. Pero de algún modo han resignado lo que es seguir el camino de la Constitución, que exige otro tipo de trabajo. Trabajo, más bien de conversación, de construir mayorías.

IC: Tampoco se presentó el pliego de Cristina Camaño para que formalice la titularidad en la AFI y designó a Agustín Rossi, que probablemente podría generar un mayor consenso.

Federico Delgado: Si, por alguna razón yo veo que en diferentes ámbitos de la vida pública uno podría extenderlo incluso a la cuestión de los mercados. Los mercados a veces aparecen como un fantasma. Pero en realidad los mercados son lugares en la sociedad donde la gente intercambia cosas. El estado ha resignado la capacidad regulatoria, la capacidad de instituir tribunales que defienda la competencia, digamos, de crear reglas claras para que los intercambios se produzcan en el marco, en un marco legal y no en un marco donde hay poca ley y hay mucha actividad de facto, digamos de actores comerciales que lo hacen a caballo de su poder y que son quienes genera muchas asimetrías. Entonces, me parece que no sé bien por qué razón desde hace un tiempo lo que yo noto, y a juicio no escapa a esto, es escoger el camino de la intervención pública por ahí más efectista, más ruidosa, pero cierta resignación en el trabajo de construir los mayoría que exige la Constitución para hacer transformaciones que sean sostenibles en el tiempo. 

IC: ¿Cuál tendría que ser el formato de Corte Suprema que pueda ser consensuada con la oposición y avanzar en la limpieza de la justicia? Se están barajando nueve miembros,  la propuesta que propuso Zaffaroni de 24 miembros y tiene el voto de mayoría en el Senado.

Federico Delgado: Ahí prefiero opinar más como licenciado en Ciencias Políticas que como abogado. Me parece que una Corte tiene que ser un tribunal ágil, transparente y tiene que dictar sentencias en un tiempo razonable, más allá de los nombres. Nuestro modelo imitó el norteamericano, es una copia, pero tienen unas argentinidades que hace, que son temas técnicos, básicamente. Nuestra constitución no tiene plazos, cosa que en principio se presta siempre a la sospecha. Porque hay sentencias que tardan. Hay expedientes que están diez o doce años en la Corte. Eso es una patología. Nuestra Corte no se sabe bien cómo funciona por dentro. Sabe que en cuántos casos va a intervenir por año hay un montón de cosas que se podrían mejorar desde adentro. No hace falta ninguna ley. Ahora, en cuanto al cuerpo en sí mismo, yo no sé qué cantidad de magistrados, pero no pueden ser muchos. Primero, porque me parece que tiene que ser un tribunal ágil y si bien tiene 25 personas y 25 tipos, va a tener que ver los mismos hechos para todos la sentencia. Me parece que eso es complicado. Lo segundo que es complicado es que la federalización de la Corte habría que cambiar la Constitución. Nuestra Constitución no piensa una Corte que sea una suerte de delegación de los estados federales, sino que cada uno pone un magistrado. Hay veces que hay que fijar una cantidad, que tiene que ser impar, que tiene que ser una medida razonable. Pero no creo que sea lo más importante la cantidad. Me parece que lo más importante sería enfatizar reglas de funcionamiento muy claras, saber primero qué casos llegan a la corte y cuáles no pueden llegar nunca. Después, tratar de construir un emblema. 

IC: Se hablaba de un tribunal intermedio previo a la corte. 

Federico Delgado: A la Corte se llega por un recurso extraordinario y hay tres o cuatro causales. Si no entran en esas causales, no informa. Pero desde 1916 en adelante, nuestra corte inventó una categoría nueva en aquellos años que se llama la sentencia arbitraria, que es una puerta brumosa, ambigua, que le permite a la Corte elegir en qué curso va a entrar y en cuáles no.  Hay que terminar con esas cosas y que haya certeza. Entonces tiene que construir mecanismos de salida, como su par norteamericano al principio de no saber en cuáles caso van a intervenir y cuáles no, lo cual ya brinda cierta seguridad jurídica. Todas las ya se sabe que la Corte va a tratar tales casos y no otros. Eso impide la sospecha de por qué ahora, por qué no antes, por qué después y hacer reglas básicas que tengan que ver con recuperar el rol docente de la Corte hacia los magistrados inferiores, hacia los empleados, para explicar qué significa ser parte de un poder del Estado, generar nociones de pertenencia, crear una institución que sea diferente, que sea amigable con la sociedad y no refractaria.

