Farsantes impostores/as intelectuales

Por Víctor Hortel.

Cuando el querido compañero Claudio Posse, me propuso comenzar a escribir en Identidad Colectiva, acepté de modo inconsciente y temerario. Inconsciente, pues no tenía muy claro sobre qué ideas o temas escribir, o cuál era el mejor formato por hacerlo. Temerario, ya que no tenía mucha información sobre que otros/as inmensos/as compañeros/as, a quienes respeto y admiro por su compromiso y militancia, también harían sus aportes sobre diversos y múltiples temas.

Admito que, en un primer momento, tuve curiosidad en saber, si aquello que escribía era motivo de lectura o registrado por alguien; y luego si el texto era valorado positiva o negativamente.

Durante lo que llevamos de la experiencia, he recibido llamadas, mensajes y mails, donde me han expresaron tanto adhesiones, felicitaciones e incentivos para continuar, como desaprobaciones, críticas crueles, burlas descarnadas e indiferencia.

Entonces comprendí que lo importante ya no era la aprobación o no, sino que lo realmente significativo era si lo escrito despertaba en alguien la necesidad de pensar, la inquietud de poner a funcionar la cabeza, para en definitiva, coincidir, compartir, adherir, suscribir o por el contrario, pensar las razones y diseñar la ingeniería de argumentos que presenten, a quien disienta, discrepa o critica, como una persona digna, con fundamentos, que alza su voz para defender el sagrado derecho de pensar distinto y poder expresarlo.

Mi querido amigo “Faquir”, que es mucho más sabio y erudito, dice -si no interprete mal-, que un texto es bueno cuando mueve algo en las personas; no creo llegar a cumplir ese “estándar”.

El texto que si movió a algunas personas, aunque en sentido contrario a las enseñanzas de Faquir, fue la carta, tristemente conocida por la expresión “Infectadura”[i], que me dispara algunas consideraciones:

En primer lugar señalo la egoísta referencia solo a los Investigadores del Conicet y Científicos en instituciones extranjeras –omitiendo de toda reseña a las mujeres investigadoras del Conicet y Científicas en instituciones extranjeras[ii]-, en lo que entiendo fue una clara maniobra para validar su opinión, sólo por invocación de su carácter de investigador/a del Conicet y Científicos/as en instituciones extranjeras, lo que bien puede constituir una “falacia de autoridad”.

En la falacia de autoridad, la veracidad del argumento se basa en la autoridad o prestigio de la persona que lo defiende. Lo correcto es que la veracidad no dependa de la persona que realice la afirmación, sino de las evidencias y los razonamientos que la acompañan[iii].

En general, la sociedad destaca que la categoría de “investigador/a científico/a”, representa lo más alto en el nivel de conocimiento científico; en tanto se encuentra preservado por un halo de excelencia, rigurosidad y veracidad, garantizado por la observancia estricta del método científico.

Lo sociedad corrientemente considera prudente en dar crédito a las conclusiones de las autoridades científicas –y un/a investigador/a científico/a del Conicet lo es-, precisamente porque para llegar a ellas se han recogido una gran cantidad de pruebas, y han sido analizadas por diversos grupos de investigación que, de forma independiente, han llegado al mismo resultado[iv].

También conocido como magister dixit (en latín, «el maestro dijo»). Es el argumento que toma como premisa la opinión de quien es considerado una «autoridad» en el asunto, es decir, de alguien que es considerado un experto en la materia. Decimos: «x es verdadero porque lo dice N», donde «x» es un enunciado y «N» la autoridad.[v]

Creo oportuno resaltar que en la ciencia éste tipo de argumentos está ampliamente desacreditado, tuvieron históricamente mucha importancia en la Edad Media, cuando no existía el sentido crítico a causa de la dificultad de encontrar distintas opiniones por la escasez de libros y su dificultad de acceso.[vi]

Todo parece indicar, que, desde el primer momento, los investigadores/as científicos/as que suscriben la “carta”, se han ocupado de “probar” la hipótesis que sirve a la oposición, en lugar de “investigar”, tanto los hechos reales, como la información certera, de la pandemia, como para mantenerse objetivos/as en sus conclusiones.

