En tiempos de crisis, el intervencionismo estatal vuelve a tomar un rol determinante en Estados Unidos

Por Ezequiel Roman Donda y Ezequiel Vega- Analistas de política y comercio internacional.

A 100 días de asumir como presidente, Joe Biden cuenta con una aceptación e imagen relativamente alta, que se traduce en un 53% de estadounidenses que aprueban el trabajo realizado del mandatario demócrata. El jefe de estado norteamericano se encuentra frente a un país polarizado y dividido fruto de los 4 años de la administración Trump, pero optimista en el corto y mediano plazo –quizá la clave del éxito de ese país-, y es consciente en el tiempo y momento histórico que le toca gobernar, donde elegio sostenerse en los sectores más representativos de la sociedad americana: las clases medias y las clases bajas; es decir la columna vertebral de su gestión debe recostarse sobre aproximadamente 40 millones de personas, en los cuales sus niveles de vida se vieron deteriorados por la pandemia. 

Por esta razón, desde nuestra opinión, Joe Biden elige un discurso “transgesor” y “progresista” donde el estado nacional es aquel que dará impulso a la economía, a la demanda y al consumo. Nada nuevo y ni mágico. La lectura de Biden y su gabinete es sumamente acertada en materia “discursiva”: si no existe contención social y el estado no asume un rol protagónico, la situación se agravaría disparando manifestaciones en las principales ciudades del pais, radicalizándose los extremos, tanto de izquierda como de derecha, lo que ha sucedido a lo largo de la historia moderna  cuando el capitalismo entra crisis

A su vez, vale aclarar que el sector privado por si solo en este contexto no garantiza la estabilidad del mandatario por cuatro años más, ni evitar huelgas o paros  generales; entonces Biden elige estar tres pasos adelante y evitar una escalada de desazón, por ejemplo, exigiendo a los miembros de la cámara alta y baja a aprobar la ley de fomento y creación de nuevos sindicatos. Una excelente jugada y movida      política. 

Para poner su propio sello y distanciar del ex presidente Trump, en su discurso del 28 de abril  definió los cuatro ejes de su mandato presidencial para los próximos 24 meses, donde sus programas y prioridades son las siguientes. El discurso giro en torno a cuatro ejes: The American Family Plan, American Jobs, Migraciones y las relaciones con China. En cada uno de ellos se destaca lo siguiente:

  1. The American Family Plan- “Plan de Familia”

Este plan enfrentaría un costo de US$1,8 billones y se basa en: 

  • Ayuda a las familias 
  • Ayuda a las familias para pagar el cuidado infantil (que incluye el preescolar gratuito para personas de bajos ingresos)
  • La gratuidad de los colegios comunitarios en sus primeros dos años
  • La mejorar en el sistema de becas para estudiantes de bajos ingresos.
  • Proporcionar licencia familiar y médica pagada
  • La extensión hasta el año 2025 de un crédito tributario por hijos -ampliado durante la pandemia y que los demócratas esperan mantener como un programa gubernamental permanente-.

Biden enfatizó que el crédito fiscal “ayudaría a más de 65 millones de niños y ayudaría a reducir la pobreza infantil a la mitad este año”.     

2- American Jobs “Plan de Empleo Estadounidense”    

  • Tiene como objetivo incentivar el empleo, aumentando no solo la producción industrial en Estados Unidos, sino hacerlo de una forma sostenible.
  • Lograr que los ingenieros y empleados de la construcción trabajen en obras “más eficientes” desde el punto de vista energético.
  • Pidió un aumento del salario mínimo a US$15, y intentar lograr que estadounidenses compren productos locales y que las empresas locales que produzcan bienes lo hagan en EE.UU.

“No hay razón para que las aspas de las turbinas eólicas no se puedan construir en Pittsburgh en lugar de Pekín”, dijo Biden

Inversión en infraestructuras lo que “creará millones de empleos bien remunerados, empleos con los que los estadounidenses pueden cuidar a sus familias” en palabras del mismo Biden.

  • El plan de infraestructura busca entre otras cosas mejorar aeropuertos y carreteras hasta inversión en escuelas, calidad del agua o acceso a internet.

Para conseguir la financiación de este plan y el de las familias, Biden aspira, entre otros, a elevar la tasa de impuestos corporativos (que los republicanos han recortado en los últimos años) y obligar a los que ganen más de US$400.000 al año y a las multinacionales a pagar significativamente más en impuestos. 

3-  Migraciones

  • invertir en las naciones centroamericanas para que las personas no sientan la necesidad de emigrar. 
  • Destacó en ese sentido la labor de la vicepresidenta Harris, a quien designó para dialogar con los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador.
  • pidió a los congresistas aprobar legislación para permitir que los trabajadores agrícolas obtengan un estatus legal, igual que aquellos que se encuentran en el país bajo un estatus de protección temporal.

4- Crítica a China, pero sin negar el peso del gigante asiático 

Biden en contradicción a su predecesor donde parecía más fácil negar a hacerse cargo de la realidad y de ahí enfrentar los problemas, subestimaba a china. Biden reconoce que el país asiático es un “importante desafío estratégico”. Entiende que “China y otros países se están acercando a nosotros rápidamente. Tenemos que desarrollar y dominar los productos y tecnologías del futuro”. Entendiendo este nuevo orden multipolar abogo por mantener una fuerte presencia militar estadounidense en el Pacífico e impulsar el desarrollo tecnológico y el comercio

A su vez insistió que EE.UU  no “resistirá las prácticas comerciales injustas” y tomará medidas para evitar “el robo de tecnología y propiedad intelectual estadounidenses”, en este punto y denuncia no se diferencia del ex mandatario republicano. 

Para concluir, observamos que en tan solo dos meses se ve un presidente sumamente activo; por ejemplo, entre otras de las  medidas se puede señalar  el anuncio de la retirada de las tropas de Afganistán la que considero como “la guerra estadounidense más larga de la historia”; la organización de la cumbre de líderes sobre clima; y la elegibilidad de la vacuna abierta para todos los estadounidenses mayores de 16 años.

En una especia de “Gran Sociedad”, como se conoció el plan lanzado por el presidente Lyndon B. Johnson entre los años 1964 y 1965 también con el objetivo de la eliminación de la pobreza y la segregación racial, tema latente en aquellos años 60’ y que pareciera haber tenido su revival en estos últimos años de la administración de Trump. La Gran Sociedad era la continuación del plan de John F. Kennedy –la Nueva Frontera- quien no pudo terminarlo ya que se produjo su asesinato en 1963. También se puede asimilar estos planes con el New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt, planes ESTATALES de enormes presupuestos que aparecen para rescatar al país cuando este se encuentra en situaciones delicadas, y cuando esos problemas que durante las bonazas no se ven, pero salen a relucirse en tiempos de crisis.