IC: ¿Es posible?

Federico Delgado: Esta discusión que humildemente yo propongo acá en esta mesa, por ahí se aparta de toda esta historia de la cantidad de miembros de tribunales intermedios. Yo creo que con lo que hay con lo que tenemos no hace falta demasiado, sino que hay que hacer. Hay que hacer algunos arreglos para enfocarlo a que nuestra justicia se embride de nuevo la Constitución y no para tratar de solucionar algunos problemas que tenemos. Básicamente porque algunos sectores de la justicia, no todos, se han escapado de la Constitución y hacen cosas que la Constitución no quiere ni contempla. Hay veces que hay que trabajar. Yo trabajaría más por ahí, por ese lado, que creo que además requiere menos leyes, menos conducción de mayorías y requiere un trabajo por ahí más artesanal. Más un mecánico, por ejemplo, que restaure autos antiguos antes que un ingeniero que invente autos nuevos. Yo me inclinaría por el mecánico que restaure autos viejos, que encuentre las piezas que recuperen los mayores a los jubilados judiciales que tienen mucho para enseñar, que vengan a dar charlas a los chicos y empezar a hacer una construcción que por ahí es menos visible, pero que tiene cimientos mucho más sólidos que grandes reformas, grandes transformaciones que después se implementen más o menos o por ahí es importante otras cultura jurídicas y que después no tienen el desempeño que uno esperaba que tengan aquí. 

IC: ¿Cómo lo hacés, porque nos chocamos a diario con el el poder económico imponiendo decisiones? ¿Cómo hacés ahí con el restaurador?

Federico Delgado: Me parece que la autoridad de la ley se recompone solamente aplicando la ley. La lógica, obviamente, es que todos los poderes tienen que estar subordinados a la Constitución. En la Argentina sabemos que tenemos problema de eso. Básicamente, nuestra soberanía está afectada a veces por arriba, porque algunos grupos económicos, tiene más poder que el propio Estado y por abajo, porque además la fragmentación social hace que la Argentina de la palabra del Estado quede arruinada. En algunos barrios, acá cerca del conurbano, que vamos a hablar de ley si hay gente que no tiene para comer, ahí hay problemas de abajo y arriba.

IC: ¿Y cómo lo solucionás?

Federico Delgado: Hay un filósofo italiano, Luiggi Ferraioli, que siempre trabajó desde el punto de vista europeo, esta historia de que el Estado perdía mucho poder o soberanía con respecto a los grupos económicos.  Decía que los Estados eran agredidos por poderes salvajes. Pensemos en fondos comunes de inversión que tienen tanto poder que desestabilizan la vida política de los estados nación. En nuestro país, además de eso que nos pasa, también me parece que los poderes salvajes penetraron algunas instituciones públicas y hace que algunas instituciones que deberían trabajar para toda la nación trabajan para poderes facciosos y muy específicos. Creo que es parte de nuestro problema. Ahora eso cómo se arregla? Eso se arregla solamente reconstruyendo la autoridad de la ley de abajo hacia arriba y creando instituciones fuertes, sanas en el campo judicial. Es básicamente, por ejemplo, ahora que podemos hacer una nueva ley para el Consejo de la Magistratura, que nuestros legisladores hagan un marco legal sencillo, corto, no muy largo, en el que haya sanciones muy duras para los que no son fieles a la Constitución y haya costos muy altos para los que la traicionan. Es un proceso que lleva mucho tiempo y hay veces que se recupera solamente jugando instituciones sanas. Es un proceso que va a ser difícil. Va a haber que crear estructuras interinstitucionales que absorban los golpes y las piedras que les van a tirar los poderes salvajes. Pero no veo otro camino, porque si no lo contrario siempre es el peor loco relativo contrario. Pensé que la peor de todas es siempre depositar nuestra soberanía en un grupo iluminado. Cualquiera que diga nosotros tenemos la posta, sigan, no, que no lo vamos a defraudar.  Hay que construir instituciones sanas, mediaciones institucionales y tratar de impedir que las facciones político-económicas impongan sus intereses a como dé lugar.