Permítanme desgranar la idea. Por “conocimiento científico”, se entiende el conjunto de hechos verificables y sustentados en evidencia recogidos por las teorías científicas, así como el estudio de la adquisición y elaboración de nuevos conocimientos mediante el método científico; luego, una teoría científica es un conjunto consistente y deductivamente completo de proposiciones científicas que describen hechos relativos al campo de investigación de la teoría. Así, “conocimiento científico”, sería el contenido proposicional completo de las teorías científicas empíricamente adecuadas.

Según Karl Popper[vii], la finalidad de la ciencia es la verdad, donde el éxito de la ciencia se mide por su capacidad para desenmascarar las doctrinas engañosas y repudiar las teorías inconsistentes, aceptando solo provisionalmente las teorías corroboradas[viii].

Para el húngaro Imre Lakatos[ix], el único modo de lograr la justificación del conocimiento científico, es a través de la crítica y la contrastabilidad de los ensayos de solución a los problemas surgidos en la tensión entre nuestro conocer y nuestro ignorar. “El método de la ciencia, es pues, el de las tentativas de solución, el del ensayo o idea de solución, sometido al más estricto control crítico, no es sino una prolongación del método del ensayo y error”[x].

Avanzando en la idea, corresponde señalar que por “investigación”, se entiende la actividad orientada a la obtención de nuevos conocimientos y su aplicación para la solución de problemas o interrogantes de carácter científico; quedando la denominación de “investigación científica” para el complejo proceso en el cual los avances científicos son el resultado de la aplicación del método científico para resolver problemas o tratar de explicar determinadas observaciones.[xi]

De igual modo, la “investigación tecnológica”, emplea el conocimiento científico para el desarrollo de tecnologías blandas o duras, así como la investigación cultural, cuyo objeto de estudio es la cultura.

De lo hasta aquí dicho, surge que para sus investigaciones científicas, los/as investigadores/as utilizan el “método científico”, que es una metodología para obtener nuevos conocimientos, que ha caracterizado a la ciencia, y que consiste en la observación sistemática, medición, experimentación y la formulación, análisis y modificación de hipótesis[xii]. Luego, las principales características de un método científico valido, son la falsabilidad, la reproducibilidad y la repetibilidad de los resultados corroborados por revisión de miembros/as calificados, representativos y referentes de la disciplina de la que se trate.

Por último, es dable destacar, que las reglas y principios del método científico buscan minimizar la influencia de la subjetividad del/a científico/a en su trabajo, reforzando así la validez de los resultados, y, por ende, del conocimiento obtenido.

Desde otro ángulo, una alternativa a la “falacia de autoridad”, podría ser el fenómeno de la “pos-verdad”; entendiendo por tal, el proceso en el cual, aunque la verdad no exista, se genera un determinado consenso –direccionado por centros de poder-, para establecer o imponer ideas que pasan como si fueran verdaderas.

El proceso de la “pos-verdad[xiii]”, tiene por objetivo construir formatos de pensamiento, sin importan tanto la información sino que lo que importa es la estructura de cómo se piensa la realidad.

En síntesis, “pos-verdad”, significa distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.[xiv]

Y esto es lo que ocurre con esa supuesta “Infectadura”, la que se presenta cuanto menos fuertemente cuestionada, pretendiendo generar una situación impactante de confusión y temor; escenario que tampoco parece haber sido evaluado adecuadamente por los/as investigadores/as.

Luego, la simple opinión, deficitariamente fundada de un/a investigador/a científico/a para nada implica una “investigación científica”. La sola opinión basada en sentimientos, sensaciones o impresiones sin una valuación analítica y respetuosa del método científico, sólo podrá ser considerada y respetada como una opinión común más.

Lo más nocivo, de esta trampa científica que pretende crear sentido[xv] para la comprensión de la realidad social, tal vez sea la falsedad que emana de esta siempre pretendida neutralidad valorativa que suele impregnar todo el texto, hasta volverlo algo francamente alejado de la verdad.

«Mientras la autoridad inspira un temor respetuoso, la confusión y lo absurdo potencian las tendencias conservadoras de la sociedad. En primer lugar, porque el pensamiento claro y lógico comporta un incremento de los conocimientos (la evolución de las ciencias naturales constituye el mejor ejemplo) y tarde o temprano, el avance del saber acaba minando el orden tradicional. La confusión de ideas, en cambio, no lleva a ninguna parte y se puede mantener indefinidamente sin causar el menor impacto en el mundo»[xvi].

