“El silencio no es mi idioma”: Pandemia y ¡¿Endemia?!

Por Lucia Braggio.

Como si con la pandemia no tuviéramos ya suficiente, el Ministro de “Seguridad” de la Provincia de Buenos Aires vino a instalar otra amenaza: la enfermedad endémica de la inseguridad.

Es gravísimo, es peligroso que un Ministro de Seguridad denomine enfermedad a una problemática tan compleja, producto de la desigualdad social, que no es endémica sino histórica. Y eso es inseguridad: lo que dice y lo que genera. Que la compare con el dengue y construya un “mosquito” que hay que eliminar… y ya salió, nomás,  una ex funcionaria pública a hacer campaña de “prevención” convocando a la ciudadanía a tener un arma, como un espiral… ¿Cómo sería la consigna: #quedateenfierradoencasa? Me da terror imaginar otras medidas sanitarias…

Inseguridad es que ese Ministro de “Seguridad”, redoble la apuesta y diga que al jubilado que asesinó a la persona que intentaba robarle “le salió bien”, que “lo entiende”, que “a la justicia le importa más los derechos de los delincuentes que los de lxs ciudadanxs”, que “lxs jueces liberan presxs a cada rato”. Inseguridad es bastardear (cual manotazo de ahogado) un sistema judicial colapsado (cuya reforma, indudablemente, es otra de las deudas pendientes y necesarias), propagar mentiras, contagiar miedo y alentar el uso de la venganza por mano propia.

Inseguridad es que las fuerzas de seguridad tengan impunidad para reprimir, asesinar, abusar, torturar, desaparecer en los barrios, en las comisarías, en las cárceles; que las sigan largando masivamente y empoderadas a las calles. Inseguridad es el ascenso en la curva de los casos de gatillo fácil y violencia institucional; que esos delitos no ocupen la mayoría de los renglones y minutos de los medios de (des)información, y que gocen del desinterés social. Inseguridad es que estos crímenes no nos preocupen y que sigamos sin saber dónde está Facundo.   

Inseguridad es no tener trabajo o tenerlo en negro, perder la changa, esperar el bolsón, que te falte el agua para lavarte las manos y tener que salir a buscarla con un balde, que tu casa (si la tenés) no tenga los metros cuadrados necesarios para respetar la distancia social, tener hambre y hacer la fila con el taper para comer de la olla porque no tenés un mango, no tener conexión para hacer la tarea… Inseguridad es una vida de derechos vulnerados y que te nieguen la dignidad, que te falten oportunidades y te sobren las desventajas; que te juzguen por prejuicio y te condenen por condición de clase. La desigualdad es Inseguridad.

Sé que, a veces, soy reiterativa. Es que no se puede bajar la guardia. El domingo pasado escribí algo que (me) parecía ya sabido: “la educación en la cárcel” no cura porque las personas que están ahí no están enfermas. Evidentemente, hay que insistir en lo que parece obvio; recordar, repetir, explicar una y otra vez. De los problemas de salud se ocupa la infectadura que ya bastante tiene con la pandemia. De los problemas sociales… bueno, me da mucho miedo que quién se ocupe sea ese Ministro.  

Sería necesario, pero ahora no voy a perder tiempo explicando las connotaciones que tienen los modos de “nombrar” a las personas involucradas en los sucesos de la semana, ni desarmando titulares, ni desenmascarando las intenciones que esconden. Yo hubiera podido ser maestra de quienes intentaron robar. Y ya dije, en otra oportunidad, que defender los derechos que tenían, como todx ciudadanx, no significa defender o justificar el delito que hayan o hubieran cometido… pero las mataron. 

“El mundo atraviesa una amenaza. Y la Argentina también está en riesgo.”; “Es una lucha contra un enemigo invisible, para salvar vidas.”; “Si la sociedad fuera indiferente ante esta amenaza, (…) la mayoría de los argentinos se contagiaría”, le escribió Albortoa su pueblo el 20 de marzo de este año. Se refería al coronavirus. Pero aplica para el Odio. 

Durante la semana, hubo un aumento alarmante de casos de circulación comunitaria. A eso, hay que sumarle –en lo que va de esta cuarentena–  el disparo preocupante de casos en manos de las fuerzas represivas del Estado. Es necesario frenar la curva porque la velocidad de propagación inquieta. Los síntomas son evidentes. (Ojo con lxs “asintomáticxs” que es posible detectar en cacerolazos y manifestaciones a favor de “la vida” y “los derechos”, pero en contra del derecho de los cuerpos feminizados a decidir, pero a favor de la pena de muerte -disfrazada de otras consignas- para presxs y delincuentes… Chicxs, de onda, no les entiendo). No hay vacuna. Hay que estudiar “tratamientos” y sabemos que NO sirven aquellos que insistan en “mano dura” o “meter bala” para esxs otrxs que (pensamos que) no son nosotrxs.

“Responsabilidad, solidaridad y comunidad son las consignas” expresó (y pidió) finalmente el presidente de lxs argentinxs en su carta. Ojalá aún estemos a tiempo de estar a la altura.