Encuentro entre huesos y estrellas en tiempos distantes      

Por Liliana Etlis.

Nadando en el viento encontró piedras color hueso o huesos color piedra, está confundida, ella busca a su hijo en el desierto chileno. Atacama. Sabe que las estrellas y esas estructuras corpóreas tienen la misma composición química, lo había escuchado en boca de un arqueólogo.

Continúa buscándolo entre la arena, observa atentamente el mar de areniscas ausentes de voz con semillas que llaman a familiares desesperados por abrazar restos.

 La mirada transitaba entre la sequedad de un lugar desolado y el sufrimiento retenido al observar la altura de las estrellas, cuando su organismo reclamaba diferente movimiento.

 Otra forma de comunicarse con la búsqueda durante décadas. Cuerpos desaparecidos. Se asemejaba a la estructura del desierto y parte del cielo, viviendo la incertidumbre y la angustia.

Algún hueso color hueso, color vida, color historia, buscaba aquella mujer con caderas cansadas y ancho vientre de tantos partos y tanta exploración, sea por los aires o la seca tierra esperando el milagro del encuentro.

La crueldad toma formas en el pliegue de la memoria, impregnada de surcos con imágenes que vienen del propio tiempo; espejos fragmentados de otros momentos muestran un mundo incómodo y desordenado que cruje ante lo sagrado y alabanzas perdidas. 

Observa detenidamente su cuerpo y lo desnuda, acomoda su vientre en un pequeño rastro, le confirman que es su ADN y abraza el polvo óseo, besa el puñado y con la lengua prueba su sabor, llora hasta envolver con sus lágrimas el hueco de su mano anidándolo nuevamente.  

Al igual que las estrellas, con el mismo desorden desparramadas en la oscuridad, misma sustancia, algunas desaparecieron. 

Hoy una brilla y es simiente.

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