Mi amiga Fernanda, aporta: “Hay quienes trabajan sistemáticamente para confundirnos”.

En cuanto a la supuesta neutralidad del/a investigador/a científico/a, recuerdo qué » desde los sofistas, desde Sócrates, desde Platón, el intelectual hace política con su discurso […] Considero mi deber político invitar a mis lectores a que adopten frente a los discursos cotidianos una sospecha permanente, de la que ciertamente los semióticos profesionales sabrían hablar muy bien, pero que no requiere competencia científica para ejercerse.»[xvii]

No obstante, ya que todxs conocemos como se comportan los medios de comunicación, y seguramente existan personas más calificadas para referirse al tema, dedicaré un par de breves párrafos a ello.

La convicción de trabajar con información fue deslazada de a poco por la prensa con lógica empresarial, que tiene como finalidad la maximización de las ganancias transformando la noticia en mercancía informativa. Para que funcione, se basa en proclamar la objetividad, utilizar el sensacionalismo y presentar la independencia de posiciones partidarias. Parecen requisitos necesarios en la defensa de intereses económicos, en general de grupos concentrados, que usan la comunicación para legitimar su poder en la sociedad[xviii].

Por cierto, no es un fenómeno nuevo: antes del desembarco de fuerzas estadounidenses en Cuba durante la guerra con España de 1898, el magnate de la prensa William Hearst envió a La Habana a un periodista, quien le telegrafió «no ocurre nada, todo está en calma, no habrá guerra, quisiera regresar». Hearst le respondió: «Quédese, provéanos de ilustraciones, nosotros le suministraremos la guerra».[xix]

En este contexto, es útil recordar la metodología sugerida por Harold D. Lasswell[xx], quien a mediados del siglo pasado recomendaba analizar la función política real de los medios de comunicación con tres preguntas que contestar: «quien dice que, a quien y con qué efecto»[xxi].

En este punto, cambio la perspectiva y me detengo en algunas reacciones.

Como todo sistema de poder que atiende prioritariamente a su conservación, quienes simpatizamos con el gobierno de Alberto Fernandez, rápidamente salimos a intentar reducir el conflicto que inevitablemente genera la insatisfacción diseminada en parte de la sociedad, en relación a la cuarentena obligada por la pandemia, y a obturar el disenso cuando éste adquiere determinadas características críticas, que se presentan como acciones que procuran la inestabilidad política del gobierno.

Ahora me pregunto, ¿esto habilita a hacerlo de cualquier modo? ¿Es válido utilizar los mismos métodos y formas de la oposición hipócrita e irracional?

Los medios se refirieron a “un grupo de intelectuales dio a conocer una carta en apoyo a las medidas de aislamiento”[xxii] y rápidamente me surgió un interrogante -confieso que me corrió un miedo escalofriante-, ¿se trataría de aquellos/as que en 2015 se sentían desgarrados de votar a Scioli[xxiii], desalentando de algún modo el crecimiento electoral del candidato, todo lo cual –ya sabemos- derivo en el macrista gobierno nefasto de Cambiemos?[xxiv]

Una digresión en este punto. Lo que aún me sigue haciendo ruido, es el tema de la oportunidad. No les niego a los/as desgarrados/as la posibilidad que sientan angustia frente a un acto electoral si el candidato no los conforma totalmente, pero me pregunto ¿era el momento y el contexto adecuado? Considero que bien podrían haber esperado el resultado electoral. Si Scioli perdía –como finalmente ocurrió- hubieran podido optar entre expresar el desgarro por haberlo votado o expresar el desgarro por el triunfo de Macri; y tal vez se hubieran ahorrado un paso un tanto antipático. Ahora, si Scioli se imponía en las elecciones y aumentaba su poder, ¿se hubieran expresado de igual modo, desgarrados de haberlo votado?

Vuelvo. Las crónicas relatan que estos/as intelectuales-investigadores/as, remarcaron la importancia de tener “responsabilidad política, civil y periodística”, lo que constituye un enunciado demoledor de aquella “Infectadura” irresponsable por donde se la mire.

Estos/as intelectuales, con quienes adherimos absolutamente, con racionalidad, sentido común y responsabilidad, derriban cada ladrillo de esa construcción vacía de contenido científico y carente de toda racionalidad.