IC: Es un camino largo, no sé cuánto tiempo puede llevar, pero hay unos enemigos sumamente poderosos que están en todos lados: en los medios de comunicación, en el poder económico. No puedo dejar de pensar en Vicentín y el vuelco que podría haber dado a nuestra economía. ¿Cómo lo confrontás? ¿Una Corte sana? ¿La universidad?

Federico Delgado: Para poner un ejemplo y reducir el nivel de abstracción. En nuestro país hay una forma de controlar si una ley es o no constitucional, que dice que cada juez de todo el nuestro país, si ve que hay una ley o un decreto que está confrontado con la Constitución, puede suspender la aplicación de esa ley. Eso hace, por ejemplo que ante cualquier otra forma. Que hace el Estado a través de una ley del Parlamento o de cualquier gobierno. De este gobierno. Del anterior. Del otro. Del otro. De una ley para interviniente en determinado lugar. Va un juez y busca un amparo. Con ese amparo suspende esa práctica pública quizá 10 o 15 años. Eso pasa porque no tiene ningún costo. Qué pasaría si, por ejemplo, en esa materia se introdujeran algunos dispositivos que permitan verificar que si ese juez actuó movido por intereses particulares facciosos, de manera irresponsable o por simpatía ideológica, ese tipo pierda el cargo.

IC: ¿Qué pasaría?

Federico Delgado: Toda esta historia del poder que se impone y que viene es en definitiva un abogado que presentó una acción de amparo ante un juez que lo percibe como simpático, con cierta simpatía hacia él, para no hablar de corrupción ideológica, que es otra forma de corromperse. Y ese juez eligió ser leal a esa, a ese grupo social que quiere parar una ley en vez de ser leal a la Constitución a la que le prometió lealtad. Eso pasa todo el tiempo, porque no tiene costo para el magistrado que hace eso y el fiscal que lo banca tampoco tiene costo. No pasa nada. Yo digo, si existiese algún costo institucional, si ese juez extendiese algún riesgo porque alguna ley le dice ojo, quizás es esto por pícaro, por apurado, por irresponsable perdés el cargo. Y al fiscal, al fiscal también. Yo creo que reduciríamos un montón las cosas que nos pasan. Eso uno lo puede pasar a cualquier nivel de nuestra vida pública. Hay un montón de intervenciones del Estado que, como decís vos, hacen o intenta hacer transformaciones que son bloqueadas por el propio Estado. ¿Pero por qué? Básicamente porque hay partes del Estado que están penetradas por poderes privados.

IC: Y es necesario extirparlos.

