Estar estando

Por Liliana Etlis.

Una de las formas en que la cultura se internaliza en nuestra subjetividad, es a través del consumo, difundiendo su expresión  a través de museos, salas de concierto, discursos sobre la universalidad y eternidad artística, cuadros, libros, espectáculo, irán conformando un mundo de representaciones relacionadas a lo que es la belleza, muy influenciada por el arte griego, rescatada por la burguesía a través del arte renacentista y exterior a nuestro sentipensar latinoamericano relacionadas al compromiso social.

Incapaz de crear un nuevo arte por fuera del consumo, dichas características también involucran un contexto que visibilizan organizaciones e instituciones internacionales, en estrecho vínculo con el proceso de globalización. Un mundo con una mayor interdependencia económica, comercial, social, cultural y tecnológica que estimula distintos contextos históricos asociadas a la creación y proliferación de diversos mecanismos y dispositivos destinados a la generación de espacios de coordinación interestatal y un entramado normativo de complejidad en aumento que beneficia el consumo de las producciones culturales.

Es posible comprender una tensión dialéctica desde algunos conceptos del pensamiento kuscheano como el hedor y la pulcritud. Metáforas y figuras como la irracionalidad, pobreza, miedo, ira, invalidez, marginalidad, permiten a Kusch posicionar una dicotomía, un dilema de carácter ontológico-identitario.

Al respecto expresa que el hedor impregna lo irracional, la pobreza, el miedo, la ira, la invalidez y la marginalidad de lo americano. El hedor presenta lo popular y que deriva inevitablemente en lo indígena. La pulcritud participa de la tensión otorgando una contracara impugnable, un ideal que no se alcanza, una búsqueda externa, foránea. La pulcritud funciona como la metáfora de un ser racional, civilizado, mercantil; un ser que domina su voluntad y transforma su mundo eurocentrismo mediante.

Sin embargo, hedor y pulcritud son parte de un entrelazado algo más complejo. Aquí se posiciona el problema central, la relación entre el ser y el estar en tanto que es tal vez, condición de posibilidad para la comprensión del pensamiento de la Patria Grande.

Es el miedo que está antes de la pulcritud y el hedor, un miedo a perder las cosas que tenemos, como las que se consumen en lugares urbanos.

Dos fenómenos a tener en cuentas continuando con la propuesta kucheana, la aculturación que se produce sólo en un plano material como la arquitectura o la vestimenta y la producción de lo inverso, la fagocitación de lo blanco por el indígena. Seguramente hubo una simultaneidad en estos dos procesos de aculturación /fagocitación que Kuch ilumina en sus producciones literarias.

La fagocitación se da en un terreno de imponderables, en aquél margen de inferioridad de todo lo nuestro respecto de lo europeo, ahí donde adquirimos nuestra personalidad de la Patria Grande.

Dos lugares: en uno la libre competencia entre individuos contando para ello un mercado de mercancías y por el otro lado persiste una antigua economía basada en la distribución de los alimentos dentro de la comunidad. En otras palabras, desamparo y amparo en la comunidad.

Importación de modas y objetos imitando culturas mientras que estas culturas ancestrales mantienen el antiguo ritmo de la especie sean inmigrantes latinoamericanos con inmigrantes italianos, españoles, rusos y otrxs entran en tensión permanente.

Las disputas que se observan en el plano de estos conflictos, dilemas, desafíos y perspectivas en épocas de Pandemia, reordenará un nuevo mapa del estar en el mundo con un carácter tal vez pluriversal donde todas las expresiones culturales, políticas, económicas, religiosas, sociales y otras, se visibilicen en un encuentro de nuevos tiempos por el buen vivir, estando.