Lo que más destaco de la réplica “Un esfuerzo adicional para salvar vidas”[xxv], es el compromiso con la verdad y el/la otro/a.

Las ciencias sociales, aún cuando se lancen a la búsqueda de la objetividad racionalmente determinada, no pueden desprenderse de una impronta que proviene de la cosmovisión a la que se halle adscripto el analista. Una cosmovisión supone un sistema de valores e ideas acerca del bien y el mal, una ética insusceptible de reducción positiva.

Opina Fernanda, la producción científica no es neutral, esto de hacer ciencia objetiva no existe, a pesar de que bajo ciertas técnicas y métodos se intente objetivar los resultados, conclusiones, interpretaciones. Siempre el conocimiento científico está mediado, condicionado por múltiples factores. Lxs investigadorxs, de las disciplinas que sean, deben posicionarse frente a muchas cosas: su objeto de estudio, como lo definen y conceptualizan, los métodos que elegirán para trabajar, como formulan sus objetivos y preguntas de investigación, qué marco teórico usan, que conceptos, a quien citan, ver quien les financia, que hacen con esos resultados, hasta donde publicar o aplicar esos «descubrimientos». Luego, lxs investigadorxs deben dar cuenta de esos condicionamientos en sus trabajos y publicaciones.

Ver nuevamente, el debate[xxvi] entre los politólogos Luis Tonelli[xxvii] y Marcelo Leiras[xxviii], es revelador y altamente recomendable.

Tonelli, intenta una defensa respetable de la “Infectadura”, pero derrapa –en mi opinión- cuando señala que la carta “está plagada de recursos estilistas” para causar impacto. Precisamente la negación de la investigación científica.

En el otro rincón, Leiras, aportando calma, racionalidad y –fundamentalmente- información y verdad.

En política, el uso del lenguaje no es inocente. El decir en política tiene un enorme valor retórico y simbólico. El decir político habla de procesos de poder, la relación de Estado y sociedad, las formas de gobierno, las ideologías, el discurso de los partidos y movimientos de ideas, la representación de mayorías y minorías en el poder, el manejo de los conflictos sociales y las negociaciones entre grupos de interés.[xxix]

El discurso, también se utiliza en política para enmascarar las intenciones. Se trata de una retórica calculada. El discurso, es la expresión de un pensar, pero también un elemento de la estrategia del poder; el momento del actuar maquiavélico y cristalizar las segundas intenciones. Es la dualidad de la expresión política.[xxx]

Fernanda, asiente y agrega: “en la ciencia, también lo que se dice u omite dice mucho. Justamente, estas ideas del lenguaje y discurso valen perfectamente también para el mundillo científico”.

Entonces, ¿qué intenciones o segundas intenciones se enmascaran en el maquiavélico uso del término “Infectadura”? Dejo la respuesta librada a la imaginación del/a lector/a.

Por último, me interesa subrayar dos cuestiones.

En un aspecto, puede entenderse -en relación al Gobierno-, que lo más importante de la carta “Infectadura”, fue su publicidad y difusión; en tanto ello que permite disipar –de modo absoluto y categórico- las características de toda dictadura, como lo son la imposibilidad de expresar ideas contrarias al gobierno, la falta de libertad de prensa, el impedimento de peticionar a las autoridades y fundamentalmente la imposibilidad de hacer política.

En síntesis, la carta “Infectadura”, – muy a pesar de sus firmantes- no hace más que reafirmar la plena vigencia del Estado de Derecho, por cuanto, los hechos denotan la inexistencia de controles o censura a los medios de comunicación, la libertad de expresión y el ahora presente respeto de las libertades y garantías individuales.

El otro aspecto, es la insoslayable falsedad que contiene la carta “Infectadura”, y que es contundentemente expuesta por Leiras al abordar los significados referidos a Leopoldo Lugones, la doctrina de la seguridad nacional, dictadura y la democracia en peligro.

Destaco la falsedad, pues una cosa es la verdad relativa que cada quien tiene derecho a esgrimir en el marco de un debate; y otra cosa muy distinta es apartarse de la verdad relativa para anclar los argumentos en hechos, datos o circunstancias falsas. La “honestidad intelectual”, -más aún si se trata de investigadores/as científicos/as- es esencial.