Federico Delgado: Esto, perdón por la autorreferencia, lo digo en República de la impunidad, que es mi último libro, me dedique a estudiar eso, cómo y por qué razón los argentinos hemos permitido que los Estados sean un botín y que por ahí un director nacional de cualquier actividad tenga un poder de veto a través de marchas administrativas, de guerra, de aplicar la ley mal logre parar brutales transformaciones. Y si uno se pone a mirar la historia argentina, grandes transformaciones que fueron legitimadas por el Parlamento que nos expresa a todos nosotros, terminaron en la nada en general, por la propia actividad del Estado. El Parlamento sanciona leyes, pero después tiene una anarquía administrativa tan grande que a través de un juez, de un ministro, de un secretario de Estado que no quiere implementar una política pública, de uno que se pelea con el jefe y se niega a reglamentar una ley, todos pequeños mecanismos que hacen que esas políticas públicas queden obturadas y se disuelvan en el tiempo. Ahora ¿esto soluciona el nivel de asimetría entre los poderes privados y los públicos? No, pero que realmente reduciría un montón de cosas. Y me parece a mí humildemente, que serviría para recomponer un poco la autoridad del Estado, que está disuelta, porque el propio Estado muchas veces se niega a intervenir en las cuestiones que tiene que ver con esta vía pública. Tiene los cargos, tiene la ley, tiene los ministros, tiene la posibilidad que no lo hace y si no lo hace el Estado, obviamente los otros avanzan y avanzan y avanzan. Y la respuesta del Estado en general suelen ser testimoniales, comisiones, proyectos de ley. Ha habido poderes salvajes que han penetrado las estructuras del Estado y han colocado las instituciones públicas que son para todos nosotros al servicio de intereses particulares.

IC: Un monstruo grande y pisa fuerte… Lo vemos con las causas generadas fuera de Comodoro Py. Las llevan allí y te enrostran que van a hacer lo que quieren. ¿A qué justicia acudo?

Federico Delgado: Evidentemente hay sectores de la justicia que se han escapado a la Constitución. República de la impunidad apunta a eso.  digamos que hay. Es trágico lo que voy a decir, es muy personal, pero el ejercicio del poder político en Argentina, el formato y el modo en que funciona el poder político en Argentina requiere una cuota de impunidad y esa cuota de impunidad la suministra el sistema judicial. Pero pensemos desde la deuda externa hasta la corrupción, lo que ustedes quieran. Y es verdad que acá es más literal. Ahora ¿qué se hace frente a eso? Bueno, la Constitución tiene remedios. ¿Cuál es el remedio para lo que podemos llamar las sentencias a medida o o la sentencia a la carta, como dice mi amigo Pablo Slonimsky. ¿Cómo funcionan las sentencias a la carta, cómo se arregla eso? Bueno, eso se arregla con control. ¿Quién tiene ese control? En este caso, el Consejo de la Magistratura. El Consejo no hay. Por qué. No hay porque el Parlamento tiene que crear uno. Entonces es siempre cuando empezamos a sacar la paja del trigo y a refinar el problema y a refinarlo y refinarlo, vemos que en el fondo siempre hay un problema de ausencia del Estado en un lugar. Es lo que tiene que estar porque fue creado para eso. 

IC: Cristina Fernández marcó lo que está pasando en la justicia a partir de un tuit y un video, sin ir a los lugares donde realmente pueden lograr el cambio. ¿Puede haberlo hecho para generar una masa crítica y esa masa crítica? Que sea la que empuje de abajo para arriba e impida la de estos poderes que siempre se inmiscuyen en no cambiar nada como para que frenen y que el pueblo empuje esa reforma. 

Federico Delgado: Es plausible lo que planteas, la construcción de poder político para que, como dice Tokatlián,  haya una apropiación social de la mesa judicial y de esa represión social se llame la atención sobre un poder que parece que está lejano pero está muy cercano, quizá sí. Ahora lo que yo señalo es que me parece que hay una tendencia en estas élites políticas, no sólo Cristina Fernández ni Alberto Fernández. En general, nuestras élites políticas y económicas limitan su acción a puede ser a la construcción de masa crítica, pero no siguen los caminos que la propia legalidad que ellos representan, exige. Y eso me parece una tensión complicada para mí. Me parece una tensión complicada porque en definitiva no hay tanta diferencia si uno le saca los nombres propios. No hay tanta diferencia entre un grupo de personas que le hicieron la fábrica y corte una calle para protestar y que su reclamo se haga visible con las acciones de estas fuerzas políticas que eligen las redes sociales para impugnar cosas nuestra vida pública y en ambos casos no siguen la vía legal. En el caso los trabajadores es más razonable y más comprensible por ahí, pero me parece que nuestras élites, además, tienen la obligación inherente a su cargo, a lo que representan, de enfatizar, incluso hasta de fracasar. Porque fracasar también supone una dimensión educativa y democrática. Fracasar, pero fracasar cumpliendo con los pasos de la Constitución. A mí me parece que lo que no tenemos que hacer nunca los argentinos en ningún nivel, pero sobre todo los que tienen más responsabilidades, no es evitar ese camino. Me parece muy importante porque la lógica de la vida pública se arregla con remedios que están planteados ya en la Constitución. Y la Constitución nuestra, por suerte exige que se confeccionen mayorías y eso es un laburo que yo no lo sé hacer, pero que por lo que he leído es conversar, es ponerse de acuerdo. Es un trabajo muy denso, muy difícil y en circunstancias como las actuales, supongo despolarización social más difícil todavía. Pero bueno, es el laburo de los representantes ¿no?

