Expectantes en el ring

Por Julio De Vido (h)

Uno de los principales objetivos de la economía, particularmente de los economistas que tienen a cargo las decisiones políticas, es el manejo de las expectativas racionales de todos los agentes que la conforman.

Al margen de la teoría detrás de esta proposición (propuesta por Muth y desarrollada por Lucas) la cotidianeidad la avala y la institucionalidad también, en los días previos a la cuarentena observamos cómo, entre otras cosas, se vaciaban las góndolas de papel higiénico en los supermercados y otros productos básicos ante la sospecha infundada de que podrían cerrar los supermercados y se les prohibiría salir de la casa a cada uno de ustedes.

Por el lado institucional mensualmente el Banco Central releva las “Expectativas del Mercado” a través de 55 participantes que teóricamente representan mediante su cartera de clientes a distintos actores de la economía. Es decir, el Banco Central blanquea la importancia de las expectativas para tenerlas en cuenta a la hora de tomar decisiones de, en su caso, política monetaria y cambiaria.

Que la Argentina tiene una economía dolarizada no es ninguna novedad, lo que varía dependientemente de la cotización del dólar (de libre acceso, hoy por hoy el blue) es la decisión de inversión de los capitalistas que tarde o temprano tendrá su impacto en los índices productivos de la macroeconomía de un país.

Llevando este breve análisis al terreno que me concierne en esta sección y omitiendo la toma del sector agropecuario como el héroe o el villano sino como un agente productivo más, propongo entrar en la psiquis de un productor de granos que se encuentra en la fase final, de la planificación de lo que se denomina la campaña gruesa 20/21, es decir, la siembra de soja o maíz. Sin menospreciar al resto de los cultivos y economías regionales se trata de los complejos de mayor importancia en términos absolutos de producción, comercialización e inversión.

El productor tiene un factor exógeno primordial a considerar que es el precio internacional del commoditie y dos factores endógenos, la cotización del dólar y la alícuota de retenciones, ninguno de los tres están a su alcance modificarlos, el productor solo puede decidir sobre la superficie sembrada de cada cultivo y el paquete tecnológico (semilla, herbicidas, fertilizantes, etc.) que aplicará a cada uno de ellos.

La lógica indicaría que cualquier productor en el mundo apuntaría a aplicar el paquete tecnológico que mayor impacto tenga en el aumento de sus rendimientos, siendo su ingreso bruto precio por rendimiento, tratándose estas de decisiones que puede tomar el productor y no fortuitas como fenómenos climáticos. Sin embargo la incertidumbre cambiaria  y las continuas expectativas de devaluación frente a una brecha del “dólar soja” (aproximadamente $51) y del dólar maíz (aproximadamente $67) con el dólar blue del 155% en el primer caso y del 95% en el segundo derivan en que las decisiones de inversión tiendan a que el capitalista maximice el retorno por dólar invertido que no estrictamente se trata de hacer una mayor inversión para tener un mayor rendimiento sino de disminuir los costos al punto de solo garantizar las tareas de labranza, protección mínima del cultivo y cosecha.

El perjuicio que esto genera es importante, no particularmente para las arcas del productor sino para el conjunto de la cadena y la economía, menor inversión y menor rendimiento son sinónimos de menos viajes en camión, menos gastos en ruta y en el interior, menor recaudación fiscal y en definitiva menor efecto multiplicador de la actividad en cuestión.

La falta de certidumbre en el marco de fuerte rumores de mayores restricciones al cepo cambiario alteran las decisiones de los agentes productivos que aportan tanto capital como mano de obra, en los primeros ya que, por mal que pese, por la tendencia a garantizar su rentabilidad en moneda dura y en los segundos no particularmente por la necesidad de atesoramiento (o ahorro) sino por el conocimiento popular del impacto en la vida cotidiana de cada uno de los argentinos que tiene una apreciación de la moneda estadounidense.

La pelea en el ring siempre será despareja en tanto y en cuanto no se planteen políticas de mediano y largo plazo para actuar frente a la dolarización de la economía a través de herramientas novedosas y no recurrentes de otra manera continuaremos expectantes en el ring intentando esquivar la piña de K.O.