Admitir que las eventuales verdades relativas, sean reemplazadas por mentiras alimentadas en segundas intenciones que son ocultadas, transforma al/la investigador/a científico/a en un fraude.

Claro que fraude no es algo nuevo en el mundo científico[xxxi].

Un caso muy llamativo fue el protagonizado por el físico Alan Sokal[xxxii] en 1996, quien hizo un experimento enviando un artículo fraudulento a la revista académica Social Text, especializada en el campo de las humanidades. Su objetivo era denunciar el alto número de artículos fraudulentos publicados en revistas especializadas.[xxxiii]

El artículo mantenía una tesis disparatada envuelta en numerosas palabras sin sentido, aunque con apariencia de ser expresiones correctas. La tesis que sostenía era que la gravedad cuántica era una construcción social. Lo cual significa que la gravedad, como fenómeno físico, solo existe porque la sociedad la ha inventado. En otras palabras, la gravedad no afectaría a los objetos si la sociedad no creyese en ella.

Algunos/as investigadores/as científicos/as del CONICET, utilizaron la mentira para su carta, olvidándose de la importancia de su verdad relativa, y mutaron en farsantes impostores/as intelectuales, prestándose a ser protagonista de una triste y burda operación de manipulación de la opinión pública, funcional a espantosa derecha anti cuarentena.

Lamentablemente, después de esto, ser “investigador/a del CONICET” ya no es tan prestigioso, ni te da cartel de científico/a.

Creo que esta frase final va a movilizar a algunos y algunas.