IC: ¿Dentro de la justicia hay sectores que te representan, estás en algún espacio, como Justicia Legítima u otro?

Federico Delgado: No, yo cuando fui muy, mucho más joven que ahora, era afiliado a la Unión de Empleados, a la Justicia de la Nación, que es el gremio de (Julio) Piumato, que es el más conocido. Después, por algunas cosas me dejé participar y no participo en ningún gremio de la justicia, en ninguno de los gremios. Pero con respeto lo que digo de cumplo con hacer la denuncia es verdad. Pero también hay una anarquía institucional, porque yo sé que los procesos judiciales tienen que ser acompañados en el buen sentido del término, por las propias agencias del Estado. Digamos, ahí hay roles que tiene que cumplir una fiscalía, hay roles que tienen que cumplir algún ministerio, hay un montón, hay roles que tienen cumplir la autoridad de control, hay un montón de roles que deben cumplirse, que no se agotan con el acto de presentar una denuncia, sino que hay cosas que tienen que activarse solas porque están previstas así. Lo que pasa es que acá las correas de transmisión que deberían activar esos resortes están cortadas y nadie le cambia las correas al auto. ¿Viste que el auto tiene los motores? Tiene correas con esas correas hace que todo el circuito funcione. No sé si los autos tendrán correa, pero los de mi época tienen correa. Los autos se cambiaron, pero las correas están cortadas hace mucho tiempo y nadie se encargó de poner nuevas y eso hace también que aumenten los márgenes que tienen algunos jueces para no ser del todo fieles con la Constitución. Porque quienes deberían estar ahí mirándolos y poniendo como aguijones, como tábanos que los picotean y le digan ché, soy la Constitución, tenés que cumplir, voy a cumplir, eso no, no funciona. Entonces, más allá de actos de mucho voluntarismo y de muchas ganas, entonces hay cosas que tenía que funcionar y no funcionan. Y el motor no sólo funciona con nafta, también requiere agua, requiere aceite líquido de frenos, mantenimiento y mantenimiento. 

IC: ¿Te ganaste muchos odios? 

Federico Delgado: No sé, supongo que sí. Es natural, el trabajo de fiscal es ingrato porque a nadiele gusta investiguen y esto nos lo enseño Fucault:  toda acción genera reacción. Entonces es lógico que los tipos que los investigue desde el ladrón de gallinas hasta el más poderoso. No va a querer eso. El problema que tenemos en la Argentina es que las salas. Las Constituciones del siglo 19 o del siglo 18 contemplan a instituciones que tienen la capacidad de absorber, como las paredes de esta radio, materiales que absorben el sonido. Tenían capacidad de absorber esos piedrazos para que no lleguen a la persona. Para proteger a la institución. A la persona la protegían estas paredes. Paredes como esta que aíslan los ruidos. Sin embargo, en la Argentina tenemos ese problema. Por ahí no tenemos el problema de que no hay paredes que protejan a los ciudadanos, a los funcionarios, que no protejan a las instituciones de las cosas que hacen los funcionarios. Y eso me parece que es una falencia también. Y eso hace más difícil el trabajo en el sector judicial. Pero creo que ese es el problema.