Elecciones presidenciales en Chile: avanzando hacia las sombras

Por Rodrigo Muñoz Baeza.

Mientras en Chile estamos en plena celebración de los 211 años de vida independiente como República, subterráneamente los comandos de las candidaturas presidenciales comienzan a preparar el inicio de las campañas como los primeros debates televisivos.

Esto porque, luego de las revisiones y filtros de los tribunales electorales en agosto, obtuvieron su ticket para la cita del 21 de noviembre el total de siete candidaturas.

¿Quiénes serán los competidores por el sillón de La Moneda? En primer lugar, ya tenían garantizada su invitación los dos grandes triunfadores de las primarias legales: el joven diputado Gabriel Boric -por el Frente Amplio- y ex ministro Sebastián Sichel, carta de renovación del piñerismo. Los acompañará la senadora Yasna Provoste, ganadora en la consulta abierta realizada por los partidos de centroizquierda. 

Se sumarán el pinochetista José Antonio Kast, el insistente Marco Enríquez Ominami, el comunista de viejo cuño Eduardo Artés y la sorpresa outsider Franco Parisi.

Ahora, quizá por el factor de que será la cuarta vez en el año que estamos llamados a concurrir a las urnas, como por el inicio de los debates de la asamblea constituyente -que mantendrán a la política institucional en vilo hasta junio del próximo año-, pero no hay un ánimo electoral encendido alrededor de la elección presidencial, menos aún para legislativas (Cámara de Diputados se renueva complemente y la mitad del Senado) y regionales (Consejos Regionales).

De eso dan cuenta las principales encuestadoras chilenas, destacando la evaluación del Centro de Estudios Públicos, donde sorprende el amplio porcentaje de personas que no tienen claro quién es su candidato favorito, con más de un 50% de indecisos.

Si comparamos la misma encuesta con el periodo julio-agosto de 2017, en ella Sebastián Piñera punteaba con un 31% de las preferencias, seguido por Alejandro Guillier con 14% y Beatriz Sánchez con 10%, sumando 55%. Este año la carrera tiene al ex líder del movimiento estudiantil, Gabriel Boric, con un 13%, quien se codea en la cima con el camaleónico liberal Sebastián Sichel, con un 11%. Luego aparece la democratacristiana Yasna Provoste con un 6%, consignando entre todos 30%.

Debido a ello, no es difícil percibir que se ha disuelto abruptamente la solidez de los liderazgos y la estabilidad de las coaliciones, ambos elementos cruzados tanto por el estallido social de 2019 como la pandemia posterior. Esto hace temer por una votación con baja participación, resurgiendo una vez más el problema estructural de la democracia chilena, el abstencionismo, constituyendo al plebiscito un mero espejismo.

Lo anterior puede significar que tendremos un escenario totalmente abierto, donde la volatibilidad se tome el debate y tengamos resultados inéditos desde el fin de la dictadura, como que la derecha quede fuera de la segunda vuelta. Ya ocurrieron sorpresas en la primaria legal, donde el alcalde comunista Daniel Jadue y el ex edil UDI Joaquín Lavín -los candidatos indicados ampliamente como favoritos- perdieron sus momentums en la semana previa a la votación.

Lo paradójico es que estamos ante nuevos actores, con perfiles políticos claramente marcados, pero que al parecer no están convocando con la fuerza que se esperaría.

A esto abona que no es menor la percepción de que el siguiente gobierno no será relevante. La Convención Constitucional tiene la posibilidad de convocar a nuevas elecciones si modifica sustancialmente las instituciones, estando sobre la mesa seriamente un cambio al Ejecutivo -pasando del hiperpresidencialismo a un semi-presidencialismo francés- como al Legislativo -pasando de un sistema bicameral a uno unicameral-. 

Además, esta la sensación de necesitarse más un gobierno que adapte los cambios de la nueva Constitución, antes de uno que sea excesivamente creativo en un camino propio.

Y aunque las aspiraciones de cambio en la sociedad chilena están más fuertes que nunca, no es en el terreno de las propuestas y programas de gobierno donde se jugará. Si bien en las políticas públicas no hay acuerdo, si es compartido transversalmente que los problemas del nuevo período serán la reforma tributaria para financiar los cambios en las pensiones y a la salud, conviviendo con una deuda en el Estado que se elevó a niveles peligrosos y sin ahorros a los que recurrir.

Por ello, los elementos diferenciadores van más por la identificación con historias de vida de las candidaturas, el saber interpretar correctamente los humores sociales y explotar vetas emocionales. Ya lo ha hecho presente Boric con su árbol magallánico, Sichel con recalcar su infancia y tatuajes, Provoste con su regreso a la política luego de la injusta destitución sufrida en 2008 y MEO comparándose con Lula por su reciente absolución en juicios por corrupción.

De esa manera, tenemos una competencia atravesada por una serie de factores que la hacen impredecible. Lo peor es que los resultados de las mega-elecciones de mayo fueron tan disimiles a nivel municipal, regional y constituyente, que sirven para reforzar toda clase de posiciones, sin generar reflexiones o autocriticas mayores en los partidos.

Visto así, esperemos que la copia feliz del Edén allende la cordillera mantenga la promesa de un futuro esplendor.

Santiago, 18 de septiembre de 2021.