[i]https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSc0vddQftM4IpuPlPg6EGPKce_RX5Bx5uE2nvtxSNWgyXkIw/viewform
[ii] Tal vez, ya es hora que estos investigadores y científicos, dediquen parte de su tiempo en investigar sobre el rol de la mujer en el marco del conocimiento científico o del Conicet. Bien podrían iniciarse con la lectura de los estudios desarrollados por la Investigadora Inés Pérez, que “nos habla acerca de la perspectiva de género en el mundo científico”. Ver https://www.conicet.gov.ar/ser-mujeres-en-la-ciencia/ o https://enys.conicet.gov.ar/cientificas-en-el-dia-de-la-mujer-entre-los-logros-alcanzados-y-el-techo-de-cristal/
[iii] http://falaciaslogicas.com/apelacion-a-la-autoridad/
[iv] http://falaciaslogicas.com/apelacion-a-la-autoridad/
[v] http://www.filosofia.net/materiales/sofiafilia/hf/soff_em_4.html
[vi] http://www.filosofia.net/materiales/sofiafilia/hf/soff_em_4.html
[vii] https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Popper
[viii]  Popper, Karl. La lógica de las ciencias sociales, Grijalbo, México, 1978, Tesis N°6, pp. 11-12
También puede verse: Popper, Karl. La lógica de la investigación científica, op. cit. p. 41
[ix] https://es.wikipedia.org/wiki/Imre_Lakatos
[x]  Lakatos, Imre. La metodología de los programas de investigación científica, Alianza, Madrid, 1993
[xi]  Georges Chapouthier, La profesión de investigador: itinerario de un biólogo conductual, Los cuadernos racionalistas.  1991, n° 461, págs. 3-9.
[xii] Oxford Dictionaries (en inglés). «Un método de procedimiento que ha caracterizado a las ciencias naturales desde el siglo XVII, que consiste en la observación sistemática, la medición y el experimento, y la formulación, prueba y modificación de hipótesis».
[xiv] https://dle.rae.es/posverdad
[xv] «He tratado de poner en práctica lo que Barthes llamaba el olfato semiológico, esa capacidad que todos deberíamos tener de captar un sentido allí donde estaríamos tentados de ver solo hechos, de identificar unos mensajes allí donde sería más cómodo reconocer solo cosas». UMBERTO ECO «Las verdades que mienten».
[xvi] STANISLAV ANDRESKI, Social Sciencies as Sorcery. 1972, pág. 90
[xvii] Eco Umberto. «La estrategia de la ilusión». Editorial Debolsillo. Colección Filosofía.2012.
[xviii] Eric Calcagno – Alfredo Eric Calcagno. «El resurgimiento argentino». Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Ciencias Sociales, UNLZ. 2011.
[xix] Historia relatada por Eric Calcagno – Alfredo Eric Calcagno en «El resurgimiento argentino». Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Ciencias Sociales, UNLZ. 2011.
[xx] https://es.wikipedia.org/wiki/Harold_Lasswell
[xxi] Se puede ver  Fernández Martínez, Pilar y otros. Los niños y el negocio de la televisión: Programación, consumo y lenguaje, p. 16. Comunicación Social, 2011
[xxii] https://www.pagina12.com.ar/269447-respuesta-a-la-infectadura-cientificos-e-intelectuales-en-ap
[xxiii] https://www.lanacion.com.ar/politica/horacio-gonzalez-en-carta-abierta-vamos-a-votar-a-scioli-pero-desgarrados-nid1838691
[xxiv] Lo que aún me sigue haciendo ruido, es el tema de la oportunidad. No les niego la posibilidad que sientan angustia frente a un acto electoral si el candidato no los conforma totalmente, pero me pregunto era el momento y el contexto adecuado? Bien podrían haber esperado el resultado electoral, si Scioli perdía –como finalmente ocurrió- sentirían mayor desgarro por el triunfo de Macri y se hubieran ahorrado un paso en falso, y si hubiera ganado, se hubieran expresado de igual modo?
[xxv]https://www.ambito.com/politica/coronavirus/contrainfectadura-la-carta-intelectuales-y-cientificos-favor-la-cuarentena-n5106658
[xxvi] https://www.youtube.com/watch?v=KTjdtvH_fuI
[xxvii] Luis Tonelli es director de la Carrera de Ciencia Política de la UBA. Estudió Ciencia Política en la Universidad del Salvador y en la Universidad de Oxford. Desde 1985 dicta cursos en universidades nacionales y del exterior. Desde 2011, ha sido elegido tres veces director de la carrera que dirige actualmente en la UBA donde es, además, profesor titular de Política Comparada. Ha sido director de la Cátedra de Estudios Argentinos de la Universidad de Salamanca, becario Chevening para Altos Estudios en UK y becario del Departamento de Estado, EE. UU. Ha sido director general de Planificación Estratégica del Ministerio de Economía y editor de Política de la revista Debate
[xxviii] Marcelo Leiras es profesor tiempo completo y Director del Departamento de Ciencias Sociales y de la Maestría en Administración y Políticas Públicas. También es investigador independiente del Conicet. Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (1993) y PhD. en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Notre Dame (2006), en 2009 se desempeñó como investigador post-doctoral en el Programa sobre Democracia de la Universidad de Yale. Ha analizado la evolución de la organización interna de los partidos políticos, los determinantes de la nacionalización de los sistemas de partidos y la eficacia política de las organizaciones de la sociedad civil. Es autor del libro Todos los caballos del rey: la integración de los partidos y el gobierno democrático de la Argentina, 1995-2003 y coeditor del volumen Daniel Brinks, Marcelo Leiras y Scott Mainwaring. 2014. Reflections on uneven democracies: the legacy of Guillermo O’Donnell. Baltimore: Johns Hopkins University Press. Su publicación más reciente es el artículo Leiras, Marcelo, Guadalupe Tuñón y Agustina Giraudy. 2015. «Who wants an independent court? Political competition and Supreme Court autonomy in the Argentine provinces» (1984-2008). Journal of Politics 77(1). Se ha desempeñado como asesor para organismos nacionales e internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Unicef, la OIT, la Fundación Ford y la Embajada Británica en Buenos Aires.
[xxix] Etkin, Jorge. “Metáfora y doble discurso político – Los juegos del lenguaje en las prácticas del poder”. Editorial Eudeba. Bs.As. 1999. Pág. 31.
[xxx] Etkin, Jorge. Ibídem.
Sobre la “pos-verdad” en la ciencia. recomiendo el muy buen libro  de Guadalupe Nogués. “Pensar con otros”. tiene un libro muy bueno sobre la posverdad en la ciencia. https://elgatoylacaja.com/pensar-con-otros/capitulo-1/
[xxxii] https://es.wikipedia.org/wiki/Alan_Sokal
[xxxiii] Sokal, Alan. Bricmont, Jean. “Imposturas Intelectuales”. Editorial Paidós. España